Por un “arte total” en línea: viernes de lecturas con INSTAR

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Performance de Omar Pérez durante el ciclo Lecturas en tiempo de INSTAR, en febrero de 2020 (FOTO Facebook INSTAR)

Desenvolviéndose primero los segundos viernes de cada mes, comenzó este ciclo de Lecturas en tiempo, en La Habana Vieja y en INSTAR (Tejadillo #214, entre Aguacate y Compostela), allá por enero, en ese principio del año 2020 que ahora nos parece tan lejano. Eran encuentros, digamos, “presenciales”. Y casi digo: “por supuesto”; aunque sabemos que con esta pandemia lo extraordinario es ya ver la creación face to face.

Si con los podcast y el YouTube había gente mutando al visionaje en línea, a la apreciación exclusivamente auditiva, quién sabe qué secuelas quedarán entre nosotros (receptores o emisores) tras esta cuarentena de comunicación (y saturación) virtual. Eso si no nos sorprendemos despertándonos en un mundo posredes sociales, más desértico que el de Plop (de Rafael Pinedo), el de El viaje (de Miguel Collazo) o el de algún paraje posapocalíptico de Jorge Enrique Lage…

Sea como sea –mientras el palo va y viene, por sí o por no–, el Instituto de Artivismo Hannah Arendt no ha querido dejar de sumarse a la producción de espacios para compartir literatura. Y, tal vez o mejor seguramente más adelante, quisiera regalarnos también en su sitio con arte, videojuegos y no sé cuántos sueños de esos que siempre les revolotean a las que allí laboran.

Si antes los escritores “leían” allí una vez al mes, esta circunstancia excepcional ha lanzado a INSTAR a un ritmo más raudo y a una plataforma donde expanden las posibilidades de conectar con un público geográficamente más amplio y de convocar a creadores que se hallen en cualquier coordenada, para que nos visiten desde la página de Facebook del Instituto, colándose con sus libros y sus libreros, con sus propias casas, en las nuestras.

De modo que en quince días ya se ha podido escuchar, consecutivamente, a dos autores fuera del extrarradio de la plataforma insular. Y el próximo viernes 10 de abril llega el tercero en un espacio llevado por el escritor Jorge Enríquez y coordinado por Marta María Ramírez desde INSTAR.

El primero en entrar al ruedo, el 27 de marzo, a las 6 p. m., como ya viene siendo habitual, fue el villaclareño Isbel G (Guayos, 1976), esta vez desde Nueva Jersey. Poeta, narrador y ensayista, los textos de Isbel González al cuadrado pueden hallarse en su bitácora personal, y su preocupación por la Covid-19 y por la Isla se refleja igualmente en el grupo de Facebook Coronavirus info Cuba, que creó en mitad de la incertidumbre, para mantener actualizados a los suyos con lo más veraz al respecto –como nos confiesa al conversarnos sobre lo que ha estado haciendo en cuarentena.

Pudieron escucharse, en vivo y en voz suya, desde el otro lado del Hudson donde cursa una maestría, varios textos. Hubo poemas para niños y una pieza que fue premio en el concurso de minicuentos El dinosaurio, sobre el “absurdo” de querer “Ser original”. Entre los versos libres, leyó “Bajo el cielo de Kansas” y, entre los rimados —rara avis en su corpus, junto a un puñado de décimas–, hubo sonetos para hablarle a estos tiempos.

Su literatura se paseó entre la pequeñez humana, visibilizada a flashazos, y las ganas de vivir esta “fiesta”; y, a través de referencias sarcásticas a hitos literarios, históricos, del arte y del cine del patio, como Fresa y chocolate o Una novia para David, terminó por hablarle en “Close up” crítico a la realidad de la Isla. Siendo que librerías y bibliotecas, a no ser virtuales, han recesado hasta nuevo aviso, libros suyos que se pudieran rastrear en la web son: La insoportable liviandad del ser o manual para cazar a un homo sapiens (Ediciones Luminaria, 2008 y Publicaciones Entre Líneas, 2016), Los güijes de arcoíris (Gente Nueva, 2008), los epigramas Palabra irreverente de otros cuerpos (Latin Heritage Foundation, 2013; Old Lane Edition, 2014; La Ovejita Ebook, 2015), la novela Wostock (Ediciones Luminaria, 2015), los cuentos El tamaño de los perros (IDUNA, 2016) y el poemario en prosa Guayos A.P. (Ediciones Unión, 2015) –amargo e insomne recorrido por su espacio natal, escu(l)pido a vista de pájaro desde su azotea, botella de vino en ristre.

La segunda invitada a Lecturas en tiempo, quien trasmitió desde México el viernes 3 de abril, fue Caterina Camarta (Brescia, Italia, 1976), “vagamundo por vocación, académica por pretexto” –como apuntó el Instituto Hannah Arendt en Facebook–. Creadora por igual versátil, diplomada en Traducción en la Universidad de Bologna, maestra en Literatura Mexicana en la Universidad Veracruzana y doctora en Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México, con estancias posdoctorales en El Colegio de Michoacán y en la Universidad de Turín. Ha investigado sobre teatro y literatura tradicional y popular, literatura comparada, lingüística, interdiscursividad y transgenericidad. Fundadora del grupo de teatro Los Falconi –visible en Facebook y en YouTube–. Traductora al italiano de Hugo Hiriart, Verónica Murguía, Alberto Chimal, Alberto Ruy Sánchez, Sergio Galindo o Alexis Díaz-Pimienta, quien la introdujo, junto a varios otros maestros y maestras, en el arte de improvisar. En ese ámbito, ha obtenido premios como el de Décima al Filo 2019, en Cuba misma, con la que mantiene lazos culturales a través de su dúo con el repentista Yordanys Oliva.

Libros suyos para niños, ya publicados, son Ariles y más ariles. Los animales en el son jarocho y Fiestas del agua. Sones y leyendas de Tixtla (Editorial El Naranjo).

Esa tarde, Caterina compartió con soltura, con un leve acento italiano, anécdotas de su vida entrelazadas a los textos que fue leyendo. Desde un fragmento de un prólogo suyo a Alexis Díaz-Pimienta, disertando sobre el amor, hasta espinelas como “Me gusta tu cabello para enroscarme en él” y otros poemas que dialogan con sus pasiones, desde las más apegadas a su biografía o a sus viajes hasta su inmersión en España y en lo árabe, con Granada como uno de los sitios antonomásicos a los que vale la pena volver… Impresiona siempre ver la vibrátil inteligencia de alguien con un vasto mundo cultural recorrido (estudiado e impartido, vivido) que sabe elegir a voluntad la sencillez para comunicarlo e hibridarlo a sus textos y a su palabra dicha. Es este el caso de Caterina.

En meses anteriores, durante las lecturas con poetas “de carne y hueso”, en las que por varios azares no llegué a poner oído ni pie, estuvo el 10 de enero Ariel Maceo Téllez (La Habana, 1986), quien leyó en el patio interior de INSTAR.

De él se dijo en la invitación que desplegó por WhatsApp el Instituto: “¿Irreverencia o poesía? Hay quien dice que suelen ser la misma cosa. ¿Ser citadino es ser un monstruo?” –esto en alusión al título “Érase una vez un monstruo”–. El libro del que habló y leyó el autor integra la trilogía en que confiesa haber estado trabajando y de la que forman parte, además: ¿Sabes quiénes son los monstruos? (editado por Guantanamera) y “El monstruo y el espejo” (ahora mismo en crowdfunding).

Durante el recital, que se transfiguró en cálido intercambio –según el propio Ariel–, se escucharon versos con ritornelo o anáfora de ese libro que él ha calificado de viaje de “liberación” o “espacio abierto donde [sus] monstruos salieron a jugar”.

De “Érase una vez un monstruo” se pudieron escuchar “Si la poesía no te gusta te la comes”, “La dama del perrito”, “Este es un poema para dormir” o “La mosca y el flan”. Civismo y sexualidad imbricados en un discurso sobre y desde el yo, con un lenguaje directo que remite (por su modo compositivo y sus asuntos) a las interpelaciones de poetas como Oscar Cruz, José Ramón Sánchez o Legna Rodríguez Iglesias. Un llamado el de estos textos que, más procaz que rebelde –a mi ver– se sumerge en los dulzores de la libido y en la autocontemplación. Pues, si bien expresa su deseo por “levantar el culo” de entre las sábanas y hacer “algo” por este “país de cadáveres” que no nos deja respirar, no llega a darnos la clave de un hacer propositivo, jugando más con la cadena que con el mono (de la historia, del lenguaje), y dejándonos, zalamera o literalmente, con ganas…

También, dialogando a contrapelo con la inmediatez de los temas, pero con otro estilo y –acabáramos– con su cajón, llegó el 13 de marzo Omar Pérez (La Habana, 1964), el poeta y el músico, el artista visual y el traductor, el ensayista y el crítico literario. Entre los poemas y las canciones que lanzó, esta vez en una habitación del fondo de la casa, con el librero a su espalda y la cocina a su derecha, Jorge Enríquez me rescata uno que repaso y cuyo ritmo y estribillo me remiten inmediatamente a ese dolor mezclado con conmoción que sentí la primera vez que lo escuché:

Los hombres viven borrachos gozando el premio de la locura y el que primero se despavila le cantan esta canción de cuna. / Una camisa de fuerza blanca. / Un crucifijo de piedra negra. / Una medalla de oro falsa. / Y una cadena. / Blanca, negra, falsa, cadena. / —Papá, cuando sea grande / cómprame un traje de héroe. / —Hijo, cómpratelo tú / con los ahorros de tu conciencia. / Los hombres van en 10 bandos. / Primer bando los que matan. / Bando segundo los que enseñan. / Tercer bando los que cavan. / Cuarto los que vuelan. / Quinto los que hablan en número. / Sexto los que ensartan perlas. / Séptimo los que se transpiran el dorso de la paciencia. / Octavo los que se preparan para vivir de la Guerra. / Noveno los que se ponen serios disimulando que juegan. / Décimo los que por hacer justicia no perdonan ni a su abuela. / —Hijo, cuando seas grande, constrúyeme una escalera. / —Papá, constrúyela tú, con los peldaños de tu lengua. / Una camisa de fuerza blanca. / Un crucifijo de piedra negra. / Una medalla de oro falsa. / Y una cadena. / Blanca, negra, falsa, cadena…

Títulos suyos que podrían perseguir los lectores son los ensayos de La perseverancia de un hombre oscuro (Premio de la Crítica) y los poemarios: Algo de lo sagrado, Oíste hablar del gato de pelea, Lingua Franca, Canciones y letanías y Crítica de la razón puta (Premio Nicolás Guillén 2010). Aunque escucharlo en vivo interpretar sus poemas, entre el tamborileo, tiene realmente otro sabor y es muestra viva de un arte volcado al hoy, que mira y escucha al interlocutor.

En cuanto a las propuestas que se seguirán desgranando desde INSTAR, me alegran, pero sigue atormentándome lo evidente: que quienes no tienen una buena conexión no se podrán sumar al disfrute ni de escuchar ni de leer, y que eso nos atañe bastante, todavía, como país. Sin embargo, no deja de ser esta una idea admirable, claro está, con todo lo que promete como archivo audiovisual de una literatura que es ante todo palabra y que quiere salirse de la página. Entre tanta idea ambiciosa y altruista de las que se han puesto a andar por estos días en la web, junto a la liberación de contenidos vitales de todo tipo (desde las grandes bibliotecas, revistas, editoriales y museos, hasta el cine porno), INSTAR pone su piedra y la pone bien, la pone para movernos en el presente y para darnos cimiento en el futuro, que vendrá, no tengo duda. Ya sabemos que la libertad de desplegar quimeras no debe ser nunca coartada por nuestros contextos; y que, mientras más lo intentemos, más alternativas se nos ocurrirán, y más se mueven los límites de lo posible, y lo que parecía imposible tiene que seguir mudándose de casa.

El próximo invitado de este ciclo semanal –que no aspira a espaciarse sino a multiplicar sus lanzamientos al éter, acaso dos veces por semana– será Alex Díaz Jr., justo el hijo del conocido repentista Pimienta. Un joven que, desde La Habana, hace Oralitura, y cuya locuacidad he podido presenciar, incluso como profesor, en estos ruedos de la poesía improvisada que, como “arte total” –para decirlo con Jorge Enríquez– rozan del conceptismo a la picaresca…, del spoken word al toque de tambor, y que nos dejan aspirar “[a]l simbolismo de tomar[les] el pulso” a los tiempos que corren y vendrán.

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JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
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