Carl Moore anda con una Nikon y se pasea por Cuba como lo haría Marco Polo por las vastas regiones de China, sin importarle las fieras. En estatura sobrepasa a la mayoría. A simple vista parece un hombre de dos metros. De manos y pies grandes, donde acostumbra a llevar sandalias de goma. Su pelo es cano con asomos negros, en ondas, hasta los hombros. Lleva sobre la frente un pañuelo doblado para que no le corra el sudor, el sudor del Caribe.

Lo conocí hace algunos años, mientras fotografiaba a unos bailarines. A Carl Moore le fascina fotografiar a los bailarines cubanos. No sólo a los bailarines cubanos; le fascina fotografiar a los cubanos.

Su primer viaje a la isla fue en noviembre del año 2000. Me cuenta que en ese viaje recorrió durante varios días La Habana, casi siempre en bicicleta. Luego se trasladó a Bayamo en camión. Después de Bayamo vino Manzanillo, Niquero, la carretera de la costa (todavía utilizable en ese entonces) hacia Santiago de Cuba, Guantánamo y Baracoa, vía La Farola.

No volvió a Cuba hasta 2010. La Habana. Cienfuegos. Trinidad. Remedios. Ha hecho de diez a quince viajes, no me sabe decir con certeza. Holguín, enfatiza, ha sido habitualmente “su base”.

Esos diez a quince viajes han sido, sobre todo, al Oriente. Viaja, indica, por la gente. Indica, también, que “las personas en Baracoa son más diversas que en cualquier otro lugar que haya visitado y aceptan genuinamente a otros”. Le dan permiso para fotografiarlos y, a menudo, le dicen “gracias” cuando les muestra la foto.

“La mayoría de ellos no rompen en las estúpidas sonrisas que pueden arruinar una foto”, me escribe Carl cuando le pregunto por las personas que ha fotografiado en Baracoa. “Me gusta –continúa Carl– que en Baracoa siento que estoy retrocediendo en el tiempo. Esa decadencia que resulta del tiempo es hermosa. Mi alegría es fotografiar lejos de los centros decorativos que visitan la mayoría de los turistas. No dudo en vagar por los barrios cubanos, incluso a altas horas de la noche. Cuba es mi musa fotográfica.”

En Baracoa ha hecho muchas fotos. Muchas de ellas a una familia que vive a treinta kilómetros de Baracoa, en el cerro que domina la Boca de Yumurí. La primera foto importante que hizo, me confiesa, fue una donde aparece Marina con un pollo en los brazos, sentada frente a su abuelo Papi. En otra de las fotos aparece Marileidi, la madre de Marina, compartiendo chicle con el loro de la familia. Amanda, la prima de Marina, fue fotografiada mientras averiguaba qué hacer con las fichas de dominó que le dio Carl a cada uno de los niños. El hermano de Marina, Sergio, está subiendo el cerro con su camión de juguete, arrastrándolo.

Edgar Ariel


Fotogalería | Retratos de Baracoa

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Carl Moore (Chicago, 1942). Fotógrafo. Profesor emérito de la Kent State University, donde fue profesor de Estudios de Comunicación desde 1967 hasta 1992. Cursó estudios de licenciatura, maestría y doctorado en la Texas Western College, la Universidad de Arizona y la Wayne State University. Ha expuesto sus fotos en Cuba, Ecuador y Estados Unidos. Ha obtenido, entre otros, los premios de fotografía Director’s Choice y Santa Fe Reporter. Varias de sus fotografías han aparecido en ediciones del New York Times. Vive en Santa Fe, Nuevo México.

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