The Sr. Corchea Backroom Art une lo útil y lo bello

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Detalle de diseño de Héctor Martínez para la campaña de El Sr. Corchea por la liberación de Luis Manuel Otero Alcántara

¿Cómo subvertir la propuesta normativa del mercado del arte y reconfigurar sus obligatoriedades? ¿Cómo una tienda puede potenciar necesidades que, al igual que el coleccionismo de arte, están vinculadas a recursos culturales y financieros? ¿Cómo una copia trasciende su puesto en la sociedad poscapitalista? ¿Cómo The Sr. Corchea Backroom Art resignifica la tienda de arte? ¿Una tienda puede aspirar al estatus de arte? ¿Esta pregunta está de más?

Las marcas, como se sabe, tienen su precio. El blog de arte el Sr. Corchea es hoy una marca. Lo es a partir de un devenir. Lo es en calidad de campo de asociación y connotación. Generalmente, las marcas, entendidas como sistema de signos, no son sometidas a indagación, sino afirmadas por principio.

En esta entrevista con la curadora, crítica de arte, investigadora y editora independiente Elvia Rosa Castro (Sancti Spíritus, 1968), fundadora de El Sr. Corchea, y, a su vez, de The Sr. Corchea Backroom Art, sometemos a indagación la tienda que, a finales de octubre de 2020, llamó la atención de la comunidad de artistas, curadores, críticos e interesados en el arte cubano. Como era de esperar, su aparición no logra consensos; pero Elvia Rosa Castro sabe que el consenso se ha convertido en un valor anticuado y sospechoso.

La obra de arte, si seguimos a Walter Benjamin, siempre ha sido susceptible de reproducción. Bajo este presupuesto, The Sr. Corchea Backroom Art “es un proyecto de colaboración entre artistas con los pies en la tierra (…). La clave del éxito de esta constelación de artistas es el talento, la pasión y el amor.”

The Sr. Corchea Backroom Art apuesta por una reconfiguración del valor simbólico que ha ido acumulando el blog de arte el Sr. Corchea, considerado el primer blog independiente sobre artes visuales en Cuba, sin alterar el presupuesto fundamental por el que fue creado.

Con un sentido (posmoderno) manifiesto de asimilación, copia y reproducción, The Sr. Corchea Backroom Art exige sucesivos desplazamientos de la perspectiva del receptor para que éste pueda entrever, ya que no agotar, el sentido oculto de la proliferación indetenible de significantes que proscriben la originalidad.

Exige sucesivos desplazamientos (re-emplazamientos) en un gesto transcodificador sumamente fecundo. Su carácter, que se modela con una visión redentora de la imagen de mimetización, es esencialmente desfigurador de la copia. Su misterio es el del eco, que produce infinitas resonancias.

Edgar Ariel

Elvia, ¿con qué objetivo, bajo qué necesidades, surgió The Sr. Corchea Backroom Art?

Es un hecho que los negocios conocidos como bricks and mortar han ido declinando. Grandes tiendas tradicionales han cerrado y los negocios online han acaparado a un enorme sector de clientes. Amazon, por ejemplo. Ahora, con el contexto del coronavirus, este fenómeno se ha acrecentado. El comercio online ha venido a ser de una ayuda tremenda pues te permite comprar desde casa sin exponerte.

El blog el Sr. Corchea no tiene patrocinio ni financiamiento alguno. Aun así, hasta el día de hoy, en un año y tres meses, se han publicado más de quinientos artículos. Esto ha sido posible gracias a la generosidad de los autores que han puesto a mi disposición sus textos, y a un trabajo enfático y arduo por parte de sus líderes: Héctor Martínez y yo, cuyo motor principal siempre ha sido, literalmente, “el amor al arte”.

La tienda surge, entonces, como la variante instrumental de esa hermosa empresa que es el blog, sin perder su vocación educativa y cultural. Tenemos la aspiración de que un día el blog se llegue a financiar gracias a la ayuda de la tienda, con todas las de la ley: pago de plataforma, salarios y pagos de derecho de autor. Y, algo no menos importante, que nos dé la posibilidad de traducir textos claves.

Retomando lo dicho sobre el contexto, es muy orgánico que una empresa lleve a la otra. La idea fue de Carlos Montes de Oca, quien ha estudiado esas plataformas y vio un nicho allí para la comunidad de artistas que conocemos y de la cual formamos parte. Luego de mucho estudio, él escogió Red Bubble, que es una plataforma con muy buena puntuación en lo referido a la calidad del producto y el posicionamiento en redes.

Hay artistas que han experimentado, pero se pierden en el maremágnum y necesitan de alguien que los nuclee. Ahí entra el Sr. Corchea.

¿Qué relación podemos establecer –desde la más evidente hasta la más disimulada– entre The Sr. Corchea Backroom Art y el Sr. Corchea original, en el sentido de originario?

Un proyecto surgió de la necesidad del otro. No hay relación disimulada. Soy un libro abierto, así que es lo que hay. Si Elvia decide abrir una tienda debe aprovechar el capital simbólico que aporta la marca Sr. Corchea. El público sabrá que se trata de arte, que se trata de educación y pedagogía, que se trata de generosidad y de pasarla bien.

¿Cuál es el concepto general de la tienda? ¿Qué concepto curatorial la transversaliza?

Es el mismo concepto de una tienda de museo. Artículos diseñados a partir de obras de arte. El Museo Nacional de Bellas Artes en La Habana, como otros museos a nivel global, tiene algunas aplicaciones enfocadas en su colección. Artex, en Cuba, oferta algo parecido en sus tiendas.

The Sr. Corchea Backroom Art es online y no está centrada en una colección ni en una nómina. Es un proyecto enteramente abierto. Todo el que quiera participar puede hacerlo. Por otro lado, es una manera muy eficiente de promover la obra de los artistas y a ellos mismos, sin que lo hubieran pensado, les hace ver otras dimensiones de sus piezas.

Siempre me ha gustado trabajar en equipo, así funciono muy bien. La idea de colaboración y del compartir es algo para mí inseparable. Así que esta sería una noción clave en la tienda: asociación y comunidad entre los artistas; entre los artistas y The Sr. Corchea Backroom Art; y entre todos y el público.

Toda la vida me he declarado una integrada, en el sentido que lo encarnaba Walter Benjamin en la Escuela de Frankfurt. Yo digo, a veces en broma, a veces muy seria, que The Sr. Corchea Backroom Art es su sueño cumplido: masividad, recepción en la dispersión, iluminaciones profanas, reproductibilidad…

Todo está ahí. Muy antimoderno. Hacer trizas el aura. Cuando una obra abandona su espacio sagrado y elitista entra en un flujo que pertenece más al mundo de la cultura y de la recepción. Eso es The Sr. Corchea Backroom Art: un proyecto cultural.

Yo, que me sentía cómoda trabajando en el cubo blanco, clorificado e inmaculado del arte, he logrado salirme de ese estrecho concepto por esta vía.

¿Cómo seleccionas a los artistas que colaboran? ¿Por qué los seleccionas a ellos y no a otros?

Al primer grupo que le conté sobre la idea sabía, a priori, que me diría que sí. Los que lo integran son, en buena medida, colaboradores sistemáticos del Sr. Corchea. Otros, en cambio, son muy cercanos a mí; son casi mis hermanos. Este fue el primer núcleo que, además, constituye un porciento de artistas no despreciable en la tienda. Quería construir algo rápido y no podía argumentar mucho. No tenía tiempo para eso. Y me apoyaron tanto, justo como esperaba.

Luego he repetido que todos están invitados, que esto no es una galería sino una tienda y que nuestro gol es tener a mil artistas allí dentro. Otros que he invitado personalmente no han aceptado, quizá porque aún están dominados por un ego demasiado moderno. Otros, supongo, no ven la necesidad o se consideran, ellos mismos, influencers. Hay de todo, pero han sido sólo tres o cuatro los que me han dicho que no, y está bien, todos deben sentirse libres. Hay otros que han respondido con entusiasmo, pero aún no me dan la luz verde enfática, así que espero.

De manera general, estamos muy contentos. Y además se da un fenómeno a la inversa. El espacio de la tienda me permite acercarme, como crítica y curadora, a la obra de algunos a los cuales ni siquiera conocía.

El único criterio fijo hasta ahora es que sean artistas cubanos. Ese “hasta ahora” debe mirarse con lupa, pues puede cambiar.

¿Qué quieres decir cuando enuncias, en el propio statement de la tienda, que The Sr. Corchea Backroom Art es “un proyecto de colaboración entre artistas con los pies en la tierra”?

Oh, sí. Me refiero a artistas que saben gestionar su ego de acuerdo con los tiempos que corren. Un ego blando y desprejuiciado. Un ego expandido. Más allá del elitismo y la seguridad autónoma que supone el mundo del arte.

¿Cómo podemos entender, aquí, la noción de tienda?

Una tienda es una tienda. Vender es su misión. Qué vendes y cómo lo vendes es lo que la hace un poco diferente. En este caso tratamos de unir, como me decía mi amiga Mabel Suárez, lo “útil y lo bello”.

Si revisas la redacción de los posts promocionales en la fanpage, hay ahí mucho más que mera venta. Hay estudio, existe la intención de enlazar referencias culturales, hacer notar lo que tal vez pase inadvertido.

¿Cómo esta tienda puede incidir en el entramado del arte cubano contemporáneo?

Puede incidir de varias maneras. Expande el horizonte de promoción del hecho artístico y también las nociones del propio creador. Tú entras a una de las colecciones y puedes apreciar una exposición con todas las de la ley, pero en otro soporte, bajo otras reglas. Emancipa nuestra percepción de la realidad a través de productos muy utilitarios. Y, si resulta un proyecto exitoso, desde el punto de vista financiero puede ayudar a varias familias durante estos tiempos difíciles.

En lo personal, ya había caminado por este filón cuando curé Exposición útil en 2001, cuya tesis era que una vez que el “arte” salía de la seguridad elitista propia de su naturaleza, desaparecía como hecho ensimismado y se volvía inútil. Con este proyecto de tienda doy un paso más allá –enlazado también con mi tesis de “Retorno a la utopía: propuestas artísticas en lugar de arte”, publicado en mi libro El observatorio de Línea. Repasos al arte cubano (Ediciones Unión, 1998). Siempre he pensado que el diseño es una vía 100% eficiente para encauzar al consumo y la obra.

Entonces, tú ves toda esta relación vital que he tenido durante años con estas nociones y no te asombras. Ha sido orgánico y coherente hasta la médula. Gracias a mi relación estrecha con la producción artística tengo una colección de arte no desdeñable, pero muchas personas no tienen acceso a un original. Esta es una oportunidad de tener “algo” de un artista servido en bandeja de plata. Sería otro tipo de coleccionismo que puede crearse y que rompe todos los estereotipos hasta ahora existentes.

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