En busca del tiempo perdido: Festival de Artes Vivas de Montréal

0
Espacio doméstico desde donde se grabó uno de los programas radiales del Festival de Artes Vivas de Montréal

Tocando desde la distancia y a través de la virtualidad, mientras nos invocaba para reinventar el tiempo y reinventarse a sí mismo, aconteció recientemente en Montréal el Festival de Artes Vivas (OFFTA). Bajo el azote de la Covid-19, parecía de plano imposible que este evento de carácter anual emprendiera en 2020 unas jornadas performáticas que suelen entremezclar actuaciones, danza y otros experimentos formales ante un público ya acostumbrado a recibirlos, desde 2007, por los escenarios y plazuelas de la ciudad. Sin embargo, la 14ta edición, “desconfinada”, del OFFTA se celebró del 22 al 32 de mayo y, gracias a su poder de metamorfosis, pudo seguir, literalmente, amplificando las voces y los gestos del arte de vanguardia de esa región de América.

En diálogo con los organizadores –bajo la dirección de Vicent de Repentigny–, los artistas regeneraron sus intervenciones en un tiempo impensable y para una época inaudita. Obras que habían sido gestadas para el espectáculo y la interacción se transformaron en piezas hechas a viva voz. O sea, la voz devino casi soporte único, instrumento idóneo para llegar a la audiencia. Y su escucha, mediante auriculares, en buzones o en línea, fue clave para que los oyentes disfrutaran de un programa que destacó por su inventiva.

La experiencia estética (como hecho de recepción) se desenvolvió en disímiles entrelugares a la vez, allí donde cada uno de los asistentes comulgó con los mensajes que le eran lanzados desde el éter y eligió aguzar los sentidos. Errancias o danzares en solitario, videoconferencias, instalaciones en línea, actuaciones filmadas y transmitidas a espectadores remotos, un clip donde el usuario podía cantar en vivo, una plataforma documental para imaginar el futuro de una especie poshumana influida por la tecnología…

Contra reloj llegó la convocatoria de la reprogramación de OFFTA y, a contrapelo, el festival y sus actores quisieron devolvernos –como la época misma– a la urgencia de meditar, a desacelerar las velocidades en las que desvivimos la vida y a adentrarnos en una necesaria pausa, más que en las profundidades de casa. De ahí que Vicent de Repentigny se abriera a la quimera de inventar un 32 de mayo que, paradójicamente, burlase el tiempo como convención y ficción, para desembarazarnos de sus dictados.

Dentro de cada obra –como mise en abyme, y en consonancia con los tiempos de este tiempo– se inscribió la visita al yo, para percibir el hoy no como algo abstracto ni ajeno, distanciándonos del hacer maquinal de lo ineludible, abandonándonos incluso a lo incontrolable. Esta nueva edición nos llamó pues a darnos tregua para prestar oídos a temporalidades y ritmos otros; para resemantizar los rituales de la muerte, el caminar, el respirar y esas rutinas diarias que dejamos de percibir, en las que a menudo nos olvidamos de estar presentes.

Fundado en contrapunto con otro evento canadiense clave, el OFFTA surgió como un off del Festival de TransAmériques (FTA), y eligió focalizarse en aunar y apoyar a los creadores emergentes, en cuya experimentación se ven reverberar las nuevas tendencias de la danza, la performance, las artes dramáticas o visuales. Con la intención de sacudir lo compartimentado en las prácticas culturales, así como sus respectivas audiencias, el OFFTA se halla asentado sobre lo multidisciplinario, tanto por sus propuestas como por quienes lo organizan cada año. Entre los miembros de ese equipo constó en 2020 la dramaturgista cubana Yohayna Hernández González –a cuya audioguía a través de WhatsApp agradezco mis errancias por el festival.

Dada su misión tripartita cual plataforma de creación, producción y difusión, en 2015 OFFTA se expandió y devino en La Serre-Arts Vivants, incubadora de proyectos y creadores, al servicio de quehaceres que impliquen cultura y sociedad. Las residencias cruzadas entre La Serre en Québec y el Laboratorio Escénico de Experimentación Social (LEES) en La Habana, con Inservi, han propiciado que artistas, dramaturgistas y gestores de uno y otro país se hayan ido vinculando, ora en mayo o en octubre, ora en sus estancias o en las obras concebidas aquí y allá.

El fondo de cooperación bilateral Cuba-Québec y la Oficina Internacional de la Juventud de Québec (LOJIQ) han viabilizado estos intercambios, que incluso han dejado huella en el Festival Internacional de Teatro de La Habana. Fueron residentes de La Serre: Martha Luisa Hernández Cadenas, José Ramón Hernández Suárez, Luis Carricaburu, María Mercedes Ruiz. Y en Cuba, lo han sido de Inservi: Mélissa Simard, Audrey Villiard, Ricard Soler, Mireille Camier y Mai Thi Bach Ngoc Nguyen. La selección de los artistas que van y vienen suele ocurrir en el arco temporal de las celebraciones de cada edición de OFFTA o de Inservi.

Yohayna Hernández González –quien es a su vez coordinadora de LEES– estuvo inmersa sobre todo en 2020 en lo que se dio en llamar “Ocupar el tiempo”, la tercera temporada de OFF.Radio, concebida a cuatro manos, por ella y por Émilie Martz-Kuhn –otra dramaturgista de La Serre–. La existencia de esta emisora –que nació hace apenas tres años por y para el OFFTA– propició, como a pedir de boca, la germinación de varias experiencias sonoras colectivas. Este modo de reunirse atenuó, moduló y catalizó las frustraciones de muchos de los organizadores y los creadores, siendo que la pandemia impidió no sólo el contacto de los artistas con su público, sino que también dejó fuera de la escena virtual a quienes no lograron reacomodarse en tiempo récord a la convocatoria, ya por la naturaleza o el ritmo de su obra o de sus procesos de trabajo, o ya por su propia situación vital o su estatus laboral.

Al estar contraindicados los encuentros en espacios cerrados, la OFF.Radio se relocalizó en los ámbitos domésticos de los locutores, como “sala[s] de escucha atenta[s] al inquietante contexto”, y así se sucedieron tres programas o capítulos que buscaban “explorar el/los tiempo(s), entre el hiperpresente y los futuros deseables”. Un abejeo de “reflexiones y sueños compartidos sobre temporalidades a practicar, a ocupar, pero también a inventar” se dieron cita: desde la palabra “autorizada” hasta las voces de ciudadanos, en su mayoría desconocidos (correspondencia llegada por Messenger, por WhatsApp, por correo electrónico…), pasando por las confesiones de los artistas (una cámara de eco que fue ensamblada poéticamente para ser transmitida).

Subyugados por el número 32 –que representa por cierto una cantidad manejable de minutos al aire–, cada programa tuvo esa durabilidad. En la entrevista hecha por Émilie Martz-Kuhn a Jonathan Martineau, el autor de L’Ère du temps. Modernité capitaliste et alliénation temporelle (Lux Éditeur, 2017) repasó la historia de la relación humana con el tiempo, analizando las relaciones sociales y de poder, el valor y las producciones desde una perspectiva contemporánea.

En el podcast coral “32 preguntas para este instante”, doce miembros de la comunidad artística canadiense involucrada en OFFTA respondieron cuestiones imaginadas para la ocasión. Montado por Claudine Vachon, quien invitó a Pascal Fioramore a la lectura performativa de los textos, el material incluyó interrogantes tales como: “¿Tienes vecinxs? ¿Puedes oírlos? / ¿Tienes una ventana? ¿Qué ves a través de ella? / Si te pudieras teletransportar, ¿a dónde irías? / ¿Puedes contarnos uno de tus sueños recientes? / ¿Cómo imaginas la autonomía en el futuro? / ¿Qué aspectos de tu práctica creativa no pueden ser digitalizados / llevados a la pantalla? / ¿Qué harías en dos metros cuadrados de más? / ¿Dónde está el horizonte hoy?”

El tercer capítulo se llama “32 especulaciones: inventario de la correspondencia de un día ficticio”, y fue leído para los oyentes por una familia de Montréal (la abuela: Martine Robertson, su hija: Anne-Catherine Lebeau y sus nietos: Arno y Romy Sirois). Este episodio en específico dio cuenta de la invención de uno entre tantos 32 de mayo posibles, si bien catapultó esta vez a los participantes y a sus interlocutores hacia el 2030. Como si escucháramos un canal epistolar, van irrumpiendo en la escena del éter 23 voces que imaginan esa jornada futura (a ratos futurista) desde edades, lugares de enunciación e imago mundi divergentes, a la par que las imanta “un fuerte e infinito deseo de vivir”–semejante al día como a la noche, entre la pesadilla y la ensoñación.

Como okupas del mañana, escribiendo desde Nueva Zelanda o São Paulo, Idaho o Miami, Nancy o Santiago de Chile, desde Montréal o Québec, muchos de los remitentes se fueron adentrando en el tiempo, y se posesionaron del paisaje. Los cubanos soñaron ese día desde Praga, Bremen, Nueva York, Madrid, y también desde La Habana o Yaguajay. Niños y adultos despertaron al 32 de mayo de 2030, algunos con nasobuco y en plena pandemia todavía; muchos en una calma cultivada, deseable, en la que afloraban anhelos quizás extraviados. Los vimos ensimismarse allí, vibrantes ante la idea de tener un amor, un parque eólico, unas gafas supersensibles, un bote, el pelo teñido, un poco de humanidad, una bicicleta, una mirada de otro mundo. O prestos a cuidar de un caballo, de una colonia de corales, de un gallito. Y ávidos de golosinas, del sonido de los pájaros, del agua del pozo, de comunicarse sin tocar las redes –apenas con calentar el cuerpo–, de marchar por la reconquista del aire, de los aires…

El tercer capítulo de las emisiones de OFF.Radio partió originalmente de una cadena de cartas y llegó acompañado a ratos de canciones u otras sorpresas, muchas de las cuales formaron parte del libreto final. Junto a la posibilidad de su escucha, en línea se accede a todo lo enviado y recibido durante esta performance de dimensiones colectivas. Simbólicamente, el material que le da cuerpo a la quimera fue publicado, en sus lenguas de origen y en francés, entre la medianoche del 31 de mayo y el día después –fecha en que se clausuró el festival, colocándose a sí mismo en el no-tiempo de su invención, como en un recodo de los arabescos de su fantasía, y haciéndonos acceder así a otras dimensiones, no sólo de sentido.

Pasados los días, ahora que la desescalada ha comenzado a su manera en tantos puntos cardinales, errabundeo otra vez por el programa de OFFTA. Me asomo al balcón donde se celebraron fiestas en petit comité de 32 minutos. Me sirvo un café en la máquina alrededor de cuyo ritual se hicieron reuniones de convivencia para pensar el mundo que se avecina y preguntarnos –desde las artes vivas, pero no sólo–: “¿A qué estamos apegados? ¿Qué queremos ver desaparecer?”. Me llegan las voces y la escritura colectiva de La Jeune Troupe du Quat’Sous con Mani Soleymanlou, mientras actúan en la distancia y se cuestionan: “¿Es posible el encuentro teatral? ¿Puede este arte sobrevivir a la ausencia del cara a cara?”

De la mano imposible de Mélanie Binette deambulo por mi vecindario, situada en espíritu en la plazuela interior del Teatro Maisonneuve, donde murió su padre hace 17 años y ella revive hoy –entre velatorios inviables– el duelo por los que amamos. Como ejercicio de arqueología al aire libre, recorro la ruta pespunteada por Simiuni Nauya, Robin Pineda-Gould y Aurélie Pédron, tras el proceso de En el corazón de la garza, dejándome ganar por las pistas, los objetos que le hablan al laboreo oculto de toda pieza –se haya hecho o no presente en los escenarios–. Con la llamada por teléfono de Nate Yaffe, me dejo llevar por el llamado de su danza: tocar la madera y tocarse una misma, seguir su aliento o mi período menstrual, rozar el viento que chisporrotea entre nosotras, para despojar al cuerpo de sus hábitos de desamor.

Así llego hasta el borde del Malecón cuando aún no se apagan las candilejas. En la avenida, de cara al mar, siento el advenimiento. Cualquier día puede amanecer 32 de mayo.

OFFTA 2020 | Bilan d’une 14e édition déconfinée

[RETOUR SUR TOUTES LES PERFORMANCES ET ACTIVITÉS DU OFFTA 2020!]Du 22 au 32 mai, l’art vivant s’est invité dans le quotidien des Montréalais·es et a déjoué la distance avec une programmation inédite de performances en ligne, par téléphone, de parcours déambulatoires audio et dansés, d’activités professionnelles, de balados et d’événements festifs. Une 14e édition du OFFTA qui défie le confinement !—[RECAP OF ALL OFFTA 2020'S PERFORMANCES AND ACTIVITIES!]From May 22nd to 32nd, live art invited itself into the daily life of Montrealers and foiled the distance with an unprecedented program of online performances, by telephone, audio and dance walks, professional activities, podcasts and festive events. A 14th edition of the OFFTA that challenges the confinement!© vidéo – Sandrick Mathurin .jpg© visuel de la 14e édition – Marie-France Gaudet© musique – Ellise Barbara#offta2020 #offtadéconfiné #14eédition #14thedition #artsvivants

Publiée par OFFTA sur Lundi 8 juin 2020

JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments