Geometrías habitadas. Cuerpo, espacio y arquitectura en la obra de Ivonne Ferrer, exposición de esa artista cubana radicada en la Florida, Estados Unidos, fue exhibida durante varias semanas en la galería del CAHAD, en la Facultad de Arquitectura, Hábitat, Arte y Diseño de la UADY, en Mérida, Yucatán.
La muestra, abierta ente septiembre y octubre, y comisariada por el crítico de arte y curador David Mateo, incluyó nueve obras de mediano y gran formato: siete pinturas, una instalación y un grabado, realizados expresamente por la artista para esta ocasión.
Tal como ha afirmado la propia Ferrer, ese conjunto aborda la geometría sagrada como concepto general y estado de compulsión alegórica, pero también como estructura, espacio, límite y forma de organizar y relacionar el cuerpo con la arquitectura.

Según el curador de la exhibición, puede advertirse en la obra de Ivonne Ferrer “una relación intensa y dinámica entre tres componentes esenciales que, lejos de operar de manera independiente, terminan articulándose dentro de un mismo ecosistema simbólico: el cuerpo, la arquitectura y el espacio. El cuerpo podría remitir a los episodios individuales, a lo introspectivo; la arquitectura, al entorno físico, tangible o subjetivo, de la interacción social; y el espacio, a la circunstancia histórica, cultural y afectiva”.
“La geometría sagrada es el concepto que unifica esos tres niveles de significación en la obra de Ivonne”, subraya a continuación Mateo en sus palabras de sala. “Como sabemos, la geometría sagrada ha estado presente, de una u otra manera, en los mecanismos propios de la naturaleza, en la organización de los órdenes sociales, en la disposición de los cuerpos celestes y en determinadas representaciones culturales del ámbito universal. En la obra de Ivonne, ese principio parece convertirse en una especie de prisma a través del cual la realidad es filtrada, fragmentada y posteriormente reconstruida”.
El conjunto de piezas presentado en Mérida se habría revelado como “un dispositivo capaz de revelar contracciones y desplazamientos”, puesto que lo aparentemente estable en la superficie “puede estar influenciado por fuerzas de dislocación o fragmentación”.
“Las formas se encuentran, se interrumpen y se contienen unas a otras, como si reprodujeran, sobre el plano pictórico, dibujístico o instalativo, las complejas relaciones que se establecen entre el individuo y el contexto que habita”, sostiene el crítico. “Estas geometrías sagradas dejan entrever, de manera sutil, las fricciones entre lo personal y lo colectivo, lo privado y lo público”.
Mateo hace notar la importancia del “enfoque de género” en este corpus de Ferrer: “esa relación entre cuerpo, arquitectura y espacio está atravesada por la doble condición de mujer y creadora que define buena parte de su quehacer”, escribe.


“Cuerpo, espacio y arquitectura constituyen, en definitiva, un sistema de vasos comunicantes, un complejo de relaciones donde lo íntimo puede adquirir una dimensión social y viceversa; donde lo geométrico se convierte en un conducto, en una vía simbólica de acceso al entramado emocional”, advierte finalmente el curador. “La geometría sagrada organiza y refracta la experiencia, haciendo visibles las tensiones que atraviesan la existencia de la artista entre dependencia y autonomía, intimidad y exposición, identidad individual y condición colectiva”.


