Isla de Rita Montaner, Aida Diestro y Mercedita Valdés, Felipe Alarcón Echenique, 2018
‘Isla de Rita Montaner, Aida Diestro y Mercedita Valdés‘, Felipe Alarcón Echenique, 2018

Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
José Lezama Lima

El pintor Felipe Alarcón Echenique ha vivido entre su barrio habanero y la ciudad de Madrid, en un territorio que parece común, sin distancias. Quizás lo más extraordinario de su creación se encuentra en su poder para lograr que sintamos que todo puede estar cerca, que es propio de la vida una dimensión en la que se borran las distancias, donde los significados se funden, se amarran y empiezan a coexistir en el presente.

Un artista con el poder de quien emprende el vuelo, es difícil de clasificar, porque ese mismo vuelo lo hace inclasificable.

Los diversos textos que comentan su obra han trazado interpretaciones cercanas, unos sobre la técnica pictórica: transparencias, veladuras, acuarelas y collages, que por capas van formando una obra ordenada desde el dibujo, para ir llenando de pinceladas cada espacio; mientras que otros se han detenido en los contenidos socioculturales que la sostienen.

En aproximadamente veinticuatro exposiciones individuales y más de cien colectivas, Alarcón Echenique ha mostrado el resultado de un proceso creativo que se desliza por una lógica otra de la representación, porque arma y desarma, al mismo tiempo, estilos, tendencias y corrientes cargadas de símbolos, desvíos e inclinaciones, integradas en un conglomerado de personas, animales, objetos, paisajes, historia y tiempo. Una buena parte de los representados tienen su propia historia, su propio tiempo y al encontrarse unos con otros, se miran desde el presente, en una nueva dimensión temporal.

Las escenas barrocas con todo el abigarramiento propio de ese estilo, en las que sobresalen rostros en medio de diversos ambientes, se acompañan de personajes que incorpora, sean portadores de una cultura medieval, romántica, contemporánea o popular, en lo que logra atrapar la mirada del espectador, que trata de ordenar los sentidos que las cortejan y las identifican.

Los significados sociales y culturales, muy reiterados en la obra de Felipe Alarcón Echenique, se han convertido, para muchos artistas cubanos, en el centro de su creación, sean estos de orden etnológico, religioso o político. Sucede así desde la vanguardia histórica en artistas como Wifredo Lam, Mariano Rodríguez, Manuel Mendive, o desde los años ochenta, con creadores del valor artístico de José Bedia, Rubén Torres LLorca, Marta María Pérez, Lázaro Saavedra, Reynier Leyva Novo y Adrián Melis, entre otros. Pero esos significados en la obra de Felipe Alarcón Echenique cobran un sentido particular, pues parten de ser llevados tanto por héroes, artistas plásticos, músicos o escritores, que han logrado reunir en su creación y personalidad, tonos y matices de una cubanía posible. Se trata de personajes reales, cuya ficción se encuentra en las situaciones a veces insólitas y diversas en las que el artista los ha situado.

Severo Sarduy y el ajiaco de Fernando Ortiz Felipe Alarcon Echenique 2018 | Rialta
‘Severo Sarduy y el ajiaco de Fernando Ortiz‘, Felipe Alarcón Echenique, 2018

Desde esta perspectiva, series como La ceguera (2020), el libro de artista Pecados capitales (2021) u obras como Templo de las maravillas góticas (2013) giran alrededor de conceptos religiosos o períodos históricos. En la última obra mencionada, una de sus creaciones más potentes, Alarcón Echenique se apropia del imaginario gótico, simulando la posibilidad de que un templo pueda surtir el alma de un estilo tan poderoso, que ha sido fuente de inspiración de arquitectos, artistas y escritores. Por otra parte, en la pieza La aberración de la conciencia (2013), se funden fragmentos de cuerpos, personajes, fantasías, religión, que lo acercan, de esta manera, a los múltiples sentidos, las disímiles imágenes que la conciencia puede reunir en un solo acto del pensamiento.

Penetrar a través de la serie La ceguera, la obra de José Saramago, así como las exposiciones que tienen por centro la figura y obra de Cervantes, Sueños cervantinos (2015) y Cervantes y visiones de Persiles, (2017) entre otras, contribuye a resaltar temas humanos y propios de la historia del arte. En esta última dirección valga mencionar la pieza Jaque mate al Rey (2020), un confluir de símbolos y figuras célebres reiterados en la historia del arte. Esto nos ayuda a conocer la amplitud temática y de formas artísticas asumidas por el artista.

En este sentido, deseo detenerme en una de sus líneas creativas más significativas, un desborde de apropiaciones y resignificaciones, relevantes por el uso de esos procedimientos, a través de los cuales incorpora a las piezas, héroes, personajes históricos, literatos, artistas plásticos y músicos que han estado presentes en el devenir de su país natal.

Dicha zona puede ser dividida en dos orientaciones, una que recrea valores culturales como los orígenes y mitos afrodescendientes, y otra que exalta personajes en relación, que compartieron una época, un estilo o circunstancias similares.

En la exposición Mestizos: de Aponte a Belkis Ayón (2018), Felipe Alarcón Echenique concibe un diálogo que recorre dos siglos de historia, en la que están presentes personalidades de la cultura cubana que han influido en su proyección internacional. Un hallazgo de figuras que aunque provienen de campos y épocas diferentes están unidas por el color de su piel. En esta serie ha incorporado para la elaboración de las piezas, vino, cenizas de tabaco y café, mezclados con tinta y acuarela. En la pieza Isla de Rita Montaner, Aida Diestro y Mercedita Valdés aparecen tres intérpretes de la música cubana: Rita se encuentra colocada en el centro rodeada de una aureola que la define mejor que a sus acompañantes, exaltando así, bajo las posibilidades de lo pictórico, su importancia dentro de la tradición. En dicha serie emociona especialmente el cuadro Belkis atrapada en el universo Yoruba. La imagen de la artista situada en el centro muestra la dulce sonrisa que la distinguía, junto a personajes hombres que generalmente forman parte del culto –desde el que invoca, hasta el que posee las prendas– pero su rostro lo domina todo sometiéndoles a su sensibilidad.

En otras dos muestras recientes igualmente se aprecia de forma intensa la dosis sociocultural de su trabajo: Foto de familia (2016-2017) y Diálogos de mestizaje (2019) se basan en lo que cada personaje representa. En el imaginario cubano, ningún creador se ha propuesto encuentros tan definitorios. Felipe Alarcón Echenique nos impulsa a ver la cultura cubana como un todo, a pensarla desde esa totalidad de relaciones.

El tablero del arte contemporáneo, Felipe Alarcón Echenique, 2018
‘El tablero del arte contemporáneo‘, Felipe Alarcón Echenique, 2018

No se trata del discurso lineal de la historia, del suceder del tiempo, sino de la coincidencia que la imaginación del artista provoca, aprovechándose de las coexistencias reales o no, de los valores culturales y sociales que los vinculan.

La obra Celia Cruz. El carnaval (2017) resulta algo diferente dentro del conjunto de esta orientación. En este caso, Celia está esbozada, se dibuja su rostro sin la veracidad desde la que representa generalmente a sus personajes. Estamos ante otro matiz dentro de un mismo estilo creativo, que lo amplía y diversifica.

En diferentes lienzos, imagina a Bola de Nieve cantando la popular canción cubana El manisero, por el gesto de pregón de sus manos, y a Celeste Mendoza aparentemente cantando, a Bebo Valdés, sonriente mirando a lo lejos, y al gran Benny Moré con su bastón en la mano. Son elecciones que teatralizan a los personajes, conduciéndolos a gestos y posturas que los identifican dentro de la cultura cubana. Siguiendo esta disposición, el discurso del artista se desplaza desde diferentes orientaciones apegadas a los valores socioculturales, a los campos en el que esos valores dominan. Los “deslices” de Felipe Alarcón Echenique no tienen fronteras, es un relator que admira y se inspira en cada uno de los creadores llevados a sus lienzos, reverenciándolos siempre, desde lo que cada uno es, portadores de la cultura popular y el etnos que nos identifica a través de ellos.

Dentro de este contexto, la curadora y crítica de arte Suset Sánchez hace énfasis en cómo la obra de Felipe Alarcón Echenique crea un retrato colectivo de la nación negra, resultado de un tributo a la cultura, partiendo del carácter híbrido y mestizo de las naciones latinoamericanas. Sánchez llama la atención en cómo el artista penetra el discurso colonial y lo desmantela desde sus propios relatos.

El procedimiento apropiativo es intenso, en todos los casos se presenta como la base constructiva de su obra, las referencias o son apegadas a lo real o diluidas en surrealidades, pero se hacen depender siempre de la representación de encuentros históricos imposibles para una historia real. Son lecturas que se cruzan formando un nuevo texto, sin embargo, este no es solamente el resultado intertextual basado en la unión de diferentes textos, sino que en él se dan cita el azar, personajes, o alusiones a la historia del arte, estilos corrientes y tendencias, símbolos diversos, objetos de la vida diaria y sentidos.

Las últimas creaciones de este autor se detienen en el tema político, con la delicadeza propia de toda su obra anterior, veinte de ellas se agrupan bajo el título Contra toda la guerra, integradas al proyecto Arte por la paz. Todos contra la guerra (2022). Una de estas obras representa una emigración de refugiados, quizás los que más sufren en estos conflictos bélicos, con un tono fantasmagórico que penetra la realidad de esos desplazados a la fuerza, personas que van perdiendo su integridad según atraviesan el conflicto.

Dentro de esta orientación que explora lo político, también está la serie Los hijos de La Patria (2022), formada por cuatro obras, inspiradas en las manifestaciones ocurridas en Cuba el 27 de noviembre de 2020 y el 11 de julio de 2021. Como parte de ella, se encuentra la pintura El grito del pueblo (2021). En su centro aparece una figura que porta en alto una bandera cubana y entre los representados está un hombre con el puño en alto, mientras que en el fondo aparecen imágenes de figuras que parecen soldados. La obra está salpicada aleatoriamente de manchas rojas alusivas a la sangre y es un resumen de la mayoría de los elementos que se pudieran encontrar en esas circunstancias.

Barbarito Díez, Felipe Alarcón Echenique, 2017
‘Barbarito Díez‘, Felipe Alarcón Echenique, 2017

El universo de las imágenes creadas nos embruja, porque no clasifica en órdenes canónicos, avanza por la mixtura de la naturaleza racial del continente y del Caribe. Felipe Alarcón Echenique en sus lienzos desliza el tiempo, penetra la historia, allegándose al pensamiento de avanzada de América Latina sobre lo poscolonial y lo decolonial.

Cuando el artista inserta en sus cuadros un tambor batá, una deidad africana, el piano de Bola de Nieve, la imagen del Capitolio Nacional o la imagen de una escultural mujer, lo hace rodeando a sus héroes de símbolos que han sido establecidos por la cultura, en muchos casos de carácter popular, fascinándonos, avivando recuerdos y haciéndonos preguntar: ¿cómo una isla tan pequeña ha podido dar abrigo a talentos e inteligencias que han engrandecido la cultura?

Debemos, pues, agradecer a Felipe Alarcón Echenique que nos recuerde en un momento de tanto desasosiego, las cosas hermosas que nos pueden unir.

Colabora con nuestro trabajo
Somos una asociación civil de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural y artístico. En Rialta nos esforzamos por trabajar con el mayor rigor profesional en la gestión, procesamiento, edición y publicación de los contenidos y la información. Todos nuestros contenidos web son de acceso libre y gratuito. Cualquier contribución es muy valiosa para nuestro futuro.
¿Quieres (y puedes) apoyarnos? Da clic aquí.
¿Tienes otras ideas para ayudarnos? Escríbenos al correo [email protected].
Magaly Espinosa (La Habana, 1947). Curadora y crítico de arte. Doctora en Ciencias Filosóficas en la especialidad de Estética en la Universidad de Kiév. Entre los años 1996 y 2014 fue presidenta de la Sección de Teoría y Crítica y de la Asociación de Artistas Plásticos de la UNEAC. Ha sido tutora, realizado oponencias y formado parte de tribunales de tesis de grado, maestría y doctorado en Cuba y Colombia. Ha impartido docencia en Universidades de Colombia, Ecuador, Brasil, España y Cuba. Ha escrito palabras para catálogos de exposiciones realizadas en España, Suiza y Cuba. Entre sus libros se encuentran Indagaciones. El nuevo arte cubano y su estética (Cauce, Pinar del Río, Cuba, 2004) y Antología de textos críticos: el nuevo arte cubano, coeditado junto a Kevin Power, (Perceval Press, Santa Mónica, España, 2002). Entre sus exposiciones comisariadas se encuentra la colectiva: Hoy desde los 80, Casa México, La Habana, noviembre-diciembre, 2016.

1 comentario

Deja un comentario

Escriba su comentario...
Por favor, introduzca su nombre aquí