‘The Mistress of Loneliness’, Yali Romagosa (FOTO ©Andrew T. White Photo/EFA Project Space)

Llegué a conocer a Yali Romagoza por primera vez en marzo del 2017, pero irónicamente no ha sido hasta estos últimos meses de la pandemia que he podido conversar con ella en vivo, enmascaradas por supuesto. Pero ya estaba familiarizada con su obra. Fascinada por un concepto central que se maneja en su performance, la cuquita, cuyas vertientes analicé en la obra de Gertrudis Rivalta, otra artista visual cubana. Estudiaba en privado a través de las redes, los contornos del álter ego público de Yali (que obtuvo su maestría en Diseño: Moda, Cuerpo y Prendas de Vestir en el Instituto de Arte en Chicago). El otro día tuve el privilegio de poder aceptar una invitación de ir acompañada por ella a un show colectivo en el cual se exhibía su pieza The Mistress of Loneliness, que se compone de dos capítulos: The Departure (2016) y We the People (2019). El show en sí, The Immigrant Artist Biennial, un proyecto voluntario, organizado por mujeres y patrocinado por NYFA (New York Foundation of the Arts), tiene lugar en The Elizabeth Foundation for the Arts – Project Space, en West 39th Street en Manhattan, y se los recomiendo. Pero ahora vamos a hablar más bien con Yali, sobre su aporte, no sólo a este show sino al panorama artístico y sociopolítico en Nueva York.

Estamos frente a una maleta que lleva un video. Se titula The Departure…, pero antes de llegar a ella (difícil no darle toda la atención que uno tiene), hablamos un poco de Ana Mendieta, que exhibe aquí Parachute, un video del 1973, que explora el vínculo entre el juego y el arte conceptual.

Yali. Para mí es una gran satisfacción coincidir en esta exhibición con una obra de Ana Mendieta, no por su celebridad en el circuito del arte, o porque sea también cubana, sino por la profunda conexión que he establecido con su obra, sobre todo después de haber vivido en los Estados Unidos por casi diez años. El resultado visual de nuestro trabajo es muy diferente, pero partimos de una experiencia compartida: dolor, aislamiento, desarraigo, soledad, la búsqueda de un espacio donde pertenecer y sobre todo sanar. Tuve la oportunidad de conversar con la sobrina de Mendieta tras una proyección que ella hizo. Y fue la primera persona con quién hablé de esto, y ella me dijo: “Sí, se trata de eso…” Le dije que la obra de Ana me ha inspirado y ha dado fuerza para seguir adelante en los momentos más duros. The Mistress of Loneliness, el proyecto que estoy presentando en esta muestra, es una forma de sanar, una reflexión de estos casi diez años de mi vida en los Estados Unidos.

Normalmente cuando uno ve la ropa encima de un cuerpo, no se puede percibir la maqueta que pudieran haber implementado sus diseñadores. Desaparece en la imagen casi natural del individuo. Esto no es el caso de la Cuquita cubana. Es como si uno pudiera intuir las instrucciones para su construcción antes de llegar al cuerpo, un cuerpo ahora desnaturalizado.

‘The Mistress of Loneliness’, Yali Romagosa (FOTO ©Andrew T. White Photo/EFA Project Space)

Jacqueline. ¿Pudieras hablarnos un poco del vestuario que elegiste aquí para The Departure?

Yali. El vestuario va cambiando todo el tiempo con esta simbología y metáfora de que el cuerpo es tu nación, tu casa. En el vestuario voy incorporando objetos personales que tienen una carga emotiva para mí. The Departure se centra en mis memorias sobre Cuba. El momento en que yo decidí irme y sabía que no iba a volver. El vestuario sirve como contenedor de estas memorias, de estos objetos, que van conmigo a donde quiera que voy. Yo no me considero una diseñadora de moda, aunque por mucho tiempo intentaron ponerme ese cartel. Me dedico a explorar el vestuario como una herramienta narrativa dentro de mis proyectos. En mi caso, el vestuario no es un accesorio, sobre todo porque lo construyo desde cero, ni lo compro, ni lo modifico. Y es el primer paso dentro de mi proceso creativo que conecta todos los otros medios visuales que utilizo.

Jacqueline. Dentro de esos objetos en el video en The Departure hay un periódico Granma. ¿De qué año es? ¿Qué importancia tiene ese rodillo del periódico de tu papá para ti?

Yali. El periódico es del año 2008. Se lo robé a mi papá que lo tenía escondido entre sus cosas. En la página aparecen las caras de Fidel y Raúl Castro sonriendo con la declaración de lo que la Revolución significa –según ellos–. La razón por la cual creo que mi papá lo guardó es porque él alguna vez creyó en esos ideales, y por supuesto ya no. Para mí es importante tener presente quiénes son los responsables de mi trauma, el trauma que los cubanxs hemos vivido por más de sesenta años. Yo crecí en los años noventa, en el Período Especial. Mi generación, los millenials, crecimos desconectados de los ideales de la Revolución cubana. Fuimos abiertamente expuestos a la creciente desigualdad social debido a la invasión del turismo en Cuba, las empresas extranjeras, las remesas familiares y la introducción del dólar. Y muchos nos fuimos de Cuba a vivir o sobrevivir donde se pudo.

Otros objetos presentes en la obra son mi San Lázaro, mi piedra Elegua, la bandera de Cuba, cartas de mi mamá, mi familia, fotografías de mi pareja en aquel momento, los viajes que hicimos juntos. Y tengo también el vestuario de todos mis performances hasta ese momento. Yo no traje nada utilitario, en la maleta cargo aquello que tenía un significado para mí.

Jacqueline. ¿En qué año llegaste?

Yali. 2011.

Miro fijamente una imagen del video. Se me vienen a la mente las teorías de José Quiroga sobre el palimpsesto cubano, una estratificación tras el tiempo y el espacio.

Yali. Es una foto de mí cuando yo era niña.

Estas maletas nos obligan estudiar la palabra “Revolución” al lado de “We The People”. De alguna forma, tras su repetición, tanto las palabras como las tipografías terminan siendo nacionalistas. Nunca me olvidaré de lo que me decía mi padre sobre The American Revolution. Estos fundadores de los Estados Unidos también eran vistos por unos como terroristas. Yali nos explica que propuso hacer este proyecto en The Immigrant Artist Biennial y entonces pudo producir esta maleta que se centra, en específico, en el proceso para alcanzar la ciudadana americana. Le pregunto sobre el vestuario aquí, que no tiene nada que ver con lo que se encuentra en The Departure.

Yali. Tiene connotaciones muy complicadas. Al principio de estar en los Estados Unidos trabajé en el área de servicios: como mesera, lavando platos, limpiando pisos, cuidando niños. Trabajos de los cuales me botaron. Era incapaz de hacerlos, según me dijeron era muy lenta. Pero es el tipo de trabajo que, como migrante latina, Estados Unidos te ofrece. Por eso el uso del delantal como elemento central del vestuario en la segunda maleta, We the People. Para los inmigrantes que procedemos de Latinoamérica es común asumir que venimos a los Estados Unidos a trabajar duro, y eso implica que venimos a servir. Si fracasamos en ese rol entonces pasamos mucho más trabajo. En los bolsillos del delantal guardo mi nuevo pasaporte americano, el certificado de naturalización como ciudadana americana, banderas americanas, pastillas como recuerdo por los varios colapsos mentales que tuve. En la prueba de naturalización para obtener la ciudadanía hay que aprenderse cien preguntas. Una de esas preguntas dice: “The idea of self-government is in the first three words of the Constitution. What are these words?” La respuesta es: “We the People”. Y esa fue la primera pregunta que me hicieron.

El pueblo, que aparece tanto en el Granma como en el preámbulo de la Constitución de los Estados Unidos, persigue a los espectadores de esta pieza.

Jacqueline. ¿Pudieras hablarnos un poquito de la inserción de tu obra aquí en The Immigrant Artist Biennial?

Yali. Me interesa un contexto multicultural. La exhibición presenta una diversidad de voces que parten de una experiencia similar como la inmigración, el desplazamiento, la inconformidad y el proceso de cada artista frente a eso, pero desde nuestras diferentes culturas, identidades, orígenes, historias. La curadora y artista Katya Grokhovsky exitosamente logró agrupar a artistas que venimos de diferentes países alrededor del mundo, y que reflexionamos sobre el contexto político y social de los Estados Unidos y como cada uno se relaciona con el mismo. Al mismo tiempo, cada artista trabaja desde diferentes medios, lo que muestra una naturaleza no sólo multicultural, sino también interdisciplinaria. Y eso me atrae.

Jacqueline. ¿Cuántos años has vivido en Nueva York? ¿Cuál ha sido el impacto de Nueva York en tu obra? ¿Es distinto que el de Chicago?

Yali. Yo viví en NY desde el 2011 al 2013, luego me fui a estudiar un Master en The School of the Art Institute de Chicago, de 2013 a 2015. Regresé a NY desde el 2015, hasta ahora. Son siete años. En Chicago entendí las complejidades raciales de la sociedad estadounidense. Es una ciudad del Midwest y eso significa que hay una dinámica de supremacía blanca sobre la comunidad afroamericana que vive segregada en la zona sur de la ciudad. También hay una fuerte discriminación sobre otros grupos de minoría como la comunidad mexicana o boricua que viven en barrios específicos. En Chicago experimenté el racismo, la discriminación, la xenofobia. No hablé español por dos años, con excepción de las llamadas por teléfono a mi mamá en Cuba. Y me gradué con un proyecto de tesis de grado titulado: “Normal Is Good (I Like America and America Likes me)”, 2015, que es mi primera reflexión sobre la experiencia de vivir en los Estados Unidos como inmigrante. En Nueva York he vivido en Queens, donde se concentra la más diversa comunidad inmigrante de la ciudad, hay un poco más de tolerancia, pero después de la elección de Trump como presidente el racismo y la xenofobia se han hecho más evidentes. En Nueva York mi trabajo ha evolucionado, creo que la ciudad todavía conserva ese espacio de libertad, experimentación, multiculturalidad.

Jacqueline. ¿Ha habido una evolución con respecto a tu relación con estos espacios ahora que llevas casi diez años en Nueva York? ¿Y cuáles son las implicaciones de usar el espacio público de esta manera hoy en día en Nueva York? ¿Ha cambiado con la política, con la pandemia?

Yali. Las instituciones del arte en NY, como en los Estados Unidos en general, todavía tienen problemas para incluir artistas de la diáspora dentro del discurso del arte. La diáspora Latinx resulta problemática, porque no eres ni de aquí ni de allá. Como consecuencia hay falta de oportunidades. En mi trabajo trato de hacer visible este conflicto, complejizar lo que significa para el sistema del arte “diversidad” y “representación”. Es por ello que estoy desarrollando un proyecto llamado No me pongan en lo oscuro (Do not bury me in Darkness) una serie de “unannounced performative actions” (acciones performativas no anunciadas) en instituciones que son responsables por la falta de visibilidad del arte y los artistas Latinx de la diáspora –esos que no nacimos ni crecimos en Estados Unidos, para los que el inglés no es nuestro primer idioma; pero que estamos viviendo y produciendo arte aquí, dentro de este grupo me interesa particularmente las que nos identificamos como mujer–. La “acción performativa no anunciada” consiste en aparecer como mi álter ego Cuquita, la muñeca cubana sin previo aviso en el espacio público donde estas instituciones están localizadas. Invito a otras performers mujeres de origen latino a que me acompañen también actuando como Cuquita, la muñeca cubana. Nos mantenemos paradas inmóviles por media hora llevando como parte de nuestro vestuario penes simulados.

‘Meditating my Way out of Capitalism and Communism. 12410 Days of Isolation’, Yali Romagosa a través de su álter ego Cuquita

Jacqueline. Como te decía antes, he estado analizando (en diferentes formatos, incluyendo un documental en progreso con Juan Carlos Alom) el concepto de lo fino, la fineza y la finura en la cultura cubana. Ponte me presentó primero la obra de Gertrudis Rivalta, una artista cubana, afrodescendiente, a través de su pieza Quinceañera con Kremlin, que representa la imagen del Kremlin como una corona en la cabeza de su hermana, pero el trabajo meticuloso que Rivalta lleva a cabo con las cuquitas de las revistas de los años ochenta tiene mucho que ver con la hegemonía que ella sentía existía en los patrones de belleza y feminidad, mayormente blanca. Curiosamente en 2019, la diseñadora cubana Marié lanzó una colección que se llamaba Cuquitas ¿Cómo surge tu álter ego, Cuquita, la muñeca cubana?

Yali. El uso de mi álter ego, Cuquita, la muñeca cubana, me permite compartir la realidad de vivir en los Estados Unidos mientras reflexiono sobre mi pasado en Cuba y los efectos duraderos del trauma político en el individuo. A través de su narración, se ilustra cómo es habitar un espacio entre culturas. Cuquita es un vehículo para reclamar visibilidad y abordar el feminismo y la marginación, mientras me burlo de los estereotipos misóginos y racistas que plagan particularmente a las latinas en los Estados Unidos. El acto de disfrazar mi cuerpo, desaparecer y convertirme en otro, me liberó de suposiciones sobre raza, país de origen, identidad cultural, cuerpo femenino. Ella ha encontrado una visibilidad y una aceptación que yo nunca he experimentado, ni como persona ni como artista. Cuquita, la muñeca cubana está inspirada en las cuquitas, un tipo de muñeca de papel recortada que circuló en la revista Mujeres en Cuba durante mi infancia. En lugar de Barbies, yo jugué con cuquitas.

Jacqueline. Gertrudis utiliza dos versiones de una cuquita, una más feliz y más blanca, y otra más oscura y más sobria, que se parece más a la artista. ¿Pudieras hablarnos un poco más sobre esta mutación de pigmento que ocurre en tu performance?

Yali. El sistema del arte se nutre de las diferencias raciales como una variable importante de valor y para evaluar a los artistas. Todo lo diásporico-étnico es racializado en los Estados Unidos porque es categorizado por una supremacía blanca. El uso del color dorado y de diferentes colores en la piel de Cuquita –nunca simulando colores naturales de piel– busca escaparse de esas categorías. Además que amo los colores vibrantes y los uso sin miedo.

Jacqueline. Recientemente llevaste a cabo un performance frente al Whitney, un museo que también ha sido embrollado en varias controversias; la más reciente relacionada con la adquisición de algunas obras de arte para una exposición a precio de descuento, que tenía como su destino un evento que iba a recaudar fondos para iniciativas antirracistas. ¿Cuáles fueron las respuestas a tu performance allí?

Yali. Nos dejaron hacer el performance sin problemas. Yo tenía temor de que nos pidieran que nos fuésemos, pero después de tanto escándalo en que el Whitney se ha visto involucrado, al mismo tiempo estaba casi segura que todo iba a desarrollarse en paz. El público lo disfrutó mucho, tomaron fotos, se preguntaban si éramos humanas o esculturas. Comentario que es recurrente en mis performances. Cuando las acciones son estáticas, el público siempre tiene la inquietud de si soy una humana. Otros museos e instituciones habrá que ver cómo reaccionan.

Jacqueline. Para terminar en una nota positiva. Acabas de recibir apoyo del Franklin Furnace Fund. Felicidades. ¿Qué harás con él? ¿Esperamos más maletas?

Yali. Gracias. El Franklin Furnace Fund me va a dar la oportunidad de realizar una producción de performance ambiciosa que he soñado desde hace mucho tiempo. El proyecto se titula A womanʼs body is her nation (Feminist Hero) y lo dejo ahí. Estén pendientes a su estreno mundial. No se lo pierdan.

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JACQUELINE LOSS
Jacqueline Loss. Profesora de Estudios Literarios y Culturales Latinoamericanos en la Universidad de Connecticut. Es autora de Dreaming in Russian: The Cuban Soviet Imaginary (2013; Soñar en ruso: El imaginario cubano-soviético, 2019) y Cosmopolitanisms and Latin America: Against the Destiny of Place (2005) y coeditora de Caviar with Rum: Cuba-USSR and the Post-Soviet Experience (con José Manuel Prieto, 2012) y New Short Fiction from Cuba (con Esther Whitfield, 2007). Sus ensayos y traducciones han aparecido en Nepantla, Chasqui, Latino and Latina Writers, La Habana Elegante, New Centennial Review, Bomb, La Gaceta, Kamchatka, Words Without Borders, The Brooklyn Rail, entre otras publicaciones. Su traducción del ensayo de Jorge Mañach An Inquiry into Choteo se publicó por Linkgua en 2018.
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