gandhis cubanos
Grupo de chilenos se manifiestan en solidaridad con el gobierno cubano frente a la embajada de la Isla en ese país (FOTO 24 Horas Chile)

¿Por qué le cuestionamos a cubanas y cubanos lo que no cuestionamos a ciudadanas y ciudadanos de otros países latinoamericanos?

Ciertas voces nos dicen que los cubanos debemos valorar una “verdadera concepción de los derechos humanos”. Debemos considerar que tener derecho a la salud y educación agota las necesidades de realización de los derechos humanos en Cuba.

Las víctimas, aquellas que sufren, tienen derecho a no ser revictimizadas, a no ser expuestas, a que se les trate con dignidad. Esas son las víctimas latinoamericanas. Pero las víctimas cubanas deben cuidarse de la solidaridad que reciben, cuándo y dónde deben denunciar. Deben considerar el efecto a la Revolución, no hacer el juego a la derecha y al imperialismo.

Imágenes de patrullas incendiadas, estaciones de policía, monumentos grafiteados, policías agredidos son una constante en América Latina. Los cuestionamientos a estos repertorios de la protesta social son siempre tildados de derecha y conservadores. El enojo popular, la acumulación de agravios tiene derecho a canalizarse, a destruir, a quemar todo. Lo vemos en las manifestaciones feministas: la vida de las mujeres, insistimos, no valen más que los muros.

En relación con las protestas en Cuba, mientras nuestros colegas latinoamericanos se debaten en el orden de la oración, la legitimidad del vocero, las solidaridades deseables, cientos de jóvenes están en cárceles esperando procesos penales por causas políticas.

Pero la vida y reclamos de las cubanas y cubanos deben guardar cauces formales: aun cuando el Gobierno cubano criminalice todo disenso en los últimos sesenta años, las personas de la Isla deben ser correctas, educadas, evitar las palabras altisonantes, responder al abuso sin agresión. Debemos ser Gandhis tropicales, expertos en teoría de los movimientos sociales y conscientes del momento histórico.

En Cuba, nos dicen, los cuerpos policiales y militares tienen derecho a mantener el orden y la legalidad, porque es un orden que protege al pueblo; incluso de sus propios errores. No importa que aquellos cuerpos tengan que utilizar la fuerza y la violencia, que conserven el monopolio absoluto del uso de armas de fuego ante una población desarmada. Balas contra piedras y palos, escenas míticas en toda la región, no son loables cuando suceden en Cuba.
El presidente cubano puede dar la orden de combate, enfrentando a ciudadanos; esto no será juzgado de la misma manera que juzgan la emergencia declarada por el presidente colombiano; o la alerta anunciada por el presidente Piñera en Chile. El “proyecto social cubano” tiene derecho a defenderse de “provocadores”, de “mercenarios”, de “intereses extranjeros”, de “protestas infladas”. Es curioso: se trata de discursos muy similares a los que utilizan las derechas para desconocer protestas y movimientos sociales.

Llevamos más de 72 horas donde las protestas en Cuba son explicadas a las cubanas y cubanos en medios, redes sociales, conversaciones. Frente al llamado de solidaridad y denuncia llegan los silencios, las relatividades, los peros. “Mientras esté el bloqueo”. “Es que Duque los apoya”. “Es que es la agenda de Trump”. “Es que quieren politizar”.

En realidad, todos politizan Cuba en sus agendas nacionales. En Miami piden intervención, y los políticos locales empiezan campañas adelantadas. El presidente mexicano apela a la no intervención, pero aprovecha su espacio mañanero para condenar el bloqueo, y continuar su ataque a la sociedad civil y la prensa locales. El presidente argentino no sabe mucho, pero sabe que el bloqueo debe eliminarse. La izquierda latinoamericana, militante del #YoSíTeCreo, exigen a los cubanos fecha, hora, lugar, nombre y apellido del represor, para otorgar algo de credibilidad y objetividad a las imágenes y videos que poco a poco van traspasando el blackout informativo impuesto desde el domingo en la Isla. Cuestionan cada cuadro fílmico, la calidad, el ángulo, para acompañar la denuncia con “el probable”: probable asedio, probable detención, probable golpiza. Cuestionan el medio que lo publicó primero, y si no está visibilizando demasiado lo que pasa en Cuba. Se cuestiona la relevancia y visibilidad de las protestas populares más grandes ocurridas en Cuba en los últimos 60 años.

Un video desafortunado, una declaración aislada, un llamado a invasión de una parte del exilio cubano es replicada insistentemente por militantes y afines a las causas de la izquierda, sin matices. Condenan fervientemente la “intervención norteamericana” y defienden el derecho a la “autodeterminación” de los pueblos. A la vez, les dicen a las cubanas y cubanos que la dignidad, los principios y la Revolución son lo más valioso que un pueblo puede tener.

Enfrentamientos entre chilenos simpatizantes del gobierno cubano y emigrados cubanos dejaron un saldo de dos heridos y un lesionado este viernes 16 de julio FOTO Tucson | Rialta
Enfrentamientos entre chilenos simpatizantes del gobierno cubano y emigrados cubanos dejaron un saldo de dos heridos y un lesionado este viernes 16 de julio en la capital del país austral (FOTO Tucson)

Mientras nos debatimos en el orden de la oración, la legitimidad del vocero, las solidaridades deseables, cientos (y según algunas fuentes, miles) de jóvenes están en cárceles esperando procesos penales por causas políticas. El Ministerio del Interior les amenaza, en la televisión estatal, con condenas de entre 8 y 20 años de prisión. Instigación para delinquir por compartir un post en redes sociales, desorden público por corear el estribillo de “Patria y vida”. Hay además heridos en hospitales y en sus casas: no sabemos cuántos, no sabemos dónde.

Los rostros detrás de este drama –y de la ignominia que pretenda ocultarlo– son habitantes de los barrios más pobres, racializados y excluidos. De ellos y su libertad deberíamos estar hablando. También de su derecho al enojo frente a un discurso de odio que los reduce a lacras, vulgares, escorias, mercenarios. Un discurso de odio reproducido también por militantes, movimientos sociales, partidos políticos, académicos, simpatizantes de la izquierda en Latinoamérica. Un discurso de odio frente al que, cada vez, se vuelve más difícil dialogar.


* Este texto se publicó originalmente en el diario mexicano Reforma.

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Johanna Cilano (La Habana, 1982). Abogada y politóloga. Doctora en Historia y estudios regionales por la Universidad veracruzana, Maestría en Estudios Políticos y Sociales y licenciada en Derecho por la Universidad de la Habana.  Ha obtenido la Beca de investigación CLACSO – Asdi (2007) y el segundo premio de investigación del Observatorio Académico de Desarrollo Social de Guanajuato (2017). Ha sido docente en la Universidad de la Habana, la Universidad de Xalapa y la Universidad Iberoamericana de León. Es Investigadora posdoctoral en la UNAM ENES León, México.

1 comentario

  1. EXCELENTE EL ARTÍCULO!!!!!!!!!Esa izquierda latinoamericana es una izquierda colonial, que pisotea nuestros derechos ciudadanos: los cubanos y cubanas no podemos exigir nuestros derechos como ellos sí pueden. Estoy muy harta del daño que nos ha hecho y nos hace esta izquierda colonial. Ciudadana cubana.

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