Paul B. Preciado publica un nuevo libro, como un monstruo en el diván

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El filósofo transfeminista español Paul B. Preciado

Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una academia de psicoanalistas (Anagrama, 2020) es el nuevo libro del filósofo transfeminista Paul B. Preciado. El título, que saldrá a la venta el próximo 7 de octubre dentro de la colección Nuevos Cuadernos Anagrama, recoge la conferencia que el filósofo español presentó el 17 de noviembre de 2019 ante 3 500 psicoanalistas reunidos en las Jornadas número 49 de la École de la Cause Freudianne en París.

Durante el encuentro “Mujeres en Psicoanálisis”, organizado por la institución parisina, Paul B. Preciado (Burgos, 1970) interpeló la normatividad analítica y epistemológica que ha hecho del psicoanálisis, también, un régimen patriarcal, heteronormativo y colonial.

Este gesto levantó tantos adeptos como resquemores dentro de la comunidad de psicoanalistas en todo el mundo. Nunca antes, en la tribuna de la École de la Cause Freudianne, había sucedido que una persona trans pusiera en entredicho las teorías psicoanalíticas como ejercicios de poder e implosionara la propia institución removiendo sus paradigmas científicos y políticos.

Bajo la necesidad de resituar la normalidad analítica heteronormativa, en Yo soy el monstruo… Preciado les plantea a los psicoanalistas una disyuntiva: “continuar trabajando con la antigua epistemología de la diferencia sexual y validar de este modo el régimen patriarco-colonial que la sustenta, haciéndose por tanto responsable de la violencia que este produce, o bien abrirse a un proceso de crítica política de sus lenguajes y de sus prácticas y confrontarse a la nueva alianza necropolítica del patriarcado-colonial y las nuevas tecnologías farmacopornográficas.”

Autor, además, de Manifiesto Contrasexual (2002), Texto Yonki. Sexo, drogas y biopolítica (2008), Terror anal (2009) (epílogo a El deseo homosexual, de Guy Hocquenghem), Pornotopía. Arquitectura en “Palayboy” durante la guerra fría (2010) y Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce (2019), Paul B. Preciado es actualmente filósofo asociado del Centre Georges Pompidou de París.

Como Pedro el Rojo, el personaje de Kafka en Informe para una Academia (1917), se presentó Paul B. Preciado en la École de la Cause Freudianne, esta vez “desde esa jaula elegida y rediseñada del hombre trans, del cuerpo del género no binario. Una jaula política que es, en todo caso, mejor que la de los hombres o las mujeres, porque al menos reconoce su estatuto de jaula”.

Pedro el Rojo es un mono. Un mono que abandonó la vida simiesca después de ser atrapado –alcanzado por los tiros– por una expedición de caza de la firma Hagenbeck en la Costa de Oro. Uno de los disparos rozó su mejilla, el otro atinó en la cadera. El de la mejilla dejó una gran cicatriz roja que lo diferenció a la vista de sus captores y de la cual provino su sobrenombre.

En el relato de Kafka, después de aprender a escupir como los hombres, a fumar la pipa como los hombres, y de descorchar una botella y beber como los hombres, Pedro el Rojo presentó ante la Academia un informe sobre su vida anterior de mono: “[…] yo sólo quiero difundir conocimientos, sólo estoy informando. También a vosotros, excelentísimos señores académicos, sólo os he informado.”

“Buen día queridas damas, queridos caballeros de la Escuela de psicoanalistas de Francia, damas y caballeros de la causa freudiana, y no sé si vale la pena que diga también buen día a todos aquellos que no son ni damas ni caballeros, porque creo que no hay entre ustedes alguien que haya renunciado legal y públicamente a la diferencia sexual y que haya sido aceptado como psicoanalista (…), después de haber logrado exitosamente el pase. Hablo aquí de un psicoanalista trans o no binario que haya sido admitido entre ustedes. Si existe, permítanme enviar a ese mutante, inmediatamente, el saludo más caluroso.”

Así comenzó su conferencia Paul B. Preciado, con una voz monstruosa, simiesca, política, no binaria, mutante, en tránsito, en cruce. Una voz que no tenía mucho de qué hablar sobre la mujer en psicoanálisis porque más bien “habría que organizar un encuentro sobre hombres blancos heterosexuales y burgueses”, y no “hablar de mujeres en psicoanálisis en 2019, como si todavía estuviéramos en 1917”, en el tiempo de aquel relato kafkiano.

Como si “ese tipo particular de animal, que ustedes llaman de forma condescendiente y naturalizada «mujer», no tuviera siempre un reconocimiento pleno en tanto que sujeto político; como si ella fuera un anexo o una nota en pie de página, una criatura extraña y exótica entre las flores, sobre la cual hay que reflexionar de tanto en tanto, en un coloquio en mesa redonda”.

Desde una posición discursiva contrahegemónica, y de cara a la subversión de todo el edificio del psicoanálisis, Paul B. Preciado exhortó a los científicos a propiciar una mutación epistemológica a través de una perversión, es decir, a través de un giro en la práctica científica del psicoanálisis. Práctica que ha tenido, desde sus fundadores, un destino biologicista que opera por división y fragmentación, a través de una pulsión asimétrica de poder entre los géneros femenino / masculino.

Socialmente investidos como naturales, lo femenino y lo masculino son tecnologías del sistema patriarcal cuerpo-género. Tecnologías de dominación y de reducción. Escrituras tecnológicas que fabrican cuerpos sexuales y que tienen al pene como eje de la significación del poder: “Todo el edificio freudiano está pensado a partir de la posición de la masculinidad patriarcal del cuerpo masculino, heterosexual, entendido como un pene eréctil, penetrante y eyaculante.”

Para Paul la “naturaleza” es un conjunto arbitrario de regulaciones que normaliza los géneros a partir de construcciones metonímicas, de códigos que se naturalizan y donde la heteronormatividad se reinstituye. La teoría freudiana y el psicoanálisis lacaniano –su relectura de Freud– se construyeron como epistemologías del binarismo sexual, “epistemologías que están en crisis desde los años cuarenta del siglo pasado”.

Cubierta de ‘Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una academia de psicoanalistas’, Paul B. Preciado, Anagrama, 2020

En Yo soy el monstruo… Preciado recomienda deconstruir la identidad entendida a partir de la “naturaleza” binaria que impone el sistema heterocentrado y del que no escapan las teorías psicoanalíticas, que no son más “que una economía política del cuerpo y una gestión colectiva de esa energía reproductiva”.

Preciado recuerda que “el psicoanálisis freudiano, como teoría del aparato psíquico, como práctica clínica, aparece precisamente en el momento donde se cristalizan las nociones centrales de la epistemología de la diferencia sexual”. Frente a lo no-binario, Paul entiende al cuerpo como “tecnocuerpo”, como un archivo orgánico, un sistema de escritura, un texto, una máquina performativa regida por el sistema patriarco-colonial. Máquina de producción ontológica que funciona a partir del cuerpo-erógeno, de la heteropartición del cuerpo y sus posibilidades reproductivas.

En este sentido, la noción de performatividad queer, con Judith Butler, instaura prácticas subversivas de reconfiguración de los cuerpos “subalternos, dependientes, minoritarios”. Una reconfiguración de los cuerpos abyectos que poseen otra fuerza performativa. Durante la conferencia, donde fue aplaudido y vitoreado reiteradamente, el autor de Manifiesto Contrasexual indicó que es necesario que se vea el psicoanálisis desde el ángulo de la historia del cuerpo abyecto, el monstruo de la sexualidad normativa.

En Yo soy el monstruo… Preciado enuncia que el cuerpo abyecto modifica las posiciones de enunciación con desviaciones y derivas respecto al sistema centrado. Estigmatizados como abyectos en el marco del heterosexismo, los cuerpos mutantes se oponen al régimen político heteronormativo del psicoanálisis, “que ha reducido la totalidad del cuerpo humano, viviente, y su energía psíquica, a un potencial reproductor; una posición de poder discursiva e institucional”.

En este punto pienso en el cuerpo de Paul Beatriz Preciado como un cuerpo simiesco. Un cuerpo, como nos enseña Margarite Yourcenar, que no pertenece al género, sino a la especie; “en sus mejores momentos llega a escapar de lo humano”.

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