Recuerdo que escribí Discurso de la madre muerta en Dresde, Alemania. Llovía mucho, y una conversación muy larga por teléfono con mi amiga Idalia Morejón sobre la vida, lo enfermo, las cámaras de vigilancia, los animales, la muerte…, hizo que varias ideas que ya traía desde un poco antes se organizaran en forma de teatro o de monólogo. La madre persigue gatos porque ve en ellos la encarnación del mal y, porque para ella, el mal –todo el mal– proviene siempre del Estado, o de la política, o del orden. No hay o no había salida para ella de la misma manera que no la hay para todo aquel que viva atravesado por la razón paranoica, por ese “saber” que se acopla a sospechas, traumas, prejuicios y delirios. Discurso quería ser (o quiere ser) una reflexión sobre ese orden, y sobre cómo, según qué variante o persona, ese orden produce un mundo equis, una narrativa donde el pathos y lo cómico estructuran la energía que usamos para levantar nuestro imaginario. Creo que Rosie Inguanzo y Lynn Cruz, apasionadas desde el primer momento por el texto y actrices espectaculares en sí mismas además de excelentes escritoras, entendieron perfectamente esto. Y lo que es más difícil, lo mostraron; cada una a su modo y con entonaciones diferentes y atuendos diferentes y parlamentos diferentes y escenarios diferentes. Pero lo mostraron. Sus textos, y el vídeo con los microteatros que aquí presentamos, así lo demuestran. Cien mil años de vida a las dos.

Carlos A. Aguilera

Lectura dramática de Discurso de la madre muerta

Por Rosie Inguanzo

Es época de pandemia y hace como un mes, en Facebook, comentábamos al pie de un artículo (¿en holandés?) sobre Discurso de la madre muerta, de Carlos A. Aguilera, que este había subido. Comentábamos la dinámica del texto.

Lynn Cruz, a quien conocía por su trabajo con Miguel Coyula, espetó lo útil que sería hacerle una lectura dramática por Facebook Live y yo estuve de acuerdo. Alenté hacerlo y ahí mismo cerramos contrato virtual.

El 14 de mayo Lynn me escribió por Facebook:

—¿Eres buenO leyendo teatro? Esto es muy loco porque no te conozco.

—Soy actriz. Supongo que no soy muy malA (leyendo teatro) –respondí.

—Perdona, vi la fotografía de tu perfil y estaba confundida.

—…

—Voy a mil. Yo cuando veo una imagen que me gusta la imaginación se me dispara.

Lynn, que es una actriz-Yamamba que admiro además por su activismo político, comenzó a organizar la lectura y a darme instrucciones técnicas.

Lynn es buena dando instrucciones y con el lente es un hacha. Tiene capacidad directiva. Yo también. Me gustaba su discurrir –nos inventábamos coincidencias–. Así la fui conociendo.

—Te vestirás de blanco, ¿tienes ese vestido blanco de la foto de publicidad? Yo de negro y tú de blanco. Leerás desde el principio hasta la página 35, donde entraré yo.

—Te puedes poner el cigarro detrás de la oreja, luego usarlo para escribir –dijo.

—Haremos fuego –dijo la actriz-Yamamba.

—Sacudiremos el teléfono –dijo.

Yo dije alguna cosa.

—Vamos a leer a la madre desde lo monstruoso –dije.

—Tijera con el texto –dije–. Menos es más.

Sus mensajes denotaban el fluir creativo, la fibra actoral, ese chorro de imágenes que apuntaba entrando y saliendo en línea, como fluir de la conciencia.

Fue un intercambio cándido.

Estábamos buscando. Cada cual a su manera.

Queríamos que la lectura tuviera una unidad estética y una continuidad rítmica Miami-La Habana. Que fueran dos lecturas en una. Y realmente lo intentamos. Pero cuando se trabaja de manera orgánica se van descartando los presupuestos iniciales y surgen otras cosas. También surgen contratiempos “tecnológicos”, como el que impidió que Lynn entrara en vivo. Una lectura en vivo es un ensayo, con amplio margen para la improvisación y las situaciones emergentes.

Para la madre de Aguilera mi caudal estaba cebado. Hube de convocar a mis muertAs: mi bendita madre y todas sus variaciones epocales; a mis madrinas o madres postizas –de esas tengo un catálogo.

Acordamos fecha y hora: 5 de junio de 2020 a las 10 a. m.

—Etecsa me da conexión sólo en las mañanas; es una guillotina –dijo Lynn.

—Me imagino a la madre en un manicomio en París. Tú en Centro Habana –dijo cuando vio mi caracterización.

La última semana yo estaba cerrando el año escolar y se me presentó una muela dañada. Me acostaba releyendo el texto y me levantaba releyéndolo. La dentista me recetó antibióticos y el dolor de muela sirvió para desenterrar viejas paranoias y manías. Porque la empatía es la mejor arma que tenemos los actores. Es enfermarse del texto, llevarlo a todos lados como un dolor de muela.

Ya soy mi madre.

La muerte donde ella mora.

Tengo un caudal –echo mano de mis reservas para acometer al personaje–

Y empatía es pathos

enfermedad

ya soy mi madre y su fantasma

ya estoy enferma de ese mal.

No es difícil vérselas con un texto difícil que lo facilita.

Se me da fácil, difícil-fácil, porque la figura de la madre es una de mis obsesiones (¿acaso no lo es para casi todo el mundo?). En 1993 coescribí y dirigí Madre nuestra. La madre que trabajamos como punto de partida entonces, era mi madre fuerte todavía –por aquella época mi madre recorría Westchester en un triciclo verde con aranceles que nos prestó para la puesta–. Luego la tuve muchos años más, hasta que fue una ancianita de repisa, preciosamente acabada y palpitante aún. Pero ella murió en mis brazos con noventa años en el 2015 y quise írmele detrás. Desde entonces mi madre es un claro en el bosque de las madres perdidas en el bosque de la muerte; es la madre encontrada en el sueño y en el espejo; madre como la aguja en el pajar de los desmadrados.

Desde que mi madre murió soy ella.

Me la hallo en mí.

madre muerta

madre nuestra

madre exiliada

–anticastrista hasta la médula.

madrecita mía

madre atávica

madre de Carlos

madre de Lynn

tu madre

la Pura

la madre de los tomates.

Ahora Carlos me servía esta madre suya en bandeja de plata, discursiva y arrebatada, con su épica y gatos rusos, el oculus y la asfixia, su disparate oral y su espectro luminoso.

Su madre mía.

Su verbigracia.

Madrecita de mi dolor.

—Me voy a hacer tus ojeras –dijo Lynn cuando me vio con rolos y ojeras en la foto.

—Y yo voy a sacudir el teléfono, como sugeriste –dije.

 

Y lo hicimos. Agradezco a Lynn su contrapartida levitante y calmada –palabras con tensión profunda, por el ojal inquietante que la vimos, que es el lente de Coyula. El discurso de la madre muerta en el espacio arrasado de la muerte.

Lynn explica su abordaje al personaje: “como si le dictaran su propia vida”.

Dos versiones de la madre de Aguilera para un texto que las contiene a todas.

Me ha encantado sufrirla. Y luego sacármela de arriba y colgarla de un clavo. Clavarla como madre-mariposa en mi colección de madres y en mi corazón mellado y condición huérfana.

Porque el paraíso del que fuimos expulsados –papá Freud la tenía clara– fue esa entraña-casa primera.

(El corrector automático es revelador: ahora cuando apunto entraña me corrige extraña; cuando escribo casa arroja costa, luego posa; cuando tecleo primera, sale primada.

Apunto: ExtrañO poZO primadO.

Punto.

Madre-poZo.

Punto.

Madre-costa.

Apunto.

Muerte-madre a la que regresaremos todos como recién ácidos.

Punto.

¿Ácidos? ¡Pinche corrector, cabrón corrector! Carajo: …como recién nacidos. Ya no sé qué versión me gusta más.)

Muerte-madre a la que regresaremos como recién nacidos.

Gracias otra vez a Lynn y a Teatro Kairós, por dar seguimiento al proyecto y por dedicar la lectura a tres presos de conciencia cubanos: Keilylli de la Mora, Silverio Portal y Roberto Quiñones.

Gracias a Víctor Jiménez, por los posters, los vídeos y la complicidad que nos tenemos desde niños.

Gracias a Aguilera por la descarga eléctrica, la verborrea como performance, por arroparnos en el regazo-Madre del que siempre estaremos en falta.

Coral Gables, 11 de junio de 2020

Teatro cubano en un espacio público, para un público invisible

Por Lynn Cruz

En la oscuridad sólo es posible ver gatos.
Hegel

¿Cómo hacer teatro independiente y sobrevivir en Cuba? Deberás prepararte como una atleta de alto rendimiento, vivir de manera estoica, y superar los obstáculos físicos una vez que has desbloqueado tu mente. Se podría decir que la institucionalidad en Cuba es sólo un mito. Muchos artistas e intelectuales se han quedado como autómatas aferrados a un delgado hilo que los une a la oficialidad, a pesar de que el Estado los ha abandonado. Sería una especie de fidelidad absurda que, en muchos casos, se sostiene a causa del miedo a las consecuencias, especialmente a la represión que por estos días se incrementa en la isla. También es un hecho que, si las instituciones de tu país te borran, serás un marginado para el resto de los mundos, especialmente si vives en Cuba. En pocas palabras, nos encontramos en una encrucijada, para los partidarios hay poco y a los independientes nos niegan todos los derechos, especialmente el de existir.

Obviamente las barreras que nos impone el poder están más allá de los límites y de la voluntad de los individuos. Una muestra de ello lo constituyó mi ausencia en las redes sociales a causa de la censura que me impidió leer en vivo Discurso de la madre muerta, del dramaturgo Carlos A. Aguilera. La decisión de organizar esta lectura ocurrió de manera espontánea tal y como lo describió Rosie. Yo no tenía idea de quién era ella, pero como manifestó públicamente su deseo de leer intuí que era alguien de teatro, pero sin saber la profesión exacta. He trabajado con actores naturales, de modo que no le temo a los procesos, y se trataba además de una lectura. Llevo tiempo manoseando ese texto y hasta lo pensé para ser dicho por varios actores de modo que la experiencia de la madre no se viera como un hecho aislado, sino como lo que es, una experiencia colectiva. Hubo un momento en que lo imaginé con Luis Trápaga y Juliana Rabelo, los actores de Patriotismo 36-77. De hecho, Rosie tiene una foto en su perfil vestida de hombre. Me dije tiene nombre de mujer, puede que sea un transexual, lo cual también me parecía bueno para el personaje. Me gusta experimentar, tratar de penetrar lo más que pueda en las sensaciones que me provocan los textos de los demás. Discurso… tiene todavía muchos aspectos que no logro descifrar y eso es lo que lo hace más atractivo porque quiero versionarlo. Cuando tengo una idea me gusta lanzarme, tal vez por temor a que se enfríen las emociones. Me he dado cuenta que de la manera en que hago teatro, por los temas, las condiciones de trabajo, tengo que ser arriesgada para no perder las energías.

Dirijo Independiente Teatro Kairós de manera itinerante desde el año 2011. El regreso, una versión de La indiana de la autora catalana Angels Aymar fue la primera obra que llevé a escena. Este proyecto contó con el apoyo de la Cátedra de cultura catalana de la Universidad de La Habana y con el auspicio de la Agencia española para la colaboración y el desarrollo AECID. En aquel momento la vicepresidenta del Consejo Nacional de las Artes Escénicas Gisela González me desprogramó de la sala Adolfo Llauradó porque mi proyecto no estaba vinculado a ninguna agrupación del Estado. En 2017, la policía y los agentes de la Seguridad del Estado impidieron la entrada a nuestros invitados para ver Los enemigos del Pueblo, un unipersonal de mi autoría dirigido por el cineasta y mi compañero Miguel Coyula, en la Casa Galería El Círculo que dirige el artista visual Luis Trápaga. En 2018 durante la intervención en las ruinas de las escuelas de arte para poner Patriotismo…, también de mi autoría y sobre la prisión de conciencia en Cuba, uno de los chóferes que contratamos para que trasladara a los espectadores desapareció. Luego intenté establecer comunicación con él, pero no contestó al teléfono a pesar de mi insistencia.

Conocí a Aguilera en la ciudad de Düsseldorf, en Alemania. Discurso… formó parte de la obra Zement de Heiner Müller que puso en escena el grupo de Teatro Pigʼs Appeal que dirige Petra Lammers. Ese fue mi primer acercamiento al autor y aunque no trabajé en el monólogo, sí formé parte del elenco de Zement interpretando el personaje de Avdotia. Desde aquel entonces había notado similitudes entre Aguilera y Müller. Tal vez fue la razón principal para que Lammers incluyera Discurso… en Zement, adaptado entonces por la joven dramaturga Fiona Ebner. El teatro político cada vez es menos frecuente dentro de la escena cubana, me viene a la mente La hijastra, de Rogelio Orizondo, que también utiliza la amputación de los miembros como metáfora de la indefensión del individuo frente al poder dentro de un sistema totalitario. En mi acercamiento al texto, con vista a un futuro montaje, descubrí fantasmas de Virgilio Piñera, especialmente por la mordacidad del verbo de Aguilera, que actualmente radica en la República Checa.

Agradezco mucho el deseo de Rosie por hacer la lectura, fue el motor impulsor para finalmente materializarla. En Patriotismo…, la Reclusa 1, el personaje que interpretó la actriz Juliana Rabelo (estudiante de Humanidades por entonces) leyó el fragmento con el cual yo empecé mi parte. Esas palabras se volvieron proféticas gracias a Etecsa, la única empresa de telecomunicaciones que existe en Cuba que me dejó sin conexión a Internet por doce horas el pasado 5 de junio. De nueve a nueve en apagón tecnológico: “La venganza de ellos fue precisamente cortarme el pie, serrucharme la pierna para convertirme en una inválida, una coja, alguien que tuviese que depender del Estado para todo, pero no lo lograron, ¡ja!, no lo lograron. Lo que deseaban en realidad era cortarme la lengua. Por eso fue que me cortaron el pie, como advertencia. Para que todos en la provincia supieran que con el Estado no se juega. Que alguien que se atreve a criticar a los gemelos rusos, es alguien que no tiene los pies bien puestos sobre la tierra, así de simple”.

Siendo dos actrices, significaba partir el texto en dos y que cada una hiciera su propia interpretación, esto no es lo que quiero hacer con el montaje, pero la solución tuvo que ver más con la geografía que con el teatro. Somos un autor y dos actrices que habitamos en países distintos. Esta realidad determinó que el proceso de trabajo fuera especial en ese sentido, porque íbamos viendo lo que cada quien descubría, luego compartíamos también las ideas con Aguilera y así fuimos armando las intervenciones cada una pensando en lo que iba decidiendo la otra. Me sorprendió mucho cuando vi la transformación de Rosie, no sólo de su imagen sino también por la caracterización. En la foto que me envió para la promoción se parece a Frida Kahlo, así que no me esperaba ese cambio. Tenía puesto rolos y estaba maquillada como una anciana, vestía una bata de casa, y en mi mente el espacio se transformó en un balcón de La Habana Vieja. Allí sentaría a Rosie a decir ese monólogo. Pensé que tal vez de manera inconsciente ella estuviera regresando a casa. Como yo estoy dentro de la casa, entonces quería volar hacia otras realidades. Mi acercamiento a La Madre, visto que no es una obra realista y eso se nota en la interpretación de Rosie también, fue imaginarla en un manicomio que empezó siendo en París y terminó en las ruinas de un edificio en Miramar. Nuestras ideas del personaje fueron muy distintas y eso es lo enriquecedor. En el caso de Rosie, su madre es esa buena parte de mujeres cubanas histriónicas que viven para los suyos, pero sienten que no le retribuyen de igual forma. Que dan más de lo que reciben y por eso siempre demandan atención.

La locura como exaltación del espíritu y el caos mental en mi caso compensarían ese delirio. Lo particular de este texto es que te conduce a exteriorizar las emociones, y justamente ese constituyó el mayor reto para mí. ¿Cómo hacer algo distinto de su propia naturaleza? ¿Cómo subvertir el discurso grandilocuente de la madre muerta para convertirlo en algo íntimo? No por estar en contra sino para protegerme como actriz porque se trataba también de hablarle a la cámara. Ahora –y pensando más en la futura puesta en escena– siento que luego del fracaso de la revolución cubana, mi construcción de la madre debe sonar apagada. De cualquier forma, yo sigo tratando de encontrarme a mí misma dentro de ese texto. Tal vez los propios obstáculos como actriz por ser un personaje completamente distinto de mí, especialmente porque no soy madre y mi propia madre tiene un carácter más etéreo, me convocan a realizar una búsqueda interna donde poder conectar a esa madre sufrida dentro de la estética de un lenguaje épico. Es la misma sensación de hacer teatro en verso; es, sin dudas, un gran reto que asumimos Rosie y yo desde distintas estrategias para llegar hasta lo que cada una quería conseguir a pesar de los propios límites que establece una lectura. Hay algo que mencionó Rosie y en lo cual concuerdo absolutamente, lo mejor que tiene el primer acercamiento a un texto es la libertad de poder improvisar. Es la parte que más se disfruta de un proceso creativo. Luego cuando se empieza a fijar un montaje, aun cuando continúe la búsqueda, llega un momento en que se vuelve tedioso y sólo vuelve a ser atractivo cuando comienzan las funciones porque ocurre un cambio, empieza la retroalimentación con los espectadores.

Confieso que cuando vi que no tenía conexión sentí una mezcla de frustración con rabia así que decidí salir a filmar mi parte en un espacio público para olvidarme de algo que no dependía de mí. Es curioso cómo el hecho de transgredir los límites me hizo aliviar ese estado de impotencia que te genera un castigo. Sin quererlo, sin planearlo, el salto al vacío estaba allí en la ciudad silenciosa a causa del aislamiento social. Desaparecerme ahora del espacio virtual me devolvió a la vida. Llevo dos años sorteando el escarnio, cargando con la cruz que me viene de las repetidas cruces en los dos apellidos de mi abuelo materno Luis Cruz Cruz.

Es tan fácil una solución a corto plazo para destruir la creación o la persona que incomoda, pero el reto mayor en mi caso no es la resistencia porque esta podría conducirme a una transacción con el poder y caer presa de una ideología. El mayor reto para mí es existir tal como soy. Yo le llamaría ahora teatro de persistencia. Por eso acceder a Internet no dependía de mí ni antes ni después del suceso, porque es inútil reclamarle a Etecsa por una acción que fue discutida y aprobada por sus funcionarios: el hecho de vetarme. También creí que sería una forma de modificar la claustrofobia que provoca un set que era lo que habíamos decidido durante el proceso. Todo fue improvisado a partir de ese momento porque había ensayado en mi casa todo el tiempo, apenas me movía de la silla. Entonces en un espacio como el que tenía, con la cámara siguiéndome, llegó la libertad. Un patio enorme con escombros y una piscina vacía en Ríomar, el edificio ruinoso ubicado al noroeste de la ciudad de La Habana.

El suelo estaba cubierto de vidrios que no me dio tiempo a limpiar, así que varias veces se me enterraban en los pies. Apareció un pequeño gato negro en una obra donde los gatos están por todas partes mirando y escuchándolo todo. La magia de esa locación me provocó muchas más sensaciones, como es lógico. Sentí deseos de ver aparecer a Rosie entre los pasillos como un álter ego, como en Carretera perdida de David Lynch, las dos siendo la misma persona y La Madre de Rosie es el lado oscuro, que muestra todo lo que mi construcción del personaje esconde, porque ahí radica la principal diferencia entre nuestras interpretaciones que hacen de esa diversidad un complemento. En cualquiera de los balcones rotos y en primera línea estuvo expectante Aguilera. Los aplausos de un público invisible y el sonido sordo de un chelo sólo se escucharon en mi cabeza.

Independiente Teatro Kairós presentó: lectura de Discurso de la madre muerta.

A los prisioneros de conciencia Keylilli de la Mora, Silverio Portal y Roberto Quiñones.

Dramaturgia: Carlos A. Aguilera

Intérpretes: Rosie Inguanzo y Lynn Cruz

Vestuario: Marta Aquino

Cámara: Miguel Coyula

Publicidad: Amaury Pacheco y Víctor Jiménez

Gracias a todos los espectadores del mundo Facebook.

La Habana, jueves 11 de junio de 2020

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