Ediciones inCUBAdora dedica un nuevo título a Gilda Pérez: ‘Tiempo de fotografía’

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Fotografía de Gilda Pérez

Gilda Pérez es uno de los nombres clave en la renovación de la fotografía cubana hacia finales de los años setenta. Cuando el documentalismo épico que promovió el triunfo de 1959 comenzó a derivar en un manierismo formal y una retórica vacía, esta mujer –y su género jugó en ello un papel significativo– integró la vanguardia de creadores que renunciaron a reseñar la epopeya revolucionaria. Su apuesta estética optó por una subjetivación del registro. Sin dejar de ser documentales, sus imágenes, en múltiples ocasiones, excusan el tema para consumar un experimento con los valores expresivos de la composición o de la escenografía.

Para recuperar y homenajear el valioso legado de esta fotógrafa, Ediciones inCUBAdora, liderada por el escritor Carlos A. Aguilera, suma ahora a su colección Documenta, Tiempo de fotografía (en formato EPUB). Esta suerte de monografía o catálogo razonado de la artista cubana resulta otra valiosa contribución al archivo de las artes visuales. El libro recoge una muestra de fotografías que deja apreciar los accidentes más reveladores de la trayectoria de Gilda Pérez, a la vez que entrega una “imagen” de su poética autoral.

El volumen también cuenta con un preciso y elocuente prólogo escrito por el ensayista y poeta Kelly Martínez-Grandal. Conocedor del trabajo de Pérez, Martínez-Grandal repasa y valora su obra y la posiciona en el paisaje de las artes visuales cubanas. Junto al prólogo, aparecen en el libro un conjunto de breves valoraciones de creadores, fotógrafos, críticos de arte y escritores: Ernesto Menéndez-Conde, Damaris Betancourt, Aaron Sosa, Pedro Abascal, Alex Fleites, Rogelio López Marín (Gory), Ricardo A. Sarco Lira Farías, José Antonio Navarrete y Willy Castellanos. Cada uno de estos intelectuales se entregan a la tarea de analizar particularidades de la estética fraguada por la fotógrafa y a dimensionar su impronta histórica.

Con la colección Documenta, Ediciones inCUBAdora se ha ocupado de ensanchar los perímetros de la memoria visual de la isla. Tiempo de fotografía llega con la meritoria particularidad de vindicar una obra de considerable impacto en la historia de la fotografía cubana, consumada además por una mujer, artífice de una poética que se ha abierto en el tiempo sin perder su elocuencia y facultad expresiva. Una mujer, además, que la experiencia del exilio distanció de la geografía artística insular, pero que pesa aún en la textura histórica de nuestras artes visuales.

Tanto la introducción como el conjunto de valoraciones incluidos en Tiempo de fotografía, insisten en precisar la demarcación que consumó la artista –en el momento justo de su aparición en el escenario del arte cubano–, respecto al régimen estético entonces dominante. Muchas de estas lecturas convergen en el reconocimiento de la refinada sensibilidad lírica de la autora. Y ahí yace su sello distintivo, el que ha marcado los diferentes estadios atravesados por su obra, impactada siempre, de alguna manera, por la impronta que fija en ella las circunstancias vitales de la artista. Quizás por eso José Antonio Navarrete destaca que la fotografía de Gilda Pérez, en el instante de su irrupción, aprehendía poéticamente los objetos cotidianos de su entorno con un carácter autobiográfico en ocasiones. “Sospecho que, con estas fotos, está haciendo también su autobiografía”, comenta a propósito de la serie Los pasajeros.

Al colocar a Gilda en el contexto histórico de su generación, Kelly Martínez-Grandal señala que su registro particular del espacio público no sostenía un compromiso expreso con lo social, sino con “el movimiento apenas perceptible de lo real”: “sus imágenes apuntaban a una esteticidad de lo trivial como dimensión poética del mundo. Es decir, no como inventario del acontecer del mundo, sino como búsqueda de pequeñas significaciones “sin importancia”. Un muñeco abandonado, las sombras en una sábana, campesinos recogiendo arroz se daban cita en composiciones pulcras y minimalistas que se abrían a un universo donde lo íntimo funciona como trama semántica”. Las primeras series de Gilda Pérez, Paisajes del patio y Guajiros, como deja apreciar el libro que entrega ahora Ediciones inCUBAdora, conservan un espíritu de contemporaneidad impresionante en su resolución estética. Cuando recuerda esas experiencias iniciales, el prologuista las evalúa como “muestras de un entendimiento que se mueve simultáneamente entre la ternura y la desolación, lo familiar y lo ajeno, y donde la memoria se ofrece como espacio de meditación”.

Hay una pieza que destaca en la selección de imágenes recogidas en …Tiempo de fotografía, perteneciente a la serie Paisajes del patio, fechada en 1978, que explica con precisión los mecanismos estéticos instrumentados por Pérez en ese entonces. La foto captura una muñeca plástica maltrecha tendida sobre la hierba contra las rejas de un gallinero, en el que se aprecian un grupo de aves que contempla el juguete y la lente. La delicadeza del golpe de luz sobre el pecho de la muñeca, el expresionismo del ángulo y de la composición interna del cuadro, junto a la impactante relación entre el vitalismo de las gallinas al fondo y la plasticidad del juguete, conforman un dominio surreal que explica la capacidad evocativa, fabuladora y lírica de la artista, así como su despojo de la circunstancialidad típica de la fotografía de la época. Ricardo A. Sarco Lira Farías entiende estas obras como “pequeños retazos de vida, instantes u objetos capturados por una mirada documental atenta al detalle y a la composición, pero también –sobre todo– a una mirada cargada de un profundo sentir poético: en la obra de Pérez el registro y la documentación van de la mano de una rica carga simbólica que convierte sus fotografías en poemas visuales”.

Otro recurso expresivo característico del estilo de esta autora, definido ya en sus obras iniciales y que marca toda su trayectoria, es la evasión de toda clase de efectismo prefabricado. Incluso es así cuando la insólita capacidad evocativa de Gilda Pérez, en ocasiones, se concreta en estrictos ejercicios plásticos, como sucede, por ejemplo, en una foto tomada en Galicia donde se contempla la sombra de la autora mientras acciona el obturador en la pared de un vecindario cualquiera, o en aquella otra donde unas sábanas blancas ocupan casi la totalidad de la composición. En su fotografía late cierta nostalgia y extrañeza, sensaciones que brotan directamente de las cosas o los entornos capturados por la cámara. “No encuentra el espectador en sus fotografías, afeites, manierismos ni grandilocuencias estridentes; tranquilas, aparentemente simples pero profundas y conmovedoras imágenes, que develan la extraña belleza del instante, con su monumental carga de humanidad”, asegura Pedro Abascal.

El libro compila también algunas imágenes pertenecientes al importante ensayo fotográfico Los pasajeros, realizado en la década del noventa, cuando más arreciaba en Cuba la crisis económica. Tal vez el cambio estilístico más apreciable en este momento sea el abandono de la regencia del objeto y la escenografía espacial en el plano temático; se desplaza la búsqueda de la belleza inusual de las cosas, para detenerse en el individuo y en lo que era capaz de trasuntar su rostro, su postura, algún gesto… Pero ese individuo era ahí la metáfora de una sensibilidad social, y en ese punto se transparente su mirada autoral, la misma que jamás se ha rendido a la simple documentación. “Gilda atestigua la lucha, el ahogo anímico, la desesperanza que acompañaron los años del período especial”, destaca Kelly Martínez-Grandal sobre esta serie.

Tiempo de fotografía acoge además fotografías tomadas por la artista en España, Suiza y Venezuela. De este último país se aprecia alguna imagen de Fuera de casa, ensayo en el que retorna a muchos de los códigos visuales de su obra de los ochenta, ahora de un grado mayor de intimidad y abstracción. Fuera de casa es la alegoría de su experiencia espiritual después de abandonar Cuba: “La imagen no es aquí una cura de espanto, sino el registro de una intemperie mayor, la de la emigración y el exilio”, se lee en el prólogo. El grupo de fotos que testimonian los viajes de la autora por Europa, entre tanto, muestran a una Gilda Pérez convencidamente resuelta en su estilo, una autora capaz de imprimir su sensibilidad, su inequívoco lirismo, en todo cuanto mira.

Ediciones inCUBAdora ha vuelto a entregar con Tiempo de fotografía un material de lujo, que contribuirá a continuar valorando en su justa dimensión la vastedad creativa de la artista.

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Ángel Pérez (San Germán, Holguín, Cuba, 1991). Licenciado en Historia del Arte. Artículos y ensayos suyos aparecen en libros, antologías y publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Compiló y prologó con Javier L. Mora, Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Editorial Casa Vacía. Richmond, Virginia, 2017) y con Jamila Medina, Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, Guatemala, 2019). Ha obtenido los Premio Caracol de crítica y ensayo cinematográficos de la UNEAC (2017 y 2019), el Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas (2019), además de la Beca de Creación Dador (2018) y el Premio Pinos Nuevos de Ensayo (2020), ambos otorgados por el Instituto Cubano del Libro. Es programador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Integra el staff de Rialta.

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