‘¡Saca tus doctrinas de mi vagina!’: ‘Okanaʼ en El Ciervo Encantado

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Fotograma de 'En la otra isla' (1968), de Sara Gómez

Durante la primera quincena de septiembre, se ha podido asistir en La Habana, en el teatro El Ciervo Encantado (calle 18 entre Línea y 11, El Vedado), al “parto” de Okana, ritual afroRadioactivo. Ese espectáculo-laboratorio que viene con una “energía celular y extraña de moriviví”, rompiendo monte de espuma y monte de Venus, para descolonizar y empoderarnos un much/ndo más allá. Se trata, entre tantos propósitos, de una llamada a desmontar “todo lo que tiene que ser desmontado” –como indica la investigadora Yohayna Hernández, en el programa de mano.

Las fuentes nutricias de la investigación y las citas aquí diseminadas provienen –como en obras soberbiamente recordadas del propio grupo El Ciervo Encantado, y pienso, por ejemplo, en Lecciones de la cubanosofía— de muchos y diversos discursos, de casimbas y s/rav/bias habladoras, que no se dejan poner el punto en boca. De estos modos, fluye aquí lo paraliterario y hasta lo que no. Escuchamos –siempre en off–: fragmentos de diarios y cartas (lo mismo a Dios que de madres o de Martí), entrevistas (a numerosas mujeres y a practicantes de religiones afrocubanas), ensayos o versos (de Jorge Mañach o Georgina Herrera y Shirley Campbell), entradas de blog (de Negra Cubana Tenía Que Ser), idearios de activistas (como Angela Davis) y letras de canciones (de las Krudas o de Nina Simone). Y todo lo atraviesan la visión y el humo del cigarro, la cámara y la filmografía de Sara Gómez, cuya inmersión en una granja de la Isla de la Juventud, donde se experimentó en pos del abortado hombre nuevo, sirve de telón de fondo al desenvolvimiento de Okana.

Este obrar viene del entrelazamiento de la creación escénica de José Ramón Hernández, en colaboración con Osikán-Plataforma Escénica Experimental, y con Celia B. Pérez Erraste, Lillian Chacón Benavides, Sahivel Fuentes Pérez y Geischar González Valiente –a quienes reconocemos ya por su música en Souvenir o por su presencia en La Manada–. El equipo de creación estuvo integrado por Dianelis Diéguez La O, Daril Valeris, Blain Cantillo, Yohayna Hernández y Gabriel Estrada Reyes –quien también diseñó el programa de mano.

Desde el comienzo de la representación, de un cerco de esqueletos de micrófonos enhiestos –que veremos luego caer estrepitosamente derrumbados, vencidos– pasamos al toque redentor de este cuarteto de músicas de desafiantes pechos, cuyos cantos yorubas nos escoltan para quedársenos dentro, resonando. De la performance ha dicho también Yohayna: “es un grito y un canto de vida de cuatro mujeres negras hoy en Cuba. Pero ellas no están solas, entre las […] que las acompañan no sé si notas que somos un coro de brujas, de cimarronas, de cerdas, que avanzamos monte adentro a fuerza de tambores batá.”

Palabra y música (donde se a/clama a ser “bella” como se es, a ser “reinas” de nosotras mismas) vienen con estos cuerpos negros, orgullosos, que se van zafando con coces y cabezazos desbocados, con vueltas en tiovivo, con gemidos, de la cincha y del espéculo. Pero, por supuesto, las coordenadas del sujeto de la enunciación no nos restan, sino que suman a quienes quieran soltar amarras, soltar lastre. Exaltación a la libertad –como se llamó, por cierto, aquella granja que recorrió Sara Gómez al filmar En la otra isla (1968), para entrevistar a aquellos artistas que fueron enviados a la agricultura–. La puesta concluye con velas prendidas a Elegguá, guerrero, señor de los (21) caminos, dueño de las puertas a la felicidad.

Desde su anuncio este espectáculo nos coloca, también, en su universalidad, en todo lo que nos iguala y reúne: “Por uno empezó el mundo, si no hay bueno no hay malo”. La frase no ha sido colocada en balde en el programa de mano, pues pertenece, justamente, a Okana como signo del Diloggun, representado por el número 1. Es esta una letra que indica asimismo la fugacidad de los misterios (¿de lo femenino?, de la vida y la muerte), su continua fuga: “El agua es imposible amarrarla con una soga”. Y a cada máxima se agrega en la adivinación otra que va esculpiendo el camino. Como esa que tanto nos revela sobre todo lo que (nos) hemos liberado y todo lo que (nos) queda por liberar aún: “Lo que hagas con la cabeza no lo rompas con los pies”.

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JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
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