‘Manual para convertirse en un arquitecto radical’, Adrián Labaut

Según Iván de la Nuez, “los cubanos han cancelado el contrato entre cultura nacional y territorio”, y por tanto la producción cultural cubana ya no sólo radica en la Isla. La obra de Adrián Labaut, aunque poco conocida, ilustra uno de los vértices más filosos de la arquitectura cubana contemporánea. Estudió Arquitectura en la CUJAE, continuó sus estudios en Milán y actualmente radica en Madrid. Su trabajo a través de manifiestos, esculturas, collages, y proyectos utópicos y reales, demuestra un sostenido posicionamiento radical hacia la disciplina, aunque él asegura que “radical”, e incluso “arquitectura”, ya son palabras muertas.

A pesar de haber logrado reconocimiento en el circuito internacional de arquitectura, aún no has podido construir tu primer edificio. Sin embargo, tu obra construye interesantes conceptos espaciales y narrativos. ¿Crees que los arquitectos están obligados a construir, o la ficción puede ser suficiente?

Antes que todo muchas gracias por la entrevista, Fernando. Tengo que aclarar que, esto de dar respuestas concretas a preguntas tan complejas, para mí es difícil, porque cuando formulo una respuesta estoy simultáneamente pensando en otras que la contradicen, pero trataré de ser un poco coherente. Igualmente, todas mis ideas son muy personales, abiertas a la crítica.

Esta es una muy buena pregunta en la que he estado pensando últimamente. Peter Eisenman, en varias entrevistas, ha repetido como Manfredo Tafuri una vez le dijo que si un arquitecto no construye nadie tomará sus ideas en serio. Este modo de ver la profesión siempre ha estado relacionado con la imagen del arquitecto como una figura autoritativa, y el arquitecto como “maestro” es ya algo del pasado. Mi respuesta más concreta sería que no, no estoy convencido de que los arquitectos estén obligados a construir nada. Muchas veces el acto de construir es fruto de la necesidad de ser visto, de afectar de una manera u otra el contexto. Claro que eso lo puedo decir hoy, porque la arquitectura, como todo, está sujeta a cambios. La ficción muchas veces es suficiente. Para mí la arquitectura vive en el proceso, las ideas, los conceptos. Me gustaría más asociar el concepto de construir con conectar, transformar, potenciar. Muchas veces esto se puede lograr sin construir. Igualmente, si pensamos en el dualismo realidad-ficción, asociando la realidad con lo construido y la ficción con su representación, veríamos que el mapa, que contiene todas las posibilidades, precede al territorio, y el territorio luego lo simula. Muy pocas veces el objeto construido logra abarcar las potencialidades que el mapa contiene, es algo en lo que deberíamos pensar.

Plaza de los Carros | Rialta
‘Plaza de los carros’, Adrián Labaut

¿Cómo ves tu práctica con respecto a otros estudios de tu generación y en qué trabajas actualmente?

Muchos estudios de nuestra generación comparten una visión muy similar de la arquitectura. La representación, los conceptos, las referencias e incluso las intenciones detrás del proyecto están cada vez más determinadas por una idea globalizante. Estar al tanto de la producción de arquitecturas para mí despierta ahora muy poco interés. En la lista de “Palabras muertas” de Lebbeus Woods, que incluye términos como radicaloriginal y futuro, podríamos ya añadir arquitectura. Me interesa más buscar ideas en otros campos, mientras más disonantes mejor. Actualmente, a pesar de mi primera respuesta, trabajo en equipo en varios proyectos (en ejecución y en planificación), en los que trato de ser consecuente con las ideas que estaba exponiendo. Hay siempre algún concurso o publicación en proceso que me permite llevar la experimentación al límite que yo mismo me pongo inconscientemente. La idea es muchas veces expandir ese límite.

En tus textos hablas de encontrar la lingüística como raíz de relaciones y superponer la narrativa del espacio al propio espacio físico. Este es un tema que me interesa mucho, porque creo que, si algo lleva la arquitectura de exceso en estos días, es la sobresaturación de imágenes con las que hemos anestesiado, con perversa naturalidad. ¿Crees que una arquitectura narrativa, que logre mostrarnos lo que las imágenes callan, sea una clave importante para que la disciplina luche contra su propia banalización? 

Una arquitectura narrativa podría muy bien participar en lo que tú llamas “banalización de la disciplina”. Si esta narrativa es fruto de la traducción errónea de conceptos y de su implementación en cualquier contexto, respondiendo a la misma fuerza “colonizante” de la imagen, sería incluso más dañina. Para mí una arquitectura narrativa tiene que ver con entender la ciudad como un sistema de signos, entre los cuáles el sujeto (la sociedad) es también un signo. Esto nos obligaría a enfocarnos en la relación sujeto-objeto de manera más extensa, la cual conforma la base del “estar en la ciudad”. Extrañamente y en detrimento de las posibilidades del arquitecto, la relación sujeto-objeto es raramente mencionada en una facultad de arquitectura, como muchos otros conceptos que deberían ser estudiados antes de hablar de espacios, luz o clima. La ciudad como “sistema de signos” significa también que habría que hablar de relaciones entre objetos, estrategias de interacción sociales, materiales, programáticas y contextuales. Hay muchos actores que determinan la experiencia de la ciudad; representarlos, articularlos y potenciarlos, es para mí crear una arquitectura que no depende de la construcción, que busca ser un sistema (muchas veces invisible), más que un ícono; aunque una cosa no niegue la otra. Eisenman se refiere a la idea de “desmotivar el signo” (“unmotivate the sign”), con esto alude a la separación del signo de cualquier función o significado. Se trata de desligar el signo de su significado para luego involucrarlo en otro sistema con una narrativa determinada.

PP. Green | Rialta
‘PP. Green’, Adrián Labaut

Siempre al observar tu obra he encontrado relación con la obra del escultor Gonzalo Fonseca. ¿Conoces su trabajo? En tus maquetas y esculturas existe una bella paradoja formal entre el exceso y el defecto. Me gustaría que me hablaras de tus obsesiones personales basadas en la forma y cuáles son los artistas que han sido fundamentales en la construcción de tu estética.

Me encanta la obra de Gonzalo Fonseca y es uno de los artistas a los que recurro de vez en cuando. Lo que yo veo en él, que para mí también es una obsesión, es la intención de transformar el objeto, reutilizarlo, marcarlo, atravesarlo y modificarlo mediante intervenciones mínimas. Es evidente que la arquitectura usa una porción muy restringida de las fuentes potenciales que tiene a su disposición. Las limitaciones son mayormente materiales y culturales. Yo intento ver el objeto y su entorno como un modelo dinámico inmaterial, las operaciones que se pueden efectuar sobre este nunca son definitivas y, por lo tanto, el objeto nunca descansa. Intento producir una arquitectura que pueda ser entendida como un objeto complejo (en su ficción), y permita al observador leerla como espacio real e imaginario a la vez.

La forma fue durante algún tiempo una obsesión, ya no lo es, porque el signo icónico es al significado lo que la arquitectura al concepto: un fin necesario, a veces, otras no. El bagaje de conocimientos que ya tenemos es casi siempre nuestra mayor limitante a la hora de explorar el universo estético, ya que nuestro “gusto adquirido” nos lleva a buscar ciertas imágenes que ya han sido asimiladas y están enraizadas en nosotros, dejando fuera un mundo de posibilidades. Entre los muchos artistas que han influido en mí están, por sólo mencionar algunos: Robert Smithson, John Cage, Iannis Xenakis, Gordon Matta-Clark, Robert Rauschenberg, Constant Nieuwenhuys, Marcel Duchamp, Sol LeWitt.

After war shelters 3 | Rialta
‘After War Shelters’, Adrián Labaut

En una entrevista dijiste que el proceso de creación nunca debe ser guiado por términos políticos o morales. Sin embargo, la arquitectura ha sido una herramienta de la política y de la moral por siglos. ¿Cómo llevas esta autonomía en un momento como el que vivimos y siendo cubano, cuando todo parece indicar que el peso del afuera es inevitable?

Mi opinión ha cambiado bastante con respecto a este tema. Desde el punto de vista histórico es indiscutible que la política es uno de los tantos actores que condicionan la producción de arquitecturas. Para Pier Vittorio Aureli, en el propio acto de creación de la forma, dada su intención de “separar y ser separada”, la arquitectura se revela a sí misma como forma política. Política e ideología son inseparables de la ciudad, y nuestro contexto es un ejemplo de ello, siendo los bloques de vivienda soviéticos uno de los actos más evidentes. Pero creo que deberíamos distinguir entre lo que ha significado la política históricamente y lo que puede representar ahora. Si la arquitectura se ve como sistema, la distinción y diferenciación entre objetos deja de ser la finalidad para convertirse simplemente en el marco, un marco político, pero marco al fin. La arquitectura que me interesa es un acto tanto de construcción como de extracción, de conexiones enigmáticas entre eventos, de conflicto y cambio; un signo-cero sin bordes específicos.

Proyecto del Jardin de Isola Pepe Verde en Milán | Rialta
‘Proyecto del jardín de Isola Pepe Verde en Milán’, Adrián Labaut

¿Cuéntame de tus años en la facultad de Arquitectura de la Habana y qué significó esa ruptura de comenzar de nuevo en Milán?

Mis años en la facultad de arquitectura de la Habana fueron como los de cualquiera. Las clases se centraban mucho en reconstrucción e historicismo y negaban muchas otras cosas. El libro Proyecto Habana: arquitectura otra vez era uno de esos textos enigmáticos no muy bien recibido por el claustro. No sé si esto habrá cambiado en los últimos años. El acceso a Internet era más complicado y el “repertorio” de arquitectura internacional era bastante inaccesible, se movía entre algunos de manera casi secreta.

En aquel tiempo me daba mucha curiosidad qué tipo de enseñanza se impartía en otras universidades y hasta qué punto los estudiantes de arquitectura cubanos podíamos insertarnos en otro contexto. Para mi sorpresa en el Politécnico de Milán me percaté de que los estudiantes cubanos estamos muy bien preparados, no fue difícil conectar. La biblioteca de la facultad de Arquitectura se convirtió en mi lugar favorito, ahí estaba hasta que cerraba a las 11:45 pm. Milán significó explorar ideas nuevas, participar en algún que otro evento y trabajar en un ambiente muy internacional, cosa que te enriquece mucho, además de tener acceso a información en exceso. Probablemente lo más enriquecedor era el ambiente: las ideas, los conceptos y los métodos de trabajo que se comparten entre gente de tantas nacionalidades te hacen cuestionar tus propias opiniones y explorar constantemente.

Islas públicas Adrián Labaut | Rialta
‘Islas públicas’, Adrián Labaut

¿Estas al tanto de lo que pasa con la arquitectura cubana? Me gustaría saber tu opinión acerca de este incipiente movimiento, y que me dijeras qué es lo que crees que le sobra y le falta para lograr mayor solidez y reconocimiento internacional. 

Siempre estoy al tanto de lo que sucede con la arquitectura cubana, creo que este es un buen momento para ser un arquitecto cubano. Existe un movimiento joven que va a continuar tomando fuerza. Lo más importante desde mi punto de vista es compartir constantemente y sin exclusiones lo que sucede: teorías, conceptos, proyectos, diálogos, entrevistas, exposiciones. Es fundamental crear un movimiento fuerte desde el interior que no tenga como objetivo complacer a un público internacional. Es preferible establecer algo de valor a largo plazo, a perdernos dentro de la producción homogénea global de edificios, por tratar de “encajar”. Otra cosa muy importante es la colaboración con otros profesionales. Los estudios de arquitectura internacional más importantes se han ido transformando por necesidad, ya que la arquitectura como diseño no es capaz de hacer frente a los problemas complejos de las ciudades contemporáneas. La arquitectura necesita cada vez más de la sociología, la arqueología, la inteligencia artificial, la poesía… No debemos esperar a que esta tendencia multidisciplinar esté establecida internacionalmente para asumirla, podemos comenzar a nuestro paso. El respaldo del gobierno es muy importante, yo creo que irá llegando en la medida en la que este movimiento se vaya fortaleciendo, y quede claro que podemos asumir responsabilidades complejas.

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