Por la costa pasa un avión pequeño
llevando una tela con dibujos
y palabras que no se pueden divisar
contra el viento.
No son poemas, son propagandas,
lemas para la alegría de un domingo
en el mar.
La espuma roza las aves que descienden
y tropiezan.
Es un mar que no está limpio espiritual,
porque nos trae más basura
de la que dejamos en él,
inmersa.
Es una costa cómoda,
relamida
entre sombrillas y toallas buenas
que dan al Atlántico
(a la prosperidad).
Un rastrillo naranja queda abandonado
entre nosotros
sin niño que lo recoja
equidistante
entre tú y yo
que contemplamos el mar
desde diferentes costas
sin consuelo.


