‘Pleasure’, Ninja Thyberg dir., 2020
Fotograma de ‘Pleasure’, Ninja Thyberg dir., 2020

Uno de los principales problemas que enfrenta el cine pornográfico es el impedimento que tienen los públicos, sobre todo el masculino, para consumirlo como una obra de ficción. Al tener como tema de abordaje el sexo pretendidamente real, los consumidores olvidan que, aunque la penetración sea “real”, siempre que se pone una cámara delante dos personas se articula innegablemente una representación.

Dicha representación tiene dos partes. La primera se relaciona con la actuación de los personajes implicados en el filme. Los actores fingen placer visual y sonoro para la estimulación de los públicos. La segunda está conformada por la mirada de los directores pues, aunque se busque recrear una realidad sexual, el hecho de colocar la cámara de un modo o pedirles a los actores una coreografía determinada del acto sexual supone una subjetivación y la definitiva recreación ficcional del mismo.

A pesar de toda esta dimensión estética de la recreación, el sexo mostrado por el cine pornográfico ha llegado a imponerse como ideal sexual sobre todo en los intercambios CIS heterosexuales. La pretendida realidad de este sexo, el cual es adornado con tomas hiperreales de los cuerpos de los actores, ha alimentado una industria de la pornografía que, además de mantener relaciones de poder y roles de género diferentes para hombres y mujeres, ha objetualizado a estas últimas e incluso ha reducido una vez más su franja de placer.

Según reportes de prensa y analistas, la industria de la pornografía genera más de 100 000 millones de dólares y más del 10% de esa cantidad procede solo de los Estados Unidos. Los ingresos anuales del cine porno en ese país se calculan entre los 10 000 y 14 000 millones de dólares, según datos del FBI.

Como toda industria cultural hegemónica, el cine pornográfico intenta mantener el statu quo y, para ello, ha intentado modelar el discurso acorde a los tiempos actuales, haciéndolo más women friendly. En ese sentido, destacan acciones de marketing como las adoptadas por la plataforma Pornhub, la mayor página web de contenido pornográfico del mundo, que cambió su logotipo tiñéndolo de morado el pasado 8 de marzo.[1]

Pero más allá de este, cuando menos desafortunado, gesto de marketing, los miembros de la industria del cine pornográfico han intentado moldear un discurso más representativo del placer femenino. Son varios los documentales que han sido producidos o apoyados por distribuidores y compañías de cine porno para intentar desestigmatizar el mismo, y presentar tanto a actores y a actrices como seres humanos empoderados, que eligen este camino en un momento de sus vidas con total convicción y seguridad.

Cartel promocional de ‘Pleasure’, Ninja Thyberg dir., 2020
Cartel promocional de ‘Pleasure’, Ninja Thyberg dir., 2020

En ese sentido, en el filme Pleasure, de la cineasta sueca Ninja Thyberg, a estrenarse en MUBI Latinoamérica el próximo 17 de junio, se entremezclan algunos miembros “reales” de la industria cinematográfica del porno, que en este filme intentan ilustrar un discurso bien diferente en cuanto a la naturaleza del cine porno se refiere.

Thyberg ha realizado una película sobre la pornografía para los hombres. Pleasure es una declaración de intención de su realizadora contra la pornografía mainstream[2] y también un registro documental-fictivo de los métodos de producción de esa industria.

La directora sueca no ha filmado para llevarle el placer a la mirada masculina (male gaze), como lo describiría la cineasta y teórica Laura Mulvey, sino más bien para que las personas, fundamentalmente hombres CIS heterosexuales, conozcan la construcción violenta que tiene esa mirada, la cual puede asentarse tanto en una ficción tradicional como en la ficción de la pornográfica.

Thyberg habla de la pornografía desde la estructura cinematográfica que contienen estas propias películas. Así, cuando la protagonista Bella Cherry (interpretada por la sueca Sofía Kappel) no está “trabajando” en sus escenas de sexo, lo que sucede en su vida parece ser intrascendente. Siguiendo esa máxima patriarcal de que en el porno la trama no es importante –sino el equivalente a las escenas de acción en las películas comerciales–, en Pleasure la dirección de fotografía fue compuesta desde dos ángulos fundamentales.

En las escenas de sexo del filme donde debieran estar las imágenes de vulvas y penes aparentemente reales exhibidas por el porno tradicional, Thyberg y Sophie Winqvist (cinematógrafa) optaron por montar una serie de planos descarnados del proceso que viven los actores y actrices de la industria del porno para filmar dichas escenas, siempre con la mirada en los personajes femeninos, que es al fin y al cabo el mayor interés de la cineasta.

La segunda forma de mirar cinematográficamente en el filme está centrada en la vida de Bella Cherry. Estas son escenas contemplativas con planos medios y generales en los cuales la protagonista solo deja correr el tiempo, pero es en esta composición cinematográfica donde se descubre la complejidad del personaje interpretado por Kappel. Lo que está montado de forma tal que parezcan escenas de rellenos corresponde a los momentos de humanización de esta actriz/personaje que ha sido cosificada, objetualizada e incluso violada.

Thyberg no deja un manifiesto vacío sobre la industria pornográfica. Como producto audiovisual le interesa a la directora mostrar sus entresijos para desmontarlos de una manera racional, pero también le importa ir más allá en los juegos de roles y poder que se establecen en las relaciones sexuales. Además, el filme intenta no crear una sola idea de la pornografía o de estos roles de poder.

Las posiciones de poder entre los seres humanos existen tanto en la vida pública como en la que es considerada privada. Pero concurren grandes diferencias entre asumirlas libremente y estar subyugados a ellas. Y de esto también habla Pleasure.

La película contiene dos escenas fundamentales en la demostración de los roles de géneros y el poder asociados a conceptos biologicistas. En la búsqueda de la pornografía como expresión audiovisual y artística, Pleasure indaga en los territorios sadomasoquistas, en el bondage y sus variantes orientales como el shibari. En estas secuencias del filme de Thyberg y, a su vez, de la película dentro de la película que rodará Bella Cherry, todo ocurre en un espacio seguro.

La directora del filme diegético, también una mujer –lo cual no es ninguna casualidad–tiene preparado un set para que la actriz se pueda sentir cómoda y tenga la posibilidad de decir si la cuerda le aprieta mucho. Bella Cherry tiene a su disposición una palabra de seguridad para que su coestrella masculina pare, en caso de que ella se sienta incómoda. Incluso su compañero de rodaje intenta disimular la dureza de los azotes que le dará a Bella mientras esté en escena. Aunque no ocupa mucho tiempo en pantalla, lo que podría ser el resultado final de este filme erótico, sí da a entrever que el mismo pudiera estar más centrado en mostrar el placer femenino real y no a la actriz porno como vía de satisfacción masculina.

Esta escena contrastará con la que seguirá casi a continuación, en la que Bella, al sentirse tan aparentemente protegida, decide que los roles sumisos dentro de la pornografía son lo que la pueden caracterizar como actriz, y le solicita a su agente que le busque más producciones de este tipo. Los deseos de la joven sueca se verán completamente malinterpretados con el próximo trabajo al que le toca asistir, el cual se enmarca en el llamado “porno duro”, que no es más que una calificación para intentar naturalizar la violencia contra la mujer como parte de los juegos sexuales.

La escena se articula a través de una banda sonora que le quita el protagonismo a la imagen violenta que, más allá de la denuncia, puede caer en el morbo y la espectacularización de la violencia hacia la mujer.

Durante este camino de rodajes y compenetración con sus compañeras de trabajo, Bella siempre ha tenido una meta clara: llegar a ser una estrella porno. Durante todo el filme, en la actuación contenida de Kappel, se intuye que esta aspiración, más que un deseo de triunfo, alberga una esperanza de seguridad. La joven actriz ha visto como son supuestamente tratadas las mujeres calificadas como estrellas de la industria, específicamente aquellas que pertenecen a cierto representante.[3]

Como parte del relato Bella Cherry logra su meta, pero solo para darse cuenta de que esta protección y respeto son un espejismo. En esta última etapa del filme, Thyberg vuelve a discursar sobre los roles de géneros y cómo estos se construyen sobre la base de un falocentrismo biológico que se convierte en simbólico.

Mediante un cinturón con un dildo (strap on), la actriz se convierte en todos esos hombres a los cuáles ha tenido que soportar, que la han tratado como una muñeca de orgasmos mal fingidos, que la han infantilizado a través de las diferentes escenas que ha rodado. Y se venga de ellos. Pero el objeto de su venganza es su par genérico. Los embates de la violenta penetración los sufre otra mujer, Ava Rhoades (Evelyn Claire), aquella estrella a la que Bella conoció en una sesión fotográfica y aspiró a tomar su lugar algún día.

El cierre urobórico que vive Bella Cherry no solo es una premisa del relato cinematográfico estándar, sino que se convierte en una perfecta ilustración simbólica de cómo funciona el sistema patriarcal en sentido general, pero específicamente dentro de la industria del cine porno, el cual supuestamente está dedicado al placer. Mas, dentro de este entorno las mujeres, además de objetos, serán convertidas en antagonistas, incluso cuando estén simulando darse placer una a la otra.

Desde hace mucho tiempo, en espacios virtuales sobresale la frase de que el porno es ficción. Ninja Thyberg ha encontrado dentro del propio cine la mejor forma de reafirmar dicha concepción y también denunciar las realidades existentes dentro de estas ficciones.


Notas:

[1] Las críticas por parte de colectivos y activistas feministas a este purplewash que intentó hacer Pornhub no demoraron en expresarse, pues cuando menos resultaba hipócrita que el sitio web que tuvo que eliminar en 2020 más de 10 millones de vídeos tras descubrirse que alojaba violaciones, incestos y abusos a menores, ahora se hiciera eco de la conmemoración por el Día Internacional de la Mujer.

[2] Denomino pornografía mainstream a aquella que es un material audiovisual coitocentrado y que enfoca la mirada en proveer placer fundamentalmente al público masculino, objetualizando a la mujer y exacerbando su rol sumiso dentro de la relación sexual.

[3] Este representante es Mark Spiegler, quien se interpreta así mismo. Un agente de talento estadounidense para actrices pornográficas y fundador de las Spiegler Girls, a menudo considerada una de las principales agencias de la industria del llamado cine para adultos.

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