Luis Manuel Otero Alcántara junto a otros miembros del Movimiento San Isidro, en La Habana. ANYELO TROYA
Luis Manuel Otero Alcántara junto a otros miembros del Movimiento San Isidro, en La Habana. ANYELO TROYA

¿Qué significa la palabra libertad con todas sus implicaciones? Y no me refiero a su significado literal, sino al modo de asimilarla e interiorizarla, ponerla en práctica.

El 11 de julio, cuando salimos a la calle, hubo un momento en que no sabía qué estaba pasando. Sin acceso a Internet era prácticamente imposible imaginar todo. Me llamaba gente de todas partes del mundo para decirme: “Se acabó, finalmente cayó la dictadura”. No puedo negar que sentí alivio, también tenía miedo al después, no solo porque cambie el sistema o por lo que pueda suceder en la calle o por toda la violencia que se genere ante la resistencia de ceder el poder, sino porque realmente no creo que la sociedad cubana esté preparada para lo que implica la libertad, ni que, por ejemplo, el reverso de la derecha recalcitrante sea la solución para nosotros.

Ahora mismo el caos nos toca la puerta y las preguntas serían: ¿cómo enfrentarlo? ¿qué papel juegan los intelectuales? ¿cómo luchar contra el oportunismo que nos persigue y aplasta?

Realidad

El poder elabora e impone una imagen para el opositor: una burbuja que parte de la violencia, donde se observa al “macho preso”, a la persona que “no puede claudicar”, que “no puede ceder”, que “no puede llorar”. Sin embargo, las redes sociales, el Internet, la entrada de turismo, la economía, los valores que se van perdiendo a partir de la propia carencia económica, cuestionan no solo la imagen impuesta, sino también los simulacros de “apertura de mente” que el régimen construye desde los medios masivos.

La realidad cada día se aleja del poder totalitario. El gay, el negro, el transexual, las mujeres abusadas, las feministas, los que luchan su dinero y mantienen su hogar desde una percepción sumamente criolla, caribeña, cubana, forman parte de la Cuba de hoy, que exige existir y no es reconocida.

Es necesario deconstruir el espacio patriarcal épico e incluso la ficción de que la única manera de tumbar a la dictadura cubana es alzándose en las montañas con armas, pues está idea está basada en la violencia que dio cuerpo al orden de cosas imperante.

Debemos interiorizar que la realidad cubana es cada día más plural, que cada vez se aleja de ese sistema machista, racista y homofóbico, que en la pluralidad se mezclan el/la gay, el/la negro/negra, el/la trans en un ejercicio de resistencia. Debemos entender la necesidad de tejer puentes de aceptación entre nos, lo cual conllevará a que se generen dos posturas paralelas: la ficción del régimen patriarcal, machista, autoritario, homofóbico, por un lado, y la realidad cubana, donde, desde la sobrevivencia, los diferentes se aceptan mutuamente.

Los casos de Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Castillo Pérez

Definir formas de pluralidad, de libertad del cuerpo y de luchar contra la estigmatización, son claves que nos conectan con el resto del mundo. El antirracismo, el feminismo y la anticorrupción son puntos imprescindibles de construcción para una sociedad próspera e inclusiva. Son aristas de transformación, que el artista Luis Manuel Otero Alcántara defiende a través de su obra.

Alcántara se ha convertido en uno de los conejillos de indias del sistema después de los acontecimientos del domingo 11 de julio. Hace casi dos meses se encuentra recluso en la prisión de máxima seguridad de Guanajay por el delito Desacato Agravado. Su situación procesal (al igual que la del músico Maykel Castillo Pérez) consta en el expediente 24 del 2021 (atentado, resistencia y desacato), todo ello incluido en el título de delitos contra la Seguridad del Estado del Código Penal cubano vigente, pudiendo sumar penas conjuntas de 3 a 5 años de privación de libertad. El motivo: reproducir la canción “Diaska” de Al2 El Aldeano y Silvito El Libre en una actividad recreativa en su domicilio de Damas 955, el 4 de abril de 2021. Los vecinos son testigos de que la canción (al igual que otras) estaba en la lista de reproducción del equipo de música que se encontraba dentro de su casa. El tema musical fue coreado por él y el resto de las personas allí reunidas. Por tanto, no existe justificación a su larga detención y mucho menos que sea en la prisión de máxima seguridad de Guanajay, cuando se trata de un artista carente de antecedentes penales que nunca ha cometido actos violentos y que solo hizo uso de su derecho a la libertad de expresión reconocido en el artículo 54 de la Constitución de la República.

Recordemos que después de la huelga de hambre y sed que realizara Luis Manuel Otero Alcántara, como un grito de desesperación, al ser invadido su domicilio y destruidas sus obras de arte por agentes de la Seguridad del Estado cubano (piezas que aún no han sido devueltas), fue sacado en contra de su voluntad de su casa, mantenido más de 25 días en el hospital Calixto García, privado de visitas de familiares o amigos. Después de que le fuese permitido regresar a su casa, fue de nuevo detenido arbitrariamente en varias ocasiones, en las que fue amenazado, y las autoridades nunca procedieron de acuerdo con el expediente supuestamente abierto.

Es necesario deconstruir el espacio patriarcal épico e incluso la ficción de que la única manera de tumbar a la dictadura cubana es alzándose en las montañas con armas, pues está idea está basada en la violencia que dio cuerpo al orden de cosas imperante.

A esto súmesele que aún quedan en el aire los cargos de “ultraje a los símbolos patrios” y la supuesta investigación (la más preocupante) que, según su instructor, el capitán Roberto Batista, se está haciendo para determinar la implicación de Luis con los sucesos del 11 de julio, una acusación que pudiera provocar la apertura de otro expediente (el n.o 28) y/o la aplicación de la Ley 88 con sanciones privativas de libertad desde 1 a 20 años en dependencia de la magnitud de la violación.

En estos momentos, Luis ha tenido contacto una sola vez con su abogado (jueves, 5 de agosto). No ha podido recibir visitas de familiares “por la situación epidemiológica que atraviesa el país”. Solo puede realizar dos llamadas semanales de apenas 6 minutos, siempre y cuando no tenga alguna “discusión” con un oficial o recluso y le prohíban el acceso al teléfono (como ocurrió en la semana del 8 al 14 de agosto). Su estado de ánimo es estable, pero se encuentra muy preocupado por el desarrollo de los procesos legales, debido a los antecedentes de irregularidades y arbitrariedades ejecutadas sobre él.

El pasado 11 de agosto, su abogado presentó en el órgano de instrucción de los delitos contra la Seguridad del Estado una solicitud de cambio de medida que pudiera traducirse en una fianza en efectivo o la reclusión domiciliar. Sin embargo, el hecho de que esta petición se presente en un centro como la sede de la dirección general de la Seguridad del Estado de Villa Marista implica el reconocimiento de que los cargos por los que se pretende condenar a Alcántara trascienden lo “común”, para ser reconocidos legalmente como un asunto de seguridad nacional. El carácter político de este proceso define y condena a Luis a la incertidumbre de lo que vendrá.

La situación de Maykel es muy parecida a la de Luis Manuel. Está siendo procesado por los mismos delitos del expediente 24, a raíz de los hechos el 4 de abril. Fue detenido en su casa casi dos meses después de estos sucesos. En el traslado a la unidad penitenciaria se cometieron numerosas arbitrariedades: lo montaron en la patrulla sin zapatos ni camisa, no se presentó ninguna orden, no se le explicó el porqué del arresto, se le prohibió llamar por varios días y su paradero fue desconocido. Tres días después de su desaparición, la artista Camila Lobón fue a la estación de Cuba y Chacón a preguntar por su paradero y no figuraba en el registro. El lunes posterior, el tribunal provincial de La Habana dio respuesta al recurso de hábeas corpus que se había presentado, donde se informó por primera vez que, si bien sería procesado por los delitos de atentado, resistencia y desacato, otros habían sido desestimados, tales como: propagación de epidemia y desorden público. Fue trasladado a la prisión provincial de Pinar del Río (5 y medio) el mismo día que Alcántara fue liberado de su retención involuntaria en el hospital Calixto García.

El abogado ha presentado en dos ocasiones el cambio de medida cautelar, la cual siempre ha sido negada. La fiscalía no ha terminado las conclusiones provisionales, por lo que se desconoce cuántos años de privación de libertad se pedirán ante los delitos imputados.

En el informe que se presentó ante el Comité de Detenciones Arbitrarias de la ONU aparece una descripción pormenorizada de los sucesos del 4 de abril (apoyada fundamentalmente en el video que circuló en las redes sociales), donde quedó expuesto porque son ilegítimos y es una injusticia lo que está sucediendo con él. En el material documental, se evidencia cómo las personas impidieron que Maykel fuera arrestado, luego de que el día anterior había sido violentado por más de siete oficiales uniformados en la unidad policial de Cuba y Chacón, adonde había ido con otros activistas a buscar información sobre Otero, que se encontraba desaparecido.

Ese mismo día, después de salir de esta estación, el amigo y también músico El Funky lo tuvo que acompañar al policlínico debido a las lesiones en sus muñecas. Por esto, el 4 de abril, al intentar la policía política arrestarlo nuevamente, Maykel se resistió mostrando sus lesiones, lo que dio lugar a una discusión donde intervinieron en su defensa varias vecinos que lo instaron a buscar refugio en San Isidro. Una vez en el domicilio de Alcántara, agentes de la Seguridad del Estado les explicaron y prometieron que no les sucedería nada y que incluso los policías responsables serían sancionados por sus errores. El mismo oficial que explicó esto trasladó a Maykel hasta su casa.

Se hacen absurdos estos procesos, pues Maykel, al igual que Luis, fue detenido en varias ocasiones entre el 4 de abril y el 18 de mayo, incluso estuvo cercado por la policía durante la huelga y retención en el Hospital Calixto García de Luis Manuel, y no fue acusado aun teniendo esa causa pendiente. Es evidente la manipulación intencionada por parte del régimen para privarlo de su libertad.

El 10 de agosto se presentó nuevamente su caso en Naciones Unidas, esta vez con la incorporación de organizaciones internacionales como Freemuse, Pen Internacional y Pen America, CADAL, Freedom House, las cuales se sumaron al informe inicial presentado por Prisoners Defenders en el Comité de Detenciones Arbitrarias. Sobre Maykel pesan 121 acciones policiales violentas en poco más de un año.

El 13 de agosto, el abogado pudo visitarlo en la cárcel por primera vez desde que fuera detenido el 18 de mayo. Este refirió que Osorbo está bien de salud y ratificó su posición de conexión con el resto de “sus hermanos”.

Luis Manuel Otero Alcántara y su obra

La obra de Luis tiene un carácter crítico, molesto para el Gobierno. Su implicación artística y política genera una ruptura sobre las formas de entender el mundo, ayuda a comprender lo que significa (o no) ser libre y nos ilumina sobre cómo se trasciende el patriarcado atroz y paternalista, por sobre la idea de “papá represivo” que actúa “por tu bien” y “te cuida y protege” que caracteriza al régimen. Otero defiende esa libertad que conecta con la realidad cubana y con esto se gana la aceptación de la gente. Rompe con el discurso oficial discriminante, no solo por ejercer la libertad de pensamiento, sino también por su actitud ante la vida o por quien decide ser realmente.

Luis Manuel Otero Alcántara junto a otros miembros del Movimiento San Isidro, en La Habana. ANYELO TROYA
Luis Manuel Otero Alcántara junto a otros miembros del Movimiento San Isidro, en La Habana. ANYELO TROYA

Ahí radica uno de los puntos frágiles del Gobierno: en la desconexión con la realidad, acompañada de aislamiento y hermeticidad, que se distancia cada vez más de las nuevas generaciones. La obra de Luis ilustra un proyecto democrático afín a las nuevas políticas, jóvenes que anhelan una reconstrucción social: apoyando la diversidad de la vida y su cuidado, en un momento de crisis ambiental y social terrible.

Es ahí donde evidenciamos una vez más esa grieta del sistema a la que hacía referencia, ese espacio donde nos repetimos constantemente en un bucle del cual no podemos escapar. Surge entonces la necesidad de un ejercicio que permita deconstruir, reconstruir o constituir otro imaginario que libere las miradas, y con ello, la posibilidad de luchar para liberarse y tener una vida justa.

La fragilidad como espacio político necesario

Recuerdo escuchar demandas sobre la implicación política que como artista y “líder” Luis Manuel Otero Alcántara debería asumir. Observo como se espera a “otro macho liberador-salvador” que responda al referente elaborado por el mismo poder contra el que luchamos, ese que obstaculiza la creación de una realidad más democrática y necesaria. La gente debe asumir su responsabilidad individual, ser consciente de su importancia dentro del contexto y del papel que juega en la inercia que perpetúa el sistema opresor. Interrogantes como: “¿por qué no estás en la calle?”, “¿por qué no haces más por tus hermanos?” nublaron la que debería haber sido la verdadera pregunta-respuesta que se hiciera Luis antes de salir corriendo ese 11 de julio: “¿dónde soy más necesario como sujeto de guía y construcción?”

Es nuestro deber revisar y desinstalar referencias en nuestras vidas y formas de hacer, con el objetivo de entender la política que responde al imaginario del régimen cubano: ser héroe sacrificial. Luis Manuel ha manifestado en repetidas ocasiones, al salir del arresto hospitalario, su posición de no querer ser un salva-patrias, demostrando agotamiento tras su situación, recalcando que está “fundido”. Hay una impresión general y muy cómoda, de que su aguante es ilimitado: no se puede perder de vista que es un ser humano cansado ante la violencia del Gobierno.

Urge desplazar la espera de ese supuesto valor y coraje de los “líderes”, porque el 11 de julio demostró el carácter inclusivo de la resistencia, derrumbando la idea de que la nuestra no es una lucha de los “conocidos que siempre ponen el cuerpo”. Es evidente que nos corresponde a todos/todas. “Tengo como objetivo deconstruir esa masculinidad opresiva que genera más personajes autoritarios: no quiero un Che Guevara o a otro Camilo Cienfuegos que viene a liberarnos a todos/todas mientras estamos en una cola para comprar pollo”, dice Luis.

La valentía radica en revisarnos a nosotros mismos y ser capaces de brindarles una mano para apoyarlos, como también se la damos a cualquiera que haya sido víctima de la injusticia. No le demos promoción al victimismo que utilizamos como recurso para lograr ser oídos, sino a al coraje que nos llevó a denunciar aun dolientes.

El mundo abre el diapasón, incluso en las manifestaciones fuera de Cuba, se apuesta por la caída definitiva de la dictadura castrista. Y no es que juzgue, sin embargo, seguimos olvidando cómo las metas específicas son las que han sembrado el precedente del triunfo ante el poder.

Los grandes pasos no creo que sean sacar fuera de Cuba a través de negociaciones a la gente detenida y que simboliza un peligro para la dictadura del país. La solución, en mi opinión, estriba en exigir la libertad de todo cubano/a/e detenido ahora mismo por ejercer su derecho a la libertad de expresión. Ahí se encuentra el verdadero avance hacia la victoria. El régimen debe ceder ante lo justo. Tenemos que exigirlo y no desviarnos, ser precisos, puntuales, caminar con pasos firmes, porque estamos en la recta final. Necesitamos un relevo, un apoyo, y acompañamiento en nuestras labores: la herramienta es generar presión internacional para obligar al régimen a sacar a Luis Manuel de la cárcel, así como a Maykel Osorbo, Hamlet Lavastida, Esteban Rodríguez y todos/todas los/las presos/presas de consciencia.

El cartel de lo marginal

El Gobierno hace, genera, pero la gente también funciona en esta “microfísica del poder” de la que hablaba Foucault, que funciona porque todo el mundo desconfía de todo el mundo. El síndrome de “tirar piedras sobre tu propio tejado”, lo llamaría yo. Y cuando reflexiono sobre esta problemática, acude a mi mente Luisma, porque si algo me asombra de él es su capacidad de aportar otra visión donde no habita el resentimiento.

Sin embargo, existe un punto que ahora pasa desapercibido y es fundamental para entender posibles vías de solución, con el objetivo de alcanzar la libertad de los presos como Luisma, Maykel, Esteban, Hamlet Lavastida y los detenidos en Obispo. Todo el mundo cree que los que “más aguante” tienen son Luisma y Maykel, que para ellos estar en prisión no es lo mismo que para una persona “desconocida” que posiblemente sea condenada a 8 meses. Obvio que es horrible en todos los casos. Pero quiero aclarar que estar detenido no es un privilegio para nadie. En el caso de Osorbo o Alcántara la condena puede incluso llegar a ser de 18 o 20 años (según la información legal brindada en los medios oficiales).

Es nuestro deber revisar y desinstalar referencias en nuestras vidas y formas de hacer, con el objetivo de entender la política que responde al imaginario del régimen cubano: ser héroe sacrificial. Luis Manuel ha manifestado en repetidas ocasiones, al salir del arresto hospitalario, su posición de no querer ser un salva-patrias.

El régimen utiliza estrategias preconcebidas que los condena y provoca opiniones públicas, por ejemplo, “él se lo buscó”, “es un líder y activista reconocido y por tanto sabía que esto podía pasar”, “es un artista famoso con el privilegio de que lo defiendan”. Y yo pregunto: ¿privilegio? ¿en serio? ¿El privilegio de que por una manipulación intencionada pueda pasar 18 o 20 años preso? Estrategia que, además, condena a Maykel y a Esteban, en parte más vulnerables, por la etiqueta impuesta de que “son marginales”, “no son intelectuales”. El resultado que busca el régimen opresor es ese desplazamiento de visibilidad en las redes, que es nuestro principal campo de defensa.

A veces tengo la impresión de que el régimen prefiere un 27N que un Movimiento San Isidro en la calle. No es casual que el MSI esté en su mayoría encarcelado o desarticulado. El cartel de lo marginal desplaza el enfoque y discrimina. El Gobierno recurre a una marginalización constante de las prácticas políticas del MSI: cuerpos negros que se rebelan desprovistos de formas de inteligencia y saberes, pero que todos/todas estamos conscientes que han activado durante estos años una reivindicación y denuncia constante de la situación en Cuba. No olvidemos que la verdadera efervescencia el 11 de julio partió de los barrios más empobrecidos del país. Con esto, solo apunto a que la toma del espacio público ha sido impusada por la necesidad del grito ante la falta de oxígeno, ante una necesidad que asfixia.

Defiendo la idea de que todos/todas somos necesarios. Sin embargo, no podemos “tirar piedras…”, es momento también de entender que Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Castillo Pérez no son presos comunes. La cuestión no es quién vale más o quién tiene más “privilegios” por “ser conocido”, estos sujetos, por el contrario, automáticamente se convierten en el chivo expiatorio de la revuelta del 11 de julio. A esto sumemos que tienen sobre sí una carga de detenciones y un desgaste emocional acumulado. Esa es la diferencia que hay que potenciar.

En Cuba tenemos que insistir en lo necesario de construir un país con calidad humana, así como en la importancia del protagonismo de la gente joven, que propone otras posibilidades. Es primordial trabajar en función de un discurso reconciliador con la realidad. Nosotros como movimiento nos colocamos en un punto medio: ni con los “dinosaurios de la dictadura, ni con “la extrema derecha más obstinada, que ejerce presión del otro lado”. Libertad implica responsabilidad y trabajo. Neutralizar las problemáticas de derecha-izquierda. Estamos contra el bloqueo, contra el embargo, pero queremos una propuesta democrática en Cuba.

Siempre decimos “hay que tumbar la dictadura”, pero, tumbarla, ¿qué significa? Es inevitable que uno de los primeros pasos que debemos dar sería el de otorgarle una voz a toda una comunidad que, si bien no tiene cabida dentro de la dictadura, tampoco coexiste en muchos de los proyectos fuera de ella. Por lo tanto, esas grandes discusiones son el gran talón de Aquiles del sistema, y brindarle al pueblo, a la comunidad LGBTIQ+, a los que luchan por la igualdad racial, a la madre que camina por las calles, a todos/todas, un sentido y lugar en una Cuba que estamos construyendo, esa es nuestra prioridad.

¿Y el MSI?

Si bien considero que con el 11 de julio ha quedado demostrado que “un palo no hace monte”, porque ya en Cuba se está construyendo desde el colectivo y no desde la individualidad y el liderazgo aislado, pensar en esas voces que han marcado el camino es inevitable. Resulta que, en palabras del propio régimen, “el Movimiento San Isidro está acabado”. Pero ni Amaury Pacheco; ni Michel Matos, a pesar de estar en Italia por cuestiones personales y con la esperanza de regresar; ni Iris Ruiz, a pesar de su condición delicada de salud; ni Afrik3Reina; ni Aminta de Cárdenas; ni Anamely Ramos, a pesar de estar en México; ni Yanelis Núñez, en España; ni yo –y mucho menos Maykel Castillo, Esteban Rodríguez o Luis Manuel Otero Alcántara desde prisión– han dejado de producir, trabajar e impulsar. Seguimos y seguiremos generando desde el arte nuevas estructuras de pensamiento que permitan crear conciencia cívica y política.

Miembros de Movimiento San Isidro. De izquierda a derecha: Amaury Pacheco, Claudia Genlui, Iris Ruiz, Michel Matos y Luis Manuel Otero.
Miembros de Movimiento San Isidro. De izquierda a derecha: Amaury Pacheco, Claudia Genlui, Iris Ruiz, Michel Matos y Luis Manuel Otero. ANYELO TROYA

Continuamos trabajando bajo presión. Por ejemplo: el artista Amaury Pacheco, días después de la protesta realizada en la calle Obispo el 30 de abril, fue llevado a Villa Marista, donde fue acusado verbalmente de “instigación a delinquir”, aspecto que empeoró su condición después de los sucesos del 11 de julio. Pacheco fue detenido violentamente en el ómnibus en el que se transportaba hacia Prado y Malecón y trasladado a una unidad policial, donde le fue impuesta un acta de advertencia por desorden público. En estos momentos se encuentra en su domicilio bajo investigación, lidiando con la posibilidad de ser llamado en cualquier momento y ser privado de su libertad.

A pesar de las restricciones –amenazas, vigilancia, encarcelamientos, etc.–, el MSI continúa asumiendo responsabilidades para con todas/todos aquellos que no cuentan con las herramientas necesarias para enfrentarse a un sistema legal que responde solo a un poder dictatorial. Después de los sucesos del 11 de julio, han surgido campañas como #MSIlibre que comprende una serie de acciones que se suceden en el tiempo, algunas ya visibles como: la red #DondeTuCaesYoTeLevanto que tiene como objetivo ofrecer ayudas a las familias de las/los detenidos el 11 de julio y antes de las manifestaciones y/o personas en prisión domiciliaria; la campaña de visibilización de personas detenidas o desaparecidas que necesiten exponer sus casos; una red de ayuda de medicamentos para los más necesitados; trabajos de promoción de la producción de los artistas que pertenecen al movimiento y la de nuevos creadores independientes, generando actividades culturales fuera y dentro de Cuba –conciertos, exposiciones de fotografía, participación en eventos importantes de arte, etc.

Los integrantes del MSI sabemos que el camino es difícil, los obstáculos a veces nos harán cuestionar nuestras fuerzas y la capacidad de resistencia; pero si algo hemos aprendido es que el amor, el cariño, la amistad y el sentido de lo justo nos une. Contra eso, el sistema jamás ha podido ni podrá. Otros 11J están cerca.

¡Estamos Conectados! Obvio que sí.

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3 comentarios

  1. Muy buen artículo. Me frusta no poder compartirlo fácilmente con mis colegas, familia y amistades de habla inglesa. Por su puesto estoy tratando de traducirlo. Me fastidia mucho que lilos norte americanos están desconectados de lo que está pasando en Cuba y ni por culpa de ellos necesariamente. Las noticias comunes no lo enseñan.

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