En Cubaman, exposición de Joseph Michael López que acoge CEMÍ ArtLab, Nueva York y La Habana entran en una relación que desborda las referencias geográficas. Su fotografía se detiene en las comunidades latinas de Nueva York y en las formas de vida que se desarrollan entre sus calles y edificios. La ciudad aparece como un espacio de encuentros y cruces culturales, construido por personas cuyas historias desbordan cualquier identidad nacional fija.
Las imágenes fueron tomadas en la ciudad estadounidense, pero algo resulta familiar, desde la experiencia habanera, en sus habitantes y en los espacios que ocupan. Ante estas fotos, la distancia entre ambas ciudades pierde nitidez y aparece una pregunta sobre aquello que comparten quienes las habitan. La familiaridad que producen no depende de que sean ciudades equivalentes; surge de la posibilidad de encontrar semejanzas en la vida cotidiana –incluso allí donde las condiciones materiales de existencia son profundamente distintas.
La relación entre Nueva York y La Habana atraviesa también la trayectoria familiar del artista. Nacido en Nueva York, con raíces cubanas por vía materna y puertorriqueñas por vía paterna, Joseph Michael López encuentra en la exposición habanera una ocasión para aproximarse a una parte de sus orígenes. Cubaman, su primera exposición en la isla, presenta imágenes producidas en el entorno donde creció ante un público que puede reconocer en ellas aspectos de su propia experiencia urbana. CEMÍ ArtLab propicia este encuentro entre dos ciudades conectadas por la migración y por una historia de intercambios culturales que continúa transformándose.
La escala de las piezas refuerza su presencia en la sala. Frente a las fotografías, el espectador dispone de una relación física con las imágenes que favorece la observación detenida de sus detalles y de las conexiones entre los elementos representados. La pared blanca de CEMÍ ArtLab establece una relación sobria con el blanco y negro de las impresiones, permitiendo que los contrastes y las composiciones mantengan el protagonismo. La edición única de las obras añade una condición material a esta presentación y subraya la fotografía como objeto, además de imagen reproducible. Estos aspectos del montaje importan porque determinan cómo se recorren las fotografías y cómo se percibe la continuidad entre unas escenas y otras.
La Habana recibe así un conjunto de fotografías que invita a mirar Nueva York desde una proximidad inesperada. En ese encuentro, la ciudad fotografiada deja de pertenecer exclusivamente al imaginario de quienes la conocen y se abre a otras experiencias de reconocimiento. Cubaman propone una relación entre lugares que conserva sus diferencias y permite descubrir vínculos humanos a través de ellas.


El regreso de Joseph Michael López a sus raíces cubanas encuentra una forma concreta en estas imágenes, que llegan a La Habana cargadas de la memoria de otra ciudad, y comienzan, desde su exhibición, a formar parte de una nueva experiencia compartida.


