Wifredo Lam y Ana Mendieta, entre los artistas latinoamericanos más influyentes del siglo XX

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Sin título (Árbol de la vida), de la serie ‘Siluetas’, Ana Mendieta, 1976

Otra lista de Artsy, que esta vez elige a las veinte figuras del arte latinoamericano del siglo XX que mayor influencia han ejercido sobre otras generaciones de creadores, críticos y curadores, incluye al pintor Wifredo Lam y a la fotógrafa y performer Ana Mendieta. Junto a ambos artistas cubanos figuran la chilena Luz Donoso, el argentino Feliciano Centurión, el venezolano Jesús Rafael Soto, la brasileña Tarsila do Amaral y los mexicanos Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros, entre otros.

La autora de la lista, la escritora y experta en artes visuales, Alex Santana, justifica la pertinencia de su elaboración en la marginación que frecuentemente han sufrido los artistas latinoamericanos en la historia del arte occidental del siglo pasado. La nómina, que no aspira a ser exhaustiva y no incluye artistas vivos, ha tenido en cuenta, según declara Santana, a aquellas figuras que han “configurado su propia esfera de influencias –independientemente de tendencias surgidas en Europa y Norteamérica– que acaso son menos conocidas en el canon”.

Así es presentada la semblanza de Ana Mendieta:

“La práctica artística de Ana Mendieta cuestiona las marcas estáticas de identidad genérica, la expresión sexual y la conexión de la humanidad con la Tierra. A los doce años, Mendieta fue exiliada de Cuba y enviada a vivir a los Estados Unidos dentro de la Operación Peter Pan (un traslado masivo de niños sin acompañamiento, muchos de ellos hijos de quienes suponían una amenaza al régimen de Castro). Mendieta pasó parte de su niñez en un orfanato de Iowa, y eventualmente recibió una formación artística en la Universidad de Iowa. Fue durante este período temprano cuando empezó a utilizar su propio cuerpo a través del performance. Su práctica multidisciplinaria incluye performance, fotografía y videoartes que abordaban las complejas implicaciones entre los cuerpos, la Tierra y la muerte. En piezas icónicas e híbridas como sus series Siluetas (1973-1980) y Esculturas rupestres, Mendieta se valió de muescas, incisiones y ausencias para representar las reverberaciones del cuerpo en paisajes naturales (especialmente de cuerpos femeninos, deidades y figuras matriarcales). En su cosmovisión –deudora de prácticas religiosas indígenas y afrocubanas, así como de su experiencia del desarraigo y la diáspora– el nacimiento y la muerte comienzan con la sangre, el fuego es sustento pero también destrucción, y el agua fluye corriente abajo, con independencia de la intervención humana. Mendieta murió a los 36 años en Nueva York. Sin embargo, a pesar de ese trágico fin, su obra sigue inspirando a los espectadores de hoy.”

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