El audiovisual Oikos (2026, 10′), del artista multidisciplinar y productor cubano Hanzer González Garriga (Control de cambios, Heurística de la memoria, Nombre del año), tendrá su estreno mundial en el 4° Festival Internacional de Cine de la Otredad (FICOT) de León, estado de Guanajuato, México, que se celebrará del 26 al 30 de agosto de 2026.
Oikos se proyectará el día 28 en la Torre Andrade como parte del programa de cortos experimentales y videoclips, que integran otras cinco piezas de autores de Europa y Latinoamérica: Lamento ebrio (Drunk Lament; Alemania, 2025) de Lucia Schmidt; Cementerio de antenas (Cementiri d’antenes; España, 2026) de Ana Munet Molas; Somnolítico (Colombia, 2025) de Abril Velázquez; Conatus (México, 2025) Alejandra Arrieta, Marcela Cuevas y Gisela Guzmán, y El espejo liminal (México, 2025) de Héctor Iturbe.

Según dijo su autor a Rialta Noticias, Oikos fue concebido a partir de la convocatoria española “Materia Bosque VIII” del Laboratorio de Arte, Ciencia y Naturaleza LABEA (Pamplona/Iruña, Navarra) y RCR Bunka Fundació Privada (Girona, Cataluña), centrada en creaciones que dialoguen con la “materia bosque, atmósfera bosque, árboles, cuerpo bosque”. Su título remite precisamente al término y noción socio-espacial de origen griego Oikos (οἶκος): casa, hogar, vivienda.
González Garriga, quien fue uno de los cien ganadores en 2025 de los Seed Awards que otorga el Prince Claus Fund, y cursa actualmente el Máster en Patrimonio Documental en la Universidad de Jaén, construyó la pieza con archivos fotográficos y audiovisuales de espacios forestales: montes, bosques, selvas, inspirado esencialmente en su condición aún muy reciente de migrante.
“Aquí en España empecé a extrañar mucho, obviamente, y esta pieza es casi una alegoría de eso”, precisó el creador, y asimismo es la concreción de una idea en torno a una obra “inmersiva” relacionada con el ecosistema que nombra su proyecto y su casa productora, Archivos del Monte y Del Monte Producciones; confesamente inspirados en el libro homónimo de la etnóloga e investigadora cubana Lydia Cabrera (1899-1991).
Explicó que Oikos mixtura “archivo analógico en soporte plano (fotografías de Archivos del Monte), net footage disponible en la plataforma Pixabay y sonidos de bibliotecas”. Además, se apropia de la música del compositor estadounidense Moby, disponible en el sitio Mobygratis “para uso libre” de estudiantes, creadores, coreógrafos, organizaciones, sin ánimo de lucro: “la fui trabajando y alterando hasta llegar a lo que se escucha en esta pieza” apuntó.


Oikos es entonces un nuevo resultado del diálogo creativo y filosófico que González Garriga establece con su amplia colección de Archivos del Monte, proyecto que creó y ha gestionado durante años para la recolección, salvaguarda, investigación y socialización de fotografías cubanas de registro doméstico de todas las épocas.
Estas fotos son recuerdos huérfanos hallados en la basura, memorias exiliadas, imágenes amnésicas que han visto expandido su potencial alegórico tras ser despreciadas, pero a la vez “liberadas” de anclajes identitarios, cronológicos, factuales, que las reducían a una mera condición utilitaria. El anonimato implica para estas imágenes un renacimiento o reencarnación simbólica.
Bien encaminado en las tendencias globales del cine de archivo, el artista cubano asume que archivar y coleccionar no es almacenar e inventariar piezas ociosas en gabinetes ignotos, sino reactivarlas como dispositivos dinámicos de memoria, como recursos vivos, capaces de engendrar nuevas experiencias y poner en crisis las propias nociones de “realidad” y “pasado”.
(Esta lógica rige el propio espacio escogido por los organizadores de FICOT para la proyección de Oikos: la Torre Andrade, un edificio inconcluso, ya legendario en León. Fue abandonado a mitad de construcción tras la muerte repentina de su arquitecto Agliberto Llamas (1930-1987), y ha sido reformulado como espacio cultural. La incompletitud provocó su descarte como objeto utilitario, resignificándolo en una suerte de escultura, instalación o plataforma. Desde 2021 fue rescatado como una “guarida cultural”, como espacio de convergencia artística, que acoge eventos como el FICOT.)
En Oikos al archivo se suma el uso de discursos escritos. El uso de recursos tipográficos integrados a la imagen pura de los archivos y a los sonidos es habitual en la obra de Hanzer González Garriga, cuyas piezas anteriores –como Apuntes incompletos del marinero (2024) y Nombre del año (2024)– contienen la palabra escrita, pues –según el autor– “estamos en un tiempo en el que la gente cada vez más le cuesta leer, y me parece interesante, aunque se pueda ver algo chocante, poner textos”.
La primera parte del relato de su Oikos está estructurada con los hallazgos de su creador: “archivos fotográficos de montes o detalles de fotos con montes” y la narración en subtítulos “de «mi abuela», que en realidad es una adaptación de frases de El Monte de Lydia Cabrera”. Este segmento, dijo, “es Cuba”. Devienen la petición que hiciera al monte para que lo ayudara a emigrar, ha comentado a Rialta Noticias. Y lo resume como “un patakí de la creación, casi como si yo dejara atrás Cuba para construir otro monte aquí en España”.
Los registros tomados de Pixabay y Mobigratis constituyen una suerte de “segunda parte”, donde la propia naturaleza audiovisual de los archivos sugiere el andar del autor por este otro monte que está descubriendo y construyendo simultáneamente en el nuevo espacio que (lo) habita.
Más que una identidad resiliente, quizás uno de los discursos más sutiles y trascendentes que propone González Garriga en Oikos es el cuestionamiento de su propia identidad heredada y la reestructuración de esta a partir de la apropiación dialógica del nuevo lugar/hogar.

Su migración no es precisamente una “mudanza” frívola ni la colonización de un espacio, sino el inicio de un proceso complejo de entendimiento, fusión y transfiguración mutua. Ente y territorio experimentarán cambios, se afectarán, se contaminarán, entretejerán un monte híbrido allende los estereotipos reaccionarios que se ocultan las más de las veces tras nociones como tradición (reacción) e identidad (intolerancia).
El artista ve la pieza como una transición fluida, un (auto)descubrimiento en el viaje por esta “selva oscura” que no lo llevará a las puertas del Infierno, sino hasta el umbral de una transmutación no exenta de traumas y sobrecogimientos.
A tenor con el título, Hanzer González Garriga propone el proceso migratorio con la gestación de un nuevo ecosistema en el que se equilibran las distintas influencias en juego. Es la creación de un “hogar” orgánico, de un sistema integrado y armónico.
Al emigrar, el artista se lleva consigo el monte cubano, pletórico de misterios, potencias, entidades arcanas, sensaciones y miedos. En las fotos de su archivo de olvidos se advierte una relación tanto de veneración como de recelo. El monte es demasiado profundo para comprenderlo a plenitud, para decodificarlo o diseccionarlo con los instrumentos de la razón occidental. El monte se siente, se abraza, y finalmente se comprende que es algo incomprensible ante lo que hay que rendirse.
Tal sensación es la misma que emana de buena parte de filmografía del tailandés Apichatpong Weerasethakul (Blisfully Yours, Tropical Malady, El tío Boonmee que recuerda sus vidas pasadas), quien se sumerge en este cosmos ignoto y pone en crisis las propias nociones positivistas de “misterio”, “descubrimiento” o “comprensión”.
Al monte se le mira y se le permite que devuelva esta mirada –como sucede con el providencial abismo nietzscheano–, pero siempre en condiciones de igualdad, de entenderlo (y entenderse) como una totalidad a la que el individuo se integra como fragmento dualmente autónomo y dependiente.

