Sergio Cabrera y Juan Gabriel Vásquez
Sergio Cabrera y Juan Gabriel Vásquez

En la rica y creciente historiografía sobre la Guerra Fría en América Latina y el Caribe se da por hecho que la experiencia más extrema fue la alianza de Cuba con la URSS y la construcción de un sistema del socialismo real en la isla. Si nos atenemos a la historia de los Estados, y no necesariamente de las naciones, ese consenso tiene razón de ser. Pero si se explora el mundo heterogéneo de las guerrillas de los años sesenta y setenta, cada vez más estudiado, se encuentra que la Cuba soviética resultaba conservadora para muchas corrientes de la Nueva Izquierda.

La más reciente novela del narrador colombiano Juan Gabriel Vásquez, Volver la vista atrás (2021), es un asomo al poco conocido espectro del maoísmo latinoamericano. A través de la vida real de un personaje real, el cineasta Sergio Cabrera, nacido en Medellín en 1950 y realizador de filmes como La estrategia del caracol (1992), Ilona llega con la lluvia (1996), basado en la novela de Álvaro Mutis, y Todos se van (2015), adaptación del libro homónimo de Wendy Guerra, Vásquez reconstruye un capítulo bizarro del maoísmo en la región. Un capítulo que debería sumarse a los de las guerrillas, organizaciones y grupos intelectuales favorables al comunismo chino en México, Perú y otros países latinoamericanos,

Vásquez es un novelista que trabaja con ficciones reales, como se plasma de manera ejemplar en La forma de las ruinas (2015), novela que comentamos aquí, donde enhebró dos magnicidios centrales en la historia de Colombia, el de Rafael Uribe Uribe en 1914 y el de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Ahora desplaza esa apuesta por el relato real a un terreno en que la fuente no es, únicamente, la historia política de Colombia, sino la memoria personal y familiar de Sergio Cabrera. Se trata de un terreno que comparte parcelas con la historia nacional, pero que incluye espacios privados o íntimos, que escapan a la narrativa del Estado-nación.

Cabrera proviene de una familia de republicanos españoles que, como en tantos casos, tomó el camino del exilio tras el triunfo de Franco. Los Cabrera se establecieron primero en Santo Domingo, durante la primera etapa de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Hacia 1940, miles de refugiados españoles se radicaron allí, gracias a las gestiones de la Junta de Auxilio a los Republicanos (JARE). Fausto Cabrera, padre del cineasta, fue uno de aquellos jóvenes que huían de una dictadura para caer en otra. En cuanto el trujillismo mostró su anticomunismo inherente, los Cabrera volvieron a exiliarse, primero a Venezuela y luego a Colombia.

En Medellín, donde nació el cineasta en 1950, su padre se convirtió en una de las principales figuras del teatro y la televisión, como actor y director. Declamaba poemas de Antonio Machado y Miguel Hernández y montaba piezas teatrales de Federico García Lorca y Bertolt Brecht. Fue en aquellos años de radicalización del liberalismo colombiano, que siguieron al asesinato de Gaitán, y de resistencia al macartismo tropical de Gustavo Rojas Pinilla, que Fausto Cabrera y su esposa Luz Elena Cárdenas entraron en contacto con el experimento chino.

El matrimonio y sus dos hijos, Sergio y Marianella, se establecieron en Pekín, donde los padres fueron contratados en el Instituto de Lenguas Extranjeras. Allí vivieron por varios años y los jóvenes aprendieron la lengua, calaron desde adentro la Revolución Cultural y se formaron en la doctrina de Mao Tse Tung. A fines de la década, la familia regresó a Colombia con el fin de sumarse a la guerrilla maoísta del Ejército Popular de Liberación (EPL), fundada por Pedro Vásquez Rendón, que operó entre los ríos Cauca y Sinú. Aquella guerrilla era el brazo armado del Partido Comunista Marxista-Leninista Pensamiento MaoTse-Tung en Colombia, al que se afiliaron los Cabrera.

La experiencia de Sergio y Marianella en la guerrilla fue traumática: él era constantemente humillado por su condición racial y social privilegiada; ella fue acosada sexualmente, sometida a juicio por traición y baleada por la espalda. La exquisita formación ideológica de ambos, el conocimiento de primera mano del Libro rojo y la teoría revolucionaria maoísta, lejos de autorizarlos en la guerrilla los hizo blanco de prejucios clasistas y antiletrados. La madre, Luz Elena, la única de los cuatro que no se alzó en los montes, aunque trabajó en la retaguardia de Medellín y llegó a ser encarcelada, tomó la decisión de sacar a su esposo y sus dos hijos de la guerrilla.

Casi todas las misiones de Segio Cabrera en el EPL parecieron castigos, menos una. El mando guerrillero le dio la orden de entrar en una reserva de emberás, a orillas del río Verde, con el propósito de convencer a los líderes de la comunidad que se opusiesen a la construcción de una hidroelectrica que se programaba en el valle. La gestión terminó en un ritual de curación con el cacique Genaro, que se plasma en una de las escenas más cinematográficas de la memoria de Sergio Cabrera y la novela de Juan Gabriel Vásquez.

Al abandono de la guerrilla siguió un intento frustrado del padre de regresar a China y ponerse a las órdenes de Mao, y luego, la fragmentación final de la familia. La guerilla fue esa situación límite que, en vez de unificar a la comunidad, la colapsa sorda y silenciosamente. En el tipo de comunidad que es una familia, esos colapsos suelen ser inconfesos y amargos. La trama de la novela está tejida con la pigmentación de una amargura que lleva a los hijos, no a renegar de sus padres, sino a emplazarlos introspectivamente.

De eso trata, fundamentalmente, esta novela. De la exposición de un circuito cerrado de la Guerra Fría, que remite a la recóndita o aislada conexión de una zona de la izquierda latinoamericana con la China maoísta, y del ajuste de cuentas de un hijo con su padre, por haberlo criado como un Pigmalión ideológico que, más que un descendiente o heredero, busca un discípulo o legionario. Al momento de la muerte del padre, el hijo enciende el dispositivo de la memoria que lo lleva a abjurar del frenesí guerrillero y a optar por la reconstrucción de su propia familia.

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Rafael Rojas (Santa Clara, Cuba, 1965). Es historiador y ensayista. Licenciado en Filosofía por la Universidad de La Habana, y doctor en Historia por El Colegio de México. Es colaborador habitual de la revista Letras Libres y el diario El País, y es miembro del consejo editorial de la revista Istor del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Ha publicado los libros: Un banquete canónico (2000), Revolución, disidencias y exilio intelectual cubano (2006), La vanguardia peregrina. El escritor cubano, la tradición y el exilio (2013), entre otros. Desde julio de 2019 ocupa la silla 11 de la Academia Mexicana de la Historia.

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