‘Eclipse of the sunflower’, Paul Nash, 1945

Richard Eberhart, poeta y profesor, nació en 1904, en Austin, Minnesota, y murió en el 2005 en su casa de Hanover, New Hampshire, a los 101 años. Ganador del Premio Pulitzer en 1966 y el Premio Nacional del Libro en 1977, por el libro Collected Poems 1930-1976, Eberhart es considerado como uno de los escritores más importantes de la poesía lírica del siglo XX. Desde principios de los años cincuenta, se dedicó al magisterio en varias instituciones de altos estudios como la Universidad de Brown, el Trinity College, la Universidad de Columbia, la Universidad de la Florida y la Universidad de Princeton, entre otras. Por treinta años fue profesor de inglés en el Dartmouth College. También fue, en distintos momentos de su vida, marino en un barco de vapor, fabricante de barniz para muebles y tutor del príncipe heredero de Siam. Entre sus libros figuran The Qarry: New Poems (1964); Shifts of Being (1968) y The Long Reach: New & Uncollected Poems 1948-1984 (1984). Autor de varias obras de teatro en verso, Eberhart fue uno de los fundadores, en 1950, del Teatro de los Poetas. En una reseña de la obra de Eberhart en The New York Times Book Review en 1969, la poeta Jean Garrigue decía de él que era “esencialmente un visionario para quien el mundo sensorial es maravillosamente vívido”, y alababa “su ligereza de estilo cuando es etéreo, su delicadeza, su gusto y su entusiasmo”.

Ramón Hondal

Tarde de mayo

Mucho después de nuestra partida
alguien en un momento de significativo éxtasis
al ver a un niño junto a una fuente,
cuidado por un anciano en un jardín,
pensará que el pasado es el futuro
y el presente es ambos.

Vivimos en la imaginación del momento
cuando en un armonioso instante comprendemos
que los sueños sutiles son realidad.
Un niño jugando junto a una fuente, distraído,
un anciano cuidándolo, estudioso en un jardín,
Participan de la inmortalidad.

Soy el padre de mi padre,
algún hechizado hombre del siglo doce;
soy el inquisidor de Sócrates en el ágora,
soy un niño bailando en el prado visto por Blake,
soy todos aquellos para quienes un momento ha significado
un hechizo de éxtasis y un don de la gracia.

El niño se aleja del agua ondeante,
el hombre con sus visiones va en busca de café,
el increíble brío de la tarde primaveral
tarda pero se marcha; el cortés saludo del estático
momento de felicidad y armonía es dado.
El hado sobrevive al destello. El reconocimiento fue nuestro.

May evening

Long after our departure
Someone in a moment of significant rapture,
Seeing a boy beside a fountain,
Watched by an elder in a garden,
Will think that the past is the future
And the present is both.

We live in the imagination of the moment
When in a harmonious instant of apprehension
Subtle dreams are reality.
A boy playing by a fountain, unselfconscious,
A man watching him, studious in a garden,
Partake of immortality.

I am my father’s father, or father back,
Some enchanted man of the twelfth century;
I am Socrates’ questioner in the agora,
I am a child dancing on the green seen by Blake,
I am all those to whom a moment has meant
A spell of rapture and a gift of grace.

The boy deploys from the playing water,
The man with his visions goes to get some coffee,
The incredible elan of the springtide evening
Lingers but departs; the graceful salute of the static
Moment of happiness and concord is given.
Fate outlasts the flash. Recognition was on us.

 

Un soltero de Nueva Inglaterra

Mi muerte fue arreglada por planes especiales del Cielo
y sólo ocasionó comentarios en diez personas en Adams, Mass.
Lo mejor que se dijo sobre mí
fue que fui hábil en especificar un triunfo.
Me mató mi padre
y me casé con mi madre
pero nací demasiado temprano para saber qué me sucedió,
y como fui hijo único
hice del egoísmo una religión personal,
asentado por cuarenta años pensé sin decir nada.
Lo observé todo. Me gustó beber ginebra,
no habría pensado en ir más lejos
hacia los episodios arcanos de las drogas fuertes,
y, por ser Nueva Inglaterra, siempre estuve sobrio.
Sin embargo, lo confieso ahora, tuve
siempre miedo a las mujeres,
no sé por qué, sólo fue del modo que fue,
no pude nunca estar cerca de ninguna mujer.
El conocimiento y la inteligencia me permitieron
la gran racionalización de esto; además, respeté
la delicadeza, pero sin ir muy lejos hacia cualquier dirección.
Creí ser un buen hombre. Lo fui.
No obstruí al estado ni a la religión,
pero a ambos vi venir y mantuve mi independencia.
Conservé mi parecer entre los literatos.
Mis letras fueron más privadas y preciadas que terrenas.
El mundo no tiene idea de lo perdido,
así que mis vicisitudes privadas fueron sólo mías.
Digo todo esto con un especial tipo de gracia
pues evité muchos de los defectos del hombre caído
y aunque no tuve la estatura heroica, la
grandeza creadora, ni el dominio de la mente
me gané el pan con cinismo en soledad,
y les mando a todos un beso desde la tumba.

A New England bachelor

My death was arranged by special plans in Heaven
And only occasioned comment by ten persons in Adams, Mass.
The best thing ever said about me
Was that I was deft at specifying trump.
I was killed by my father
And married to my mother
But born too early to know what happened to me,
And as I was an only child
I erected selfishness into a personal religion,
Sat thinking forty years saying nothing.
I observed all. I loved to drink gin,
Would not have thought to go farther
Into arcane episodes of the heavier drugs,
And, being New England, always remained sober.
However, I confess now, I was
Always afraid of women,
I don’t know why, it was just the way it was,
I could never get very close to any woman.
Knowledge and intelligence allowed me
The grand rationalization of this; also, I respected
Delicacy, but would not go too far in any direction.
I thought I was a good man. I was.
I did not obstruct the state, nor religion,
But I saw through both and maintained my independence.
I kept my counsels among the learned.
My learning was more private and precious than worldly.
The world had no sense of the devious,
So my private vicissitudes were mine alone.
I say all this with a special sort of grace
For I avoided many of the pitfalls of fallen man
And while I did not have heroic size, the
Creative grandeur, nor mastership of the mind
I earned my bread by cynicism alone,
And blow you all a kiss from the tomb.

 

La marmota

En junio, entre los campos dorados,
vi una marmota que yacía muerta.
Muerta ella yace; mis sentidos se estremecieron,
y la mente advirtió nuestra desnuda fragilidad.
Allí humilde en el vigoroso verano
su forma inició su absurdo cambio,
e hizo vacilar a mis sentidos aturdidos
viendo la furia de la naturaleza en ella.
Al inspeccionar de cerca sus poderosos gusanos
y ver la caldera de su ser,
medio con asco, medio con un extraño amor,
la empujé con una violenta vara.
Subió la fiebre, se volvió una llama
y el Vigor circunscribió los cielos,
inmensa energía en el sol,
y un temblor sin sol a través de mi forma.
Mi vara no hizo ni bien ni mal.
Entonces de pie callé en el día
observando el objeto, como antes;
y conservé mi reverencia por el conocimiento
intentando el control, estar en calma,
de aplacar la pasión de la sangre;
hasta haberme puesto de rodillas
rogando por regocijo a la vista de la decadencia.
Y así me fui; y regresé
en otoño con ojo estricto, para ver
la savia perdida de la marmota,
pero permanecía la huesuda masa húmeda.
pero el año había perdido su sentido,
y en cadenas intelectuales
perdí el amor y el asco,
arrinconado en el muro de la sabiduría.
Otro verano tomó los campos de nuevo
masivo y ardiente, lleno de vida,
pero cuando por azar llegué al lugar
allí sólo quedaba un poco de pelo,
y huesos blanqueados al sol
bellos como arquitectura;
los observé como un geómetra,
y corté un bastón de un abedul.
Han pasado tres años ya.
No hay señal de la marmota.
Me detengo allí en el circular verano,
mi mano cubre un corazón marchito,
y pienso en China y en Grecia,
en Alejandro en su tienda,
en Montaigne en su torre,
en Santa Teresa en su salvaje lamento.

The groundhog

In June, amid the golden fields,
I saw a groundhog lying dead.
Dead lay he; my senses shook,
And mind outshot our naked frailty.
There lowly in the vigorous summer
His form began its senseless change,
And made my senses waver dim
Seeing nature ferocious in him.
Inspecting close his maggots’ might
And seething cauldron of his being,
Half with loathing, half with a strange love,
I poked him with an angry stick.
The fever arose, became a flame
And Vigour circumscribed the skies,
Immense energy in the sun,
And through my frame a sunless trembling.
My stick had done nor good nor harm.
Then stood I silent in the day
Watching the object, as before;
And kept my reverence for knowledge
Trying for control, to be still,
To quell the passion of the blood;
Until I had bent down on my knees
Praying for joy in the sight of decay.
And so I left; and I returned
In Autumn strict of eye, to see
The sap gone out of the groundhog,
But the bony sodden hulk remained.
But the year had lost its meaning,
And in intellectual chains
I lost both love and loathing,
Mured up in the wall of wisdom.
Another summer took the fields again
Massive and burning, full of life,
But when I chanced upon the spot
There was only a little hair left,
And bones bleaching in the sunlight
Beautiful as architecture;
I watched them like a geometer,
And cut a walking stick from a birch.
It has been three years, now.
There is no sign of the groundhog.
I stood there in the whirling summer,
My hand capped a withered heart,
And thought of China and of Greece,
Of Alexander in his tent;
Of Montaigne in his tower,
Of Saint Theresa in her wild lament.

 

El eclipse

Me paré afuera en el frío abierto
para ver la esencia del eclipse
que era su perfecta oscuridad.

Me paré en el frío del portal
y no pude pensar en algo tan perfecto
como la esperanza de luz del hombre frente a la oscuridad.

The eclipse

I stood out in the open cold
To see the essence of the eclipse
Which was its perfect darkness.

I stood in the cold on the porch
And could not think of anything so perfect
As man’s hope of light in the face of darkness.

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