Nicolás Guillén Landrián y Gretel Alfonso

Esta entrevista a Gretel Alfonso, viuda del cineasta cubano Nicolás Guillén Landrián, fue realizada en su casa en La Habana en el 2021. Es el resultado de una conversación a través de la cual ella se adentró en la intimidad de su existencia, rememorando pasajes de su vida personal; testimonio que puede llegar a ser estremecedor, basado en una realidad por momentos dura, marcada por la incertidumbre. También, por la genialidad artística de Landrián, por la expulsión del ICAIC, la prisión, el manicomio y la convivencia en el exilio.

A Gretel la conocí allá por el año 2007 en la casa de Gabriel Calaforra, un lunes. Allí me mostró los dibujos y poemas de Landrián. Confieso que hasta ese momento no los conocía. A ella me une una amistad personal. Es una mujer apasionada e inteligente, muy elegante en sus maneras y con un sentido del humor muy agudo. Mi curiosidad intelectual nos ha llevado a sostener conversaciones que van desde Felito Ayón –quien fuera esposo de su madre y uno de los promotores culturales más relevantes que ha conocido la cultura cubana– hasta la imprenta en la que trabajó en La Habana Vieja en los ochenta, su amistad con Arturo Cuenca y sus conocimientos de misticismo y jardinería.

Después de la exposición Aunque tú, que curamos Orlando Hernández y yo, con dibujos y pinturas de Nicolás, en el estudio del fotógrafo Juan Carlos Alom, comencé a trabajar en 2018, con la ayuda de Gretel, en una publicación con una selección de su papelería. Hurgando en este archivo de fragmentos encontré cosas increíbles que me hicieron pensar y valorar aún más la personalidad y genialidad de este artista. La relevancia de Nicolás Guillén Landrián para el cine cubano es incuestionable. También ya todos sabemos que fue silenciado y ninguneado. Más allá de la “historia fangosa”, como la llamó el crítico de cine Juan Antonio García Borrero, quería situarme con esta entrevista en otras aristas de su vida que van desde su árbol genealógico, su crítica muy temprana al racismo en Cuba, su pintura y poesía, su personalidad irreverente hasta la vida en el exilio.

Ningún gesto que emprendamos hoy puede reponer la censura, y mucho menos el ostracismo al que fuera sometido Nicolás Guillén Landrián. Esta entrevista recoge pasajes de su vida que revelan una personalidad transgresora, visionaria y poética, y nos permite entender su obra como parte de un proceso histórico lleno de contradicciones.

¿Por qué tomaste la decisión de regresar a vivir a Cuba después de la muerte de Nicolás en julio de 2003?

En medio de aquel dolor, Guillén me dijo: “¿qué vas a hacer cuando yo muera?”. Y a continuación, como quien sabe medir el tiempo dijo: “retorna a La Habana, Gretel”. Como si leyera en el fondo de mí. Como si me quitara un peso de arriba, un documento oral. Hasta que encontré esta idea factible, ¡retornar!, no descansé. Reposar sus restos y a mí misma allí donde el origen.

¿Qué sentiste al llegar a Cuba?

El suelo natal es como una madre, hay algo profundamente familiar en la tierra, en la tierra natal. Cuando arribamos, me sentí como si tuviera una herida en la raíz, una herida sangrante. No hay hogaza como la casa, ningún lugar como el hogar. El corazón en puño, la tristeza y la nostalgia nunca me abandonaron en el exilio.

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¿Pensaron retornar juntos en algún momento, valoraron esa posibilidad?

Sí. Iniciamos alguna gestión sin resultado. Nicolás dictó una carta familiar allá por el 94. Cuando por fin obtuvimos la residencia norteamericana tan tarde como el 2002 y pudimos pagar los pasaportes cubanos, el de Nicolás lo entregaron con una inhabilitación oficial: su nuevo pasaporte exhibía una pez negra en la portada.

¿Viniste en esa ocasión?

En mayo del 2003 estuve una semana en La Habana.

¿Cuán difíciles fueron los trámites para regresar, que estatus legal tenían ustedes?

La mayoría del tiempo tuvimos el estatus de refugiados con derecho a acceder a un número de seguro social. Esto cambió cuando, gracias a la benevolencia y la amistad del amadísimo Enrique Selva de León, pudimos acceder al documento de la residencia norteamericana, que había estado atascado desde 1991 en algún pasillo del Departamento de Emigración, y sin el cual se hace imposible mandar a hacer un pasaporte cubano o viajar a Cuba. Comprendí que mi vuelta a la isla subsanaba el retorno vedado a Nicolás en los últimos días de su vida.

¿En qué año se conocieron ustedes?

Nos vimos por primera vez en 1968. Me impresionó su estampa arcangélica, posó su mano leve en mi cabeza. Volví a verlo a mis trece años, para entonces tuve la certeza de que iba absorto y triste y dije como en un sueño: “me voy a casar con ese hombre”. Por allá por 1985 tuve un encuentro fortuito con su padre, el doctor Francisco Esteban Guillén Batista. “Si mi hijo te ve se casa contigo”, profetizó. Finalmente, Adriana Belmonte Vidal, periodista jubilada de Prensa Latina, hizo las presentaciones formales en su apartamento de B en La Puntilla. Ese día de 1987 él llevaba unos pocos días fuera de Mazorra. Eran muy visibles las heridas dejadas por los electrodos en las sienes y su reciente salida de una reclusión forzada.

¿Para entonces conocías su obra fílmica?

Sí, iba mucho al cine.

Un día fui al Yara porque exhibían una película que quería ver, pero resultó que antes rodaban un documental. Venía después del Noticiero Latinoamericano, que siempre ponían, y la película de ficción por la que fui. Y para mi sorpresa, proyectaron un documental de Guillén. Fue tan bueno que la gente aplaudió. Ya en ese momento que esto pasara era extraordinario, porque no ponían su obra ni la anunciaban.

¿Recuerdas cuál documental?

Retornar a Baracoa (1966). Guillén organizó para mí, antes de nuestra salida de Cuba en noviembre 1989, una proyección en moviola de todos sus filmes disponibles.

¿Cuál era la relación de Nicolás Guillén Landrián con su tío, Nicolás Guillén?

Landrián escuchó por primera vez la poesía de Nicolás Guillén en la voz de su padre, Francisco, en el Camagüey republicano. Amaba mucho ser sobrino del poeta. Sentía una admiración jubilosa por los versos del tío. Y los conocía profunda y profusamente. Landrián sentía un cariño excepcional por toda su familia.

Sin embargo, Nicolás Guillén estuvo forzosamente distanciado de su sobrino. Como sabes, fue comprometido con un cargo nominal en el Comité Central [del Partido Comunista de Cuba]. Llegó el tiempo en que a Landrián lo paraban en la puerta de la UNEAC cuando iba a verlo. Recién estrenaban los Cuerpos de Vigilancia y Protección (CVP) en la institución. Entonces Landrián optaba por ignorar a los guardias, daba la vuelta por detrás o brincaba por un lateral. El tío en ocasiones salía a su encuentro y lo conducía a su despacho. Otras veces lo recibía en el apartamento donde vivía cerca del malecón.

Un día el poeta le dijo a su hermano Francisco: “vas a tener que quitarle ese nombre a tu hijo”. Y el padre de Nicolás le respondió: “pero ese es el nombre de mi padre también”. Parece que lo tenían cansado con quejas de que quizás querían entramparlo también.

Resulta que Nicolás III tenía, entre todos los descendientes, el parecido más acusado con el abuelo (también en los destinos).

Nicolas Guillen Landrian 1 | Rialta
Nicolás Guillén Landrián

¿Qué te contaba él de su familia?

El abuelo paterno integró el Ejército Mambí. Se llamaba Nicolás Guillén Urra. Antes de la Guerra del 95 ejerció el oficio de orfebre. Después de la guerra fundó la imprenta y el periódico Las Dos Repúblicas, donde escribía editoriales. Durante la guerra alcanza el grado de alférez trabajando en un hospital de sangre junto a Rosa la Bayamesa, a quien dio hospitalidad al terminar la guerra. Electo senador por el Partido Liberal en Camagüey, alzado en la guerra de 1912, es asesinado a traición en ella. No sé si sabes que el padre de Nicolás, Francisco Guillén y su tío, el poeta, fueron tipógrafos y cofundaron una revista literaria. Francisco Esteban se hizo abogado en dos años, fue el primero que ingreso al Partido Socialista Popular, se casó con Adelina, su novia durante catorce años, inmediatamente después de poner un bufete privado de abogado para el pueblo de Camagüey. Participó con maestría y con sus argumentos en la victoria que fue el diferencial azucarero; no cobro un centavo por ello. Ambos fueron activistas del Comité Nacional Organizador de la federación de las Sociedades Negras por Camagüey, la que en algún momento presidió. Los padres eran amigos de Fidelio Ponce, Miguelito Valdez, Wifredo Lam, Juan Marinello, Olga Guillot, Jesús Menéndez.

Adelina Landrián Montejo era hija de Paula Montejo y de un oficial del Ejército Mambí, el capitán Landrián. Contaba Adelina que su abuela fue esclava, y que, a punto de culminar el embarazo, llamó a los amos y declaró ante ellos preferir matar al recién nacido antes de verlo esclavo. Por eso su hija nació libre. Adelina estudió en un colegio de monjas católico. Tenía oficio de sastre y hacía decoraciones de interiores. Fue fundadora de la primera Federación de Mujeres Cubanas, en tiempos de la presidencia de Grau San Martín. Nicolás conservaba una foto de ella con sombrero al lado del presidente Grau en el primer acto público de las organizadoras de dicha federación.

¿De qué manera Nicolás comienza a hacer cine? ¿Cómo llega al ICAIC?

Hay una filmación en Zanja, en el restaurante El Paraíso, con una cámara que le regala Adelina, una Súper 8.

Muy a principios de la década del sesenta, lo expulsan del ICAP [Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos], luego de la Escuela para Diplomáticos. Su mujer en ese entonces, la uruguaya Cristina Dalma Lagorio, es quien le anima a presentarse al anuncio del ICAIC para diferentes plazas. Allí comienza como asistente de producción, pero al pasar unos meses se cansó de ese trabajo. Entonces el ICAIC había lanzado una convocatoria de cursos para nuevos realizadores. Los impartirían dos documentalistas muy importantes: el danés Theodor Christensen y el holandés Joris Ivens. Se presentó a la prueba de aptitud y quedó entre los seleccionados. Nicolás por entonces fue asistente del señor Oscar Valdés a quien siempre quiso, respetó y admiró. Después realizó algunos cortos para el Noticiero ICAIC y luego sus documentales.

¿Qué te contaba el de sus años de trabajo en el ICAIC?

Entre 1962 y 1972 Guillén Landrián hizo dieciséis documentales, en condiciones muy tensas y sin muchas consideraciones laborales por parte de la industria. A razón de dos por año. En ellos realizó el guion, la edición y siempre seleccionó o creó la música. Con ellos ganó premios a la opera prima, la Espiga de Oro, premios en Tours y en Cracovia. Siendo autor de esos documentales, nunca le enviaron con sus realizaciones a ningún festival para que no se vinculara con otros cineastas o lo conocieran. Casi no le enseñan la Espiga de Oro, y el premio en metálico nunca lo vio. Sin embargo, Alfredo [Guevara], en una cena en el Emperador a la que invitó a sus directores premiados, llamó a Nicolás “maestro”, cuando dijo las palabras para el brindis.

Estuvo vinculado administrativamente a la industria hasta un día que le exigieron dejar de ir a trabajar la jornada de ocho horas hasta que lo llamaran. Desobedeció y le impidieron físicamente la entrada. Después de esto, era cuestión de tiempo que se viera perseguido y proscrito, aunque desde antes ya lo vigilaban. Un día le entregaron, en un oscuro pasillo, la primera medalla de la lucha clandestina.

También me contó que una vez, ante la escasez de ropa que había, Adelina le cosió un traje blanco. Se lo puso para ir al ICAIC. Cuando llegó, Alfredo [Guevara] estaba parado en la puerta del edificio y le exigió que fuera a cambiarse de ropa para entrar a trabajar.

Julio García Espinosa dio en tacharle de incoherente con el contexto. Pedía su criterio en los Cinedebates y después de que Nicolás se lo daba sacaba una fosforera en forma de pistola, le apuntaba y mascullaba: “estás hablando marihuana”. En algún punto, Guillén dejó de asistir a los debates, ya no eran creativos. Y ellos respondieron haciéndolos de obligatoria asistencia para el personal creativo. A la vez, la entrada dejó de ser libre a todo el público en general. Los Cinedebates se hicieron un marcador de normas ideológica y de asedio al libre pensar.

En el ICAIC, Landrián fue acusado absurdamente de salida ilegal del país. Lo recluyeron en una granja de Isla de Pinos donde sufrió los primeros brotes de esquizofrenia. Era el año 1966. Después vendría el dictamen de un médico argentino por el que lo sacaron de allí. Lo llevaron esposado, descalzo, con un saco por arriba del uniforme, de Nueva Gerona al aeropuerto de La Habana. Y de allí a una sala para presos del Hospital Militar, donde otro médico porteño dijo que no podía estar recluido. Ahí mismo recomendó enfáticamente reclusión domiciliaria. Luego, ya preso en su domicilio, telefoneó a Theodor Kristensen, y llorando le dijo que quería seguir haciendo cine. Así, bajo esas circunstancias, lo cita Alfredo a su despacho, a donde llega acompañado por un guardia. Alfredo Guevara encarga Coffea Arabiga, estamos en 1968.

La expulsión definitiva llegó con el ostracismo y la desvinculación. Solo quedaba que la copa se llenara: la prisión, el manicomio y el exilio.

¿Por qué lo expulsaron del ICAIC?

Según estaba escrito en el acta de expulsión, por mala relación con sus compañeros de trabajo y por incosteable. El padre de Guillén apeló ante los tribunales laborales y ganó. Aquello fue un punto de no retorno. Guillén encontró imposible regresar. Me dijo que el ICAIC endilgaba la clasificación de personal dirigente administrativo a los directores de cine.

¿Cuánto marcó y afectó sus vidas la expulsión del ICAIC?

Al ICAIC limpiarse las manos, Nicolás quedó a merced de la policía y de los órganos represivos del Estado. Al margen y con aquella marca civil, se dispuso con aire sosegado a la pintura y la poesía. Entonces vinieron los procesos absurdos de salida ilegal del país por visitar una sede diplomática donde tenía novia y los tres meses en Villa Marista sin sol con las interrogaciones encargadas al teniente Loret de Mola. El oscuro proceso por planes de atentado contra el primer ministro terminó siendo insostenible y derivó en otro por diversionismo ideológico, y luego en otro por peligrosidad, por el que termina finalmente condenado a ocho años de cárcel. Ya para 1987 ocurrían cosas muy descabelladas a nuestro alrededor. Nos paraba la policía constantemente en la calle y le ponían multas por el deterioro del librito aquel que funcionaba como carnet de identidad. También, cuando menos te lo esperabas, se aparecía un policía y le decía: “el jefe de unidad pide que te presentes, acompáñame”.

A mí me tocó vivir a su lado los finales de la campaña de burla sórdida y de hipervigilancia. Para entonces, Nicolás tomaba catorce pastillas sicotrópicas prescritas por un médico de Mazorra. Imagínate tú lo que es vivir vigilado, amenazado con privación de libertad.

¿Alguna vez te contó sobre la prisión?

Todo. Guillén siempre me dijo, “la cárcel se siente en la piel como una aridez de cemento sin repellar”, y me pasaba brevemente las uñas por su brazo: surcos secos, abrasivos. En una sección de presos comunes, el mandante de galera lo tiró al suelo, le plantó la rodilla en las costillas y se las partió. Todavía cuando me fui a vivir con él, los dos pedazos de costillas hincaban puntiagudas y rasgaban la piel desde dentro porque nunca habían sanado. Se quejaba de los dolores, hasta que le puse un régimen de vendajes y sanaron.

¿Te conté alguna vez como Guillén perdió un testículo estando en la cárcel?

A Nicolás le diagnostican una orquitis en prisión, y el doctor le dijo: “eso se cura con hielo, pero aquí no hay hielo”. Y dejaron que avanzara hasta que cayó con unas fiebres y una infección generalizada. Entonces lo llevaron al hospital, lo operaron y le quitaron un testículo, se lo extirparon y le pusieron en su lugar una pelota de yaqui, para que hiciera el peso que hacia el testículo antes. Pasaron años y Guillén decía que le habían implantado un dispositivo que transmitía todo lo que hablaba.

¿Sus primeros diagnósticos de desorden mental sucedieron estando en prisión?

Sí, sus primeras reclusiones psiquiátricas fueron extensivas de su estancia en una granja penitenciaria cuando estuvo en 1966 en Isla de Pinos. Luego lo pusieron en prisión domiciliaria, como te conté.

¿Estuvo ingresado en varias instituciones psiquiátricas?

Después de su expulsión del ICAIC estuvo preso. De la prisión lo llevaron a Mazorra y le dieron dieciséis electroshock. En varias etapas estuvo en el hospital San Juan de Dios, administrado por curas, y en otra clínica de las que hablaba con cariño por su benignidad y los jardines.

Gretel Alfonso y Nicolas Guillen Landrian2 | Rialta
Gretel Alfonso y Nicolás Guillén Landrián

¿Cuál fue el diagnóstico clínico?

Esquizofrenia paranoide

Quisiera que me hablaras de los años vividos en Miami y la etapa de vida en New York.

Miami fue en 1989. La exposición del Museo de Arte Cubano en la calle 13 ave. del Southwest. Los organizadores exhibieron treinta y ocho pinturas, de las doscientas cincuenta que el oficial encargado de la oficina de intereses, Jerry Scott, sacó por valija diplomática. Allí se exhibieron pinturas hechas en La Habana. Afuera del museo en Miami, siete personas se reunieron para hacerle un acto de repudio. Les pasó por la cabeza que Guillén pensaba regresar a Cuba después de su estancia en Miami. La portada de las páginas culturales de El Nuevo Herald del 14 de febrero de 1990 tiene un retrato de Nicolás a toda plana.

Fuimos a New York para obtener el cheque de la seguridad social. Hasta ese momento no habíamos querido gestionar el cheque de la caridad del Estado. Creíamos que podíamos vivir de la pintura.

La primera noche en la ciudad, nos prestaron un apartamento y después estuvimos durmiendo en un sótano que resultó ser un prostíbulo. Luego salimos de ahí y nos fuimos a dormir en otro lugar soterrado que era de una dominicana. Yo comencé a trabajar en una librería, pero a Guillén no le gustaba porque se sentía solo en New York. Él sabía que no podía hacer nada en medio de aquel invierno. Fue durísimo. Sentí que él estaba en peligro fuera de un hospital. Fue una época muy extraña.

Luego de esa amarga experiencia regresamos a Miami. Sin rebajar nunca el espíritu de su personalidad, vagamos por noches interminables en todos los moteles de Miami con tremenda dignidad. Ya cuando uno sabe que está en el abismo, te invade una especie de ecuanimidad que te envuelve y se apodera de ti. Te pones al día en el presente, descartas todo impedimento. Nos dimos a la tarea de desayunar, almorzar y comer en restaurantes. Andábamos con una mochila. Nicolás con una muda de ropa y yo con otra. Las lavábamos cada noche y nos la poníamos un poco húmeda todavía en las mañanas.

¿Crees que Nicolás después de su expulsión del ICAIC tuvo forzosamente que encauzar su pulsión creativa a través de otros lenguajes?

Yo recuerdo a Nicolás siempre dibujando, diciendo versos. Él memorizaba todos sus poemas. O sea, la poesía en él era una forma de didascalia contra cualquier intento de borrar su memoria y de violentar su sensibilidad. Recuerda que cuando lo expulsan del ICAIC, en plena facultad creativa, lo estaban privando de hacer lo que más le gustaba: cine. Cuando tú revisas sus poemas te das cuenta. “Cuanto nos cuesta el alba” fue escrito en el Combinado del Este. “La fuga de la lagartija” fue escrito en el Hospital Psiquiátrico de Mazorra.

No puedo evitar preguntarte sobre su pintura.

Nicolás desde niño conoció y se relacionó con pintores. No sé si sabes que tenía una amistad a través de su madre con Fidelio Ponce y que en su adolescencia ayudó a Wifredo Lam a mezclar colores. También frecuentaba el taller de Portocarrero. Cuando vivíamos juntos, Nicolás no paraba de pintar, corriente indetenible del cerebelo a la mano, según decía el mismo. Pintaba cosas bellísimas y apenas dormía. Trabajaba enormemente y casi bajo cualquier circunstancia. Fundamentalmente sobre papel.

¿Dejó obras en colecciones privadas? ¿Podrías nombrarlas?

En Cuba, adquirieron obras diplomáticos de la embajada italiana, británica y una pareja de hosteleros suizos que compró una colección completa para las paredes de su hostería. También, el grabador José Posada, Django Reinhardt, un periodista de la France-Presse. Pero tengo más nombres en las agendas: Pablo Milanés, Tomas Gutiérrez Alea, Jerry Scott. En Florida: el eminente doctor Federico Justiniani y su esposa María Sagué, el hermano de María y su esposa Pía. El alcalde Eric Maspons, el señor Rolando Conesa y su esposa, la señora Daysi Morales Delgado, el Baron Giulio Blanc y su mamá, la Baronesa Blanc, la Sra. Dolores Smithies, Gustavo Godoy Jr., la Sra. Carmen Menéndez de Echemendía y Santiago Echemendía Orsini, Nicolás Ríos, Vera de Cárdenas, Alberto y Rosi Fontoba, la Sra. Toti Martell, los señores Arellano y Cesar Oñate, el galerista Domingo Padrón, la Sra. María McCormick, los señores Plato y Tete Mavroulis, Richard Aschinger, la Sra. Elena Aizcorbe, María Elena Toraño, el galerista Alfredo Martínez, Alfredo Durán, María Elena Prío, Selma Neumann, Malula Zaldívar, las señoras Gilda Alfonso y su hija Ginny.

¿Recuerdas cuándo volvieron a ver sus películas luego de la expulsión de del ICAIC en 1972?

En 1999, la escritora cubana Zoé Valdés y el cineasta Ricardo Vega, su esposo entonces, enviaron de París a Miami un CD con películas censuradas en Cuba. Estaban PM y Coffea Arábiga, además de una entrevista a Guillermo Cabrera Infante conversando sobre PM. Le escribieron pidiéndole permiso a Guillén para distribuirlas libremente. Le preguntaron si él tenía sus películas y él les dijo que no. Entonces le dijeron que le iban a mandar algunas en VHS, y así lo hicieron.

¿Y su último documental: Inside Downtown?

Es un documental del 2001, y fue una obra en colaboración con Jorge Egusquiza, amigo de juventud y condiscípulo además del hijo de Nicolás, que por entonces concluía sus estudios de cine en Miami. Nosotros estuvimos viviendo en el Downtown, pero el Downtown por entonces no era lugar para vivir. El Downtown en ese momento era un centro financiero y comercial, y por las noches se convertía en un sitio fantasmal. Las locaciones de este documental están estrechamente ligadas a nuestras vivencias. Inside Downtown se filmó en VHS. La cámara y la producción corrieron a cargo de Jorge. Fue mención especial en el Festival Internacional de Cine de Uruguay en el 2001. La premier fue en el teatro del Miami Dade Community College. Años después, se estrenó en Cuba como parte de la exposición de Nicolás, Aunque tú, en el Estudio 8, de Juan Carlos Alom, la que curaron tú y Orlando Hernández.

Nicolas Guillen Landrian | Rialta
Nicolás Guillén Landrián

El redescubrimiento de los documentales realizados por Guillén Landrián fue uno de los acontecimientos más notables en la historia del cine cubano de las últimas décadas. Manuel Zayas digitalizó muchas de las copias de las películas que hoy circulan.

Valoro mucho el trabajo arqueológico de Manuel Zayas quien en el 2003 terminaba sus estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños. Su tesis fue un documental biográfico sobre Nicolás: Café con leche. Siempre me ha parecido insólito cómo encontró los documentales de Guillén en los caóticos archivos del ICAIC y los digitalizó. Unos años después esas mismas copias aparecen deterioradas y llenas de hongos, algunas están literalmente perdidas y solo queda la copia digital que hiciera Manuel de algunos originales como Desde la Habana, 1969. Nadie ha vuelto a ver Congos reales, El Morro, Para la comprensión de la exposición.

¿Entonces hay una parte de su obra como documentalista que se perdió?

Nicolás filmó algunos documentales que están perdidos desde el inicio, como El Morro (1963), con el fotógrafo Livio Delgado. Ya no existen en los archivos ni El son (1972), ni Rita Montaner (1964) ni Congos reales (1962) ni Para la comprensión de la exposición. Por suerte, Manuel encontró y digitalizó Desde la Habana, 1969, recordar (1970). Ahora mismo este celuloide original está perdido. Ese es un documental que tiene la singularidad de que Guillén rayó con su mano el celuloide como un abstracto cinético.

¿Durante todas estas décadas, no ha existido interés por parte del ICAIC de restaurar y editar con calidad profesional la obra fílmica de Nicolás Guillén Landrián?

Más que ausencia de interés, hubo una facción que insistió en omitir la existencia y la organicidad de su obra fílmica. Un intento de borrar su mirada de la realidad, ese archivo de imágenes filmadas por él, constituía un patrimonio visual de este país, aunque algunos se negaran en reconocerlo desde la misma institución. ¿No te parece contradictorio que, después de haber sido expulsado del ICAIC, sus documentales fueran incluidos en una muestra de cine cubano organizada por el mismo ICAIC en la cinemateca francesa?

El ICAIC es una entidad jurídica y tenía los derechos de esa producción. Cuando tú piensas en los costos de la industria de cine, te das cuenta de que fue preferible obviar esa realización que mostrar su valor artístico. Nicolás era incómodo estéticamente, les generaba una escandalosa contradicción. Era preferible descartar la inversión a hacer visible su obra.

¿No crees que haya pasado ya demasiado tiempo?

Su obra siempre es contemporánea. Mejor tarde que nunca. Existe el riesgo de perder para siempre el soporte original en que fue realizada, el celuloide.

Sin dudas los archivos pueden abrir nuevas posibilidades para la investigación del pasado. Háblame de la papelería de Nicolás aún inédita.

La casa de Nicolás fue violentada por la Seguridad del Estado. En los operativos requisaron libros, discos, pinturas originales, cuadernos, documentos, etc. Lo que conservo es lo que tú estás revisando para armar la publicación que quieres hacer. He cuidado de este material en la medida en que me ha sido posible, después de los avatares de mi vida hasta regresar a La Habana.

¿Cuánto conservas y cuánto se ha perdido?

En los Estados Unidos se quedaron muchas cosas. El que anduviéramos trashumantes de un lado para otro hizo que Guillén dejara atrás todo lo que le hacía de impedimento: fotos, papeles, notas, libretas, dibujos, lienzos. Todo eso se perdió cuando teníamos que cambiarnos de un apartamento a otro, cuando nos desahuciaron y cuando pusimos todo en un storage que luego perdimos porque no priorizamos pagarlo. Perdí un poemario dedicado a mí, escrito en New York. Ha sido una de mis grandes pérdidas.

¿De qué murió Nicolás?

Nicolás muere de cáncer en el páncreas el 20 de julio del 2003 a las 9:20 p.m., en el Mercy Hospital de Miami, al lado del agua.


* Esta entrevista será incluida como anexo en el libro aún inédito que recoge cartas, notas, poemas y dibujos de Nicolás Guillén Landrián y que publicará Ediciones*.

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Yornel J. Martínez Elías (Manzanillo, Cuba, 1981). Estudió Artes Visuales en el Instituto Superior de Arte (2002-2007). Ha desarrollado su trabajo próximo a las prácticas conceptuales, a través de formalizaciones técnicas y materiales diversos. Cofundó, con el escritor Omar Pérez en 2009, la revista collage P-350. Y, en 2015, Ediciones *, una plataforma de publicación concebida para textos de diversas categorías y formatos: fanzines, marcadores, postales, libros de artista. Reside y trabaja en La Habana.

4 comentarios

  1. Extraordinaria entrevista que brinda luz sobre una figura lamentablemente desconocida para la mayoría. Esperamos la
    publicación de la misma.

  2. Tan cerca todo y todos, leer esta entrevista me ha dejado en pauta, congelada en unas vivencias casi fantasmales, gracias por compartir 🙏♥️

  3. Agradecida por esta impactante entrevista, por abrir la vida de esta persona ninguneada por esa mediocridad que no perdona el talento y la inteligencia. Suerte de las redes que nos permite el encuentro y el conocer a pesar de todo.

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