La novela es radical porque va a fondo con sus ideas; es elegante en el manejo de la lengua, exquisito; feroz porque lo que debe aparecer crudo, así lo hace.
Así como la filósofa, mis primeros meses en Morelia estaban plagados de añoranza. Zambrano en ese entonces empezó a acompañarme. Me ayudaba a pensar en esos cambios de aires como un quiebre temporal que irrumpe en algún momento de la vida.
No quiero ofrecer un Aristóteles escolar ni un Aristóteles de manual, sino un Aristóteles vivido: leído por alguien que sabe que se le consume el tiempo mientras aprende.