Jesús en la ficción académica. Un libro sobre falsificación y estudios cristianos

En agosto se publicó el libro del periodista estadounidense Ariel Sabar sobre un aparatoso caso de falsificación histórica que llegó a infiltrar la élite académica de los estudios cristianos.

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Representación de Jesús y María Magdalena por Marc Burckhardt, tomada de ‘The Atlantic’

No fue hasta finales del siglo XVIII que se volvió concebible hacer a Jesús de Nazaret el objeto de una biografía, explica el germanista Theodor Ziolkowski en su volumen La vida de Jesús en la ficción literaria, un brillante estudio dedicado a las adaptaciones de la figura de Jesús en la novela del siglo XX.

En la primera mitad del siglo XIX, cuando el espíritu secularizador de la ilustración soplaba hacia el Nuevo Testamento, autores como el librepensador hegeliano David Friedrich Strauss o el literato Ernest Renan se empeñaron en aislar al personaje histórico del aura sobrenatural y la proyección escatológica que evangelistas, teólogos y padres de la iglesia habían atribuido a Jesús.

Uno de los últimos resultados de esta relativamente reciente tendencia historiográfica es el superventas Zealot: The Life and Times of Jesus of Nazareth (2013), un ensayo en el que el historiador iraní Reza Aslan estudia a Jesús desde la perspectiva del fenómeno de los celotes, un movimiento político y religioso que promovía, en la Palestina del siglo I, la emancipación de los judíos tanto de la ocupación romana como del establishment rabínico.

En agosto de este año apareció otro libro cuyo tema tiene cierta relación con la biografía de Jesús. Digo cierta relación porque, si el profesor Ziolkowski se había ocupado de las versiones literarias de Jesús, Veritas. A Harvard Professor, a Con Man and The Gospel of Jesus’s Wife (Veritas. Una catedrática de Harvard, un estafador y el Evangelio de la Esposa de Jesús), de Ariel Sabar, es la crónica de un aparatoso caso de falsificación histórica que llegó a infiltrar la élite académica de los estudios cristianos.

Sabar es un curtido periodista de investigación, asiduo colaborador de algunos de los medios de prensa estadounidenses más importantes y ganador del National Books Critics Circle Award por un libro anterior sobre la vida de su padre judío en Irak. Su reportaje se lee como un campus thriller, ese subgénero de la pulp fiction anglosajona que tiene al menos una obra maestra (The Secret History de Donna Tartt) y por cuyos argumentos se cruzan las proverbiales crueldades intestinas de la vida académica, los saberes especializados y el crimen: la Dra. Karen King, una de las autoridades más prestigiosas de los estudios bíblicos en todo el mundo, cae en la trampa que le tiende un estafador y en 2012 anuncia con bombo y platillo –a unos pasos del Vaticano, conferencia de prensa internacional incluida– un descubrimiento sensacional: el hallazgo de un presunto evangelio que afirmaría que Jesús y María Magdalena estaban unidos en matrimonio.

Desde luego, este brevísimo resumen no alcanza a dar cuenta de todas las complejidades que recoge la diligente prosa de Sabar, que incluye digresiones muy bien documentadas tanto sobre historia del cristianismo como sobre la genealogía de algunas de las disciplinas que lo estudian en el actual ámbito académico, y describe pormenores papirológicos, paleográficos y lingüísticos con un rigor que, lejos de ir en contra del suspense, lo incrementa. Pero lo más interesante de este libro es la densidad literaria del tratamiento de los dos protagonistas.

Por un lado, la Dra. King, una concienzuda investigadora que ha dedicado su labor académica a devolver la voz a la pluralidad original que formaba parte orgánica, según su visión de las cosas, del mensaje cristiano. De ahí que haya prestado particular atención a lo largo de su carrera a los llamados evangelios gnósticos, esos textos declarados heréticos por las autoridades de la iglesia primitiva que daban testimonio de un cristianismo muy distinto al institucionalizado en cualquier denominación eclesial, puesto que subordinaban el andamiaje ritual y sacramental a un mensaje puramente espiritual, despreciaban las nupcias de la Iglesia con el poder temporal y –este punto resultaba especialmente seductor para la Dra. King, avezada lectora de teoría feminista– acordaban a la mujer un papel central dentro de la comunidad religiosa, algo que no puede quedar más lejos de la misoginia paulina que terminó imponiéndose en las diferentes iglesias cristianas.

Así, en 2003, la Dra. King había publicado The Gospel of Mary of Magdala: Jesus and the First Woman Apostle, un libro sobre el llamado “Evangelio de María” que sería muy influyente en su área de estudios… y también fuera de él, ya que nada menos que Dan Brown lo consigna como una de las fuentes de inspiración de esa ficción hipnótica y descabellada que es El código Da Vinci.

Dice Sabar: “El Evangelio de María desafiaba casi todo lo que los cristianos modernos dan por sentado sobre su fe, desde el significado de la muerte de Jesús hasta el fundamento de la legitimidad de la Iglesia. No es accidental que el capítulo más largo del libro de King llevara el título magisterial de «La historia del cristianismo». Cuando era una joven académica, en los años ochenta, King había leído este evangelio como una crítica del liderazgo de Pedro. Mientras más tiempo les dedicaba a sus páginas, más tiempo estas se le abrían a ella. Ahora las veía como la otra facción de un acre debate sobre género en la iglesia primitiva: una disputa que tuvo lugar antes de que los hombres monopolizaran el control, una disputa que perfectamente podría haber tenido el desenlace opuesto.”

En 2010 Walter Fritz le presenta a la Dra. King un fragmento de papiro de dudoso origen que supuestamente contiene un texto muy mutilado perteneciente a un supuesto evangelio en el que un interlocutor supuestamente identificable con Jesús afirma en discurso directo su supuesta condición de hombre casado. Cuando la Dra. King pasa por alto una larga serie de protocolos metodológicos y científicos y da por bueno el hallazgo, es inevitable ver cierto fulgor trágico alrededor de ella, como si hubiera caído presa de uno de esos raptos de obcecación que solía determinar la caída de los héroes antiguos. En definitiva, ese descubrimiento ofrecería el más sólido de los fundamentos posibles al objetivo fundamental de su vida académica y personal. (Sin embargo, a medida que avanza el libro esta primera imagen va dando paso a otra menos idealizada, que cuestiona la honestidad de sus métodos como historiadora.)

Al otro extremo está el aventurero alemán Walter Fritz, mediocre –y plagiario– estudiante de egiptología en Berlín occidental y director del Museo de la Stasi (el siniestro servicio de inteligencia de la Alemania comunista) en Berlín oriental, un hombre con un talento extraordinario para la autopromoción, pero con dotes limitadas para las lenguas clásicas devenido empresario exitoso y pornógrafo en los Estados Unidos.

Este hombre, que a primera vista es simplemente un inescrupuloso estafador profesional sin otro objetivo que el del lucro, termina exhibiendo una sensibilidad mística, tan extravagante como sincera, y un trauma severo y múltiple –provocado por una violación sufrida cuando niño a manos de un cura, la ausencia del padre y la mala reputación moral de la madre en un ambiente provinciano y conservador– que están, según la versión de Sabar, en el origen de su falsificación:

“Fritz nunca fue un cristiano devoto. Pero los evangelios gnósticos le habían dado el vocabulario que le permitió escarmentar a la iglesia por sus pecados y al mismo tiempo absolver a su madre de los suyos […] Acaso no fuera una sorpresa que la actitud de Fritz hacia las mujeres vacilara entre la deificación (su voluntariosa madre, su esposa visionaria) y la degradación (su visión de las mujeres como «huecos», la fetichización de sus propios sitios porno de «esposas depravadas», «putas» y «sucias puercas»). El fetiche de la esposa depravada, en el que él observa, emasculado, cómo hombres extraños poseen a la mujer que él venera, fue su primer intento de reconciliar esos impulsos rivales. Su segundo y más maduro intento, creo, fue el Evangelio de la Esposa de Jesús.”

En la tensión creada entre estos dos polos, opuestos pero convergentes, transcurren los acontecimientos que definen uno de los fraudes intelectuales más espectaculares de los últimos tiempos, y también uno de los libros más interesantes de este año que ahora termina.

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