Juan Villoro
Incendio de la Cineteca Nacional de México en 1982 (FOTO El Universal)

La última novela de Juan Villoro, que se titula La tierra de la gran promesa, como la superlativa traducción del filme del director polaco Andrzej Wajda, difícilmente engrosará el corpus de las narconovelas o las tantas ficciones sobre violencia, crimen e impunidad que se escriben y publican en México. Sin dejar de exponer una trama criminal, se trata, en apariencia, de una novela sobre el cine. Sus personajes centrales son directores, productores y sonidistas que piensan y hablan como cineastas.

La ficción aprovecha un hecho histórico, el incendio de la primera Cineteca Nacional, ubicada en los estudios Churubusco, en 1982, para dibujar el retrato de una generación de cineastas que se formó en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM. El incendio de la Cineteca tuvo lugar mientras se proyectaba La tierra de la gran promesa de Wajda, que se sugiere como metáfora de la frustración del llamado “milagro mexicano”, a partir de los años ochenta, y de la decadencia del cine nacional.

Se calcula que en aquel incendio se perdieron seis mil quinientas películas y dos mil trescientos guiones. Para un país de tanta tradición cinematográfica se trató de una catástrofe que la memoria cultural equipara con el terremoto de 1985. Las dos tragedias se entrelazan en una imagen crepuscular del México posrevolucionario que se confirmaría en el derrumbe del sistema en la última década del siglo XX.

El protagonista no es un director de ficción sino de documentales: una suerte de cronista del cine que a Villoro le sirve para insinuar paralelos con el desdoblamiento de su escritura entre novela y crónica. Su experiencia del mundo y la memoria de sus afectos son concebidas desde una “sala de edición” imaginaria donde los eventos de la vida se cortan y se pegan, se superponen o se borran, como en un negativo remendado. El trauma juvenil de un accidente en que muere su amigo es sometido a los ejercicios editoriales del subconsciente.

Mockup de La tierra de la gran promesa, novela de Juan Villoro, Random House, 2021
Mockup de ‘La tierra de la gran promesa’, novela de Juan Villoro, Random House, 2021

Su pareja es una sonidista que retiene todos sus ruidos y los del hijo de ambos. Los retiene y los graba, como graba los gritos y balbuceos nocturnos de su marido traumatizado. La pequeña familia se traslada a Barcelona, donde el documentalista ha sido contratado por un productor catalán que, durante décadas, ha hecho negocios turbios en el cine mexicano. Lo que en principio aparece como una elección vital, para dotar de seguridad y confort a la familia, muy pronto se presenta como la espuma de una marea oscura, perfectamente cronometrada.

El traslado a Barcelona resulta ser una huida, tramada por su pareja y su productor, para salvar al cineasta de una posible persecución judicial tras la realización de un documental sobre un capo del narcotráfico, conocido como El Vainillo. Un periodista, amigo de su juventud y aspirante a cineasta, que ha tenido un romance con su padre, delata al cineasta como cómplice de un cártel rival, que habría ayudado a revelar la localización de El Vainillo.

En el tramo final de la novela, cuando la acción se mueve a México, el mundo de los cineastas es suplantado por el de los abogados. El padre del cineasta y su primera pareja son abogados, y abogado es un amigo de su padre que intenta salvarlo de la persecución de la justicia. La vida del protagonista se presenta, entonces, como la ficción de una trama oculta, determinada por decisiones de otros: capos de la droga, empresarios del cine, parejas abandonadas, amigos celosos.

La novela de Villoro, que administra muy bien el humor, la escatología y la perversión, es otra modalidad del “estilo paranoide”, descrito por Richard Hofstadter en un libro clásico. Nada de lo que se narra responde a causas predecibles o azares concurrentes. La subjetividad del protagonista está cifrada por otras voluntades, en una variante de la ficción que trasmite ecos de Kafka y Musil, Buñuel y Bolaño.

No es esta una novela de tesis, pero podría argumentarse que propone una visión estructural del crimen en México. La violencia, el narco o la impunidad no serían, aquí, síntomas de la falta de estado de derecho sino formas constituyentes de la inseguridad mexicana. Los síntomas serían el cine, la literatura o la vida de los personajes, que se desarrollan en la superficie de una criminalidad insondable.

Juan Villoro
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Rafael Rojas (Santa Clara, Cuba, 1965). Es historiador y ensayista. Licenciado en Filosofía por la Universidad de La Habana, y doctor en Historia por El Colegio de México. Es colaborador habitual de la revista Letras Libres y el diario El País, y es miembro del consejo editorial de la revista Istor del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Ha publicado los libros: Un banquete canónico (2000), Revolución, disidencias y exilio intelectual cubano (2006), La vanguardia peregrina. El escritor cubano, la tradición y el exilio (2013), entre otros. Desde julio de 2019 ocupa la silla 11 de la Academia Mexicana de la Historia.

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