La Habana, 4 de marzo de 1964.
Querido Florit:
Pocos han meditado la oportunidad, el misterio angélico por excelencia. Lo inoportuno es siempre diabólico. Su última carta vino como un toque leve y delicado, en el momento justo. Volví la cabeza: era el amigo. Saber que está el amigo atento al menor soplo del aire, al mínimo cambio de matiz del horizonte, qué alivio, qué seguridad, qué orgullo, qué alegría! No sé qué va a ser de nosotros; pero siempre cuento con usted, con mi auxilio y su compañía, con su oportunidad. Gracias por ser quien es y como es, de su amigo que antes evocaba el paraíso perdido de la provincia y ahora tiene que glosar las páginas preliminares del Apocalipsis que ojalá no tengamos que ver con nuestros ojos.



