Gilbert Brownstone
Gilbert Brownstone

Gilbert Brownstone (Nueva York, 1938) es reticente para decir que sí, que se ha sentido desilusionado; para decir que se ha sentido defraudado; para decir lo inaudito: ha sentido traición. El coleccionista y galerista de origen estadounidense me escribe desde París. No pronuncia ninguna de esas palabras, pero las refiere. No quiere ser cáustico. Afirma, en cambio, que su sentir no es lo importante. No aquí. No en relación a algo que entregó para el bienestar de otros, en La Habana, un día de 2011. Ese día fue martes, 25 de enero. Lo verdaderamente importante, dice, es que las 130 piezas –con ejemplares de Marcel Duchamp, Pablo Picasso, Andy Warhol, Joan Miró, André Masson, Roy Lichtenstein, Erró, Sol LeWitt, Donald Judd, Alexander Calder, entre otros– que donó “al pueblo de Cuba” están prácticamente “estancadas” en alguna bóveda del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). Obras que, en sus palabras, les están siendo privadas al pueblo cubano. A esa otredad le entregó una colección que inició en su juventud. Ante esa otredad se anula.

Gilbert, el 25 de enero de 2011 usted donó “al pueblo de Cuba” un total de 130 obras de los siglos XIX y XX. (El 24 de agosto de 2021, en el Boletín Semanal del MNBA, al referirse a su donación –en lo que podríamos entender como una incongruencia en el reporte– sólo se consignaron 108). La colección, bajo el título Mi amor al arte, mi amor a Cuba, fue depositada en el propio MNBA. Quisiera que me comentara, ¿cómo reunió ese conjunto de obras y cuáles fueron los motivos principales que lo llevaron a realizar la donación?

La colección de arte moderno y contemporáneo donada al pueblo cubano es una autobiografía de mi vida y mi carrera como curador y director de museos durante las décadas sesenta y setenta en París. En mis comienzos de estudiante de Historia del Arte, era común estudiar un movimiento como el impresionismo, por ejemplo, y luego asistir a las subastas de la época y adquirir una serigrafía de Camille Pissarro por el precio equivalente hoy a 15 euros. Así fue como empecé a adquirir las obras serigráficas de los artistas franceses de cambio de siglo y las vanguardias.

Otra parte de las obras que conforman la colección fueron regalos hechos personalmente por los propios artistas con los que trabajé cuando era director de museo, como es el caso de Robert Rauschenberg, Roy Lichtenstein y Andy Warhol, quien me obsequió la serigrafía de la vaca [Cow] cuando hicimos su exposición en París en 1971. Serigrafía que fue la imagen del cartel de la exposición. Mientras que los treinta grabados de Picasso fueron un obsequio de su viuda Jacqueline, cuando dejé el puesto de director del Museo Picasso en París, en los años setenta.

Originalmente, la colección que tenía en casa se componía de un total de 108 obras serigráficas, y compré a posteriori otras 22 para completar así la suma de 130 y donarlas al pueblo de Cuba. Vale decir que no solamente hay serigrafías, sino litografías, xilografías y todo tipo de grabados.

Mi motivación para donar la colección fue simple y constante desde el principio: proporcionarle a los cubanos obras de los grandes maestros de los siglos XIX y XX, de forma que tuvieran una muestra a su alcance. Me inspiré en la máxima de José Martí: “Ser cultos es el único modo de ser libres”.

Antes de la Revolución, la cultura cubana existía y era bastante significativa, pero solamente un sector específico de la burguesía tenía acceso a ella. Sin embargo, en mi primer viaje a la isla en 2001, entendí que Cuba y los cubanos poseían una gran educación cultural. Presencié una democratización cultural que no he visto en los países más ricos y poderosos del mundo. Por lo tanto, consideré justo seguir conservando esa educación.

Su relación con el arte y los artistas cubanos inició de manera más cercana, como dice, en 2001. ¿Cómo recuerda su primer acercamiento al arte cubano? ¿De qué manera ha evolucionado para usted esta cercanía hasta hoy?

Mi primera visita a Cuba fue en julio de 2001. Fue la primera vez que conocí el 26 de julio como una fecha significativa. Antes de ese viaje era casi un completo ignorante de la cultura cubana y sobre todo de las artes visuales, excepto por la obra de Wifredo Lam. A mi llegada fui presentado al Ministerio de Cultura (MINCULT), específicamente a Manelo González, quien en aquel momento era viceministro de Cultura. De la mano de Manelo González visité la Universidad de las Artes de Cuba (ISA) y la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, donde conocí a Jorge Fernández y Sandra Fuentes Guevara, directora de ese centro por entonces, que hasta el día de hoy han sido mis amigos y mi familia en Cuba.

En esta primera visita conocí también a Luis Miret, a los hermanos Yoan e Iván Capote y a otros artistas con quienes he mantenido una relación fraternal. Cuando estaba a punto de dejar Cuba en esa primera ocasión, en mi despedida con el viceministro de Cultura conversamos sobre la posibilidad de organizar becas para los artistas cubanos en París, puesto que para él la cultura cubana y la francesa debían ser inseparables. Becas que serían no solamente para artistas visuales, sino también para artistas provenientes de todas las expresiones. Así que, a mi regreso a París, organicé con el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia becas para artistas cubanos que concluyeron, de hecho, hace seis años.

Hubo más de sesenta becarios entre artistas plásticos, coreógrafos, escritores, actores, dramaturgos, etc. Mi responsabilidad dentro del programa de becas era seleccionar los posibles candidatos, razón por la cual comencé a visitar Cuba de forma regular y a introducirme de lleno en la cultura cubana.

Gracias a los intercambios que se dieron con las becas tengo relaciones de amistad muy cercanas con varios artistas, a los que les llamo “mis aseres”, principalmente con artistas visuales. Ahora que muchos de ellos se han mudado temporalmente a España, a Madrid, sobre todo, visito mucho esta ciudad también.

Mi amor al arte, mi amor a Cuba no fue su primera donación a instituciones cubanas. ¿Puede especificarme en qué consistieron las donaciones anteriores?

Como mencioné antes, para seleccionar los candidatos para las becas y residencias en París, fui muy a menudo a La Habana, y, obviamente, me relacioné con los directores del MNBA y del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam. Al Centro, justamente, llevé dos exposiciones personales: una del artista argentino Antoni Seguí y otra del artista español Antoni Tàpies, entre los años 2004 y 2005, si no me equivoco.

Tanto Seguí como Tàpies me obsequiaron algunas obras, fruto de esas exposiciones, y yo, en cambio, decidí cederlas al Wilfredo Lam. Hasta donde sé, las obras de Antoni Seguí se encuentran en el segundo piso, a la entrada de una de las oficinas del Lam; y las de Tàpies, infelizmente, se deterioraron a causa de la humedad del lugar.

¿Cuáles fueron las prerrogativas que el MINCULT, la dirección del MNBA o el Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP) le ofrecieron por la colección?

Repito que mi objetivo era dar acceso a los cubanos a esta colección, compuesta por obras que había comprado hacía varias décadas, más las piezas que recibí de las exposiciones que realicé en el Museo Picasso en París, hasta el año 1974 en que me fui. Conservaba todas estas piezas y no tenía ningún espacio para mostrarlas.

En mi visita a Cuba en 2011, en la cual pasé bastante tiempo allí, se me ocurrió la idea de donar dicha colección, dado que el MNBA no tenía la posibilidad de traer obras de otras partes del mundo, como hacen la mayoría de los museos de arte hoy día. En principio, conversé con Abel Prieto sobre la posibilidad de realizar la donación y la negociación no sucedió de inmediato. Nos encontramos varias veces antes de llegar a la conclusión de que no realizaría un préstamo, sino una donación casi sin condiciones.

Las únicas dos condiciones que pedí fueron, primero, que necesitaba un Acta de Estado que certificara que la donación había sido recibida; y la segunda condición fue que, si un día Estados Unidos regresaba a Cuba de alguna manera, yo podía recuperar todo el conjunto de obras, a lo que, recuerdo, Manelo respondió inmediatamente: “Nunca más habrá una intervención de los Estados Unidos en Cuba”.

Con respecto al Acta de Estado, me hicieron saber que solamente podía ser firmada por Raúl Castro o por Ricardo Alarcón de Quesada, que en aquel momento era presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. A finales del 2011, realizamos un encuentro oficial donde el mismo Alarcón firmó el Acta en mi presencia. La donación la dediqué a los Cinco Héroes.

¿Existió algún contrato?

El contrato fue el Acta de Estado que firmamos Alarcón y yo.

¿Se firmaron sobre papel algunas garantías?

Apenas hubo garantías, salvo que Cuba no cediera nunca esas obras a los Estados Unidos, pero fue más bien un acuerdo verbal, no escrito.

¿Cuáles fueron los directivos en Cuba que llevaron adelante los trámites de la donación?

Entre el MINCULT y yo el acuerdo siempre fue lograr que las obras viajaran dentro de Cuba. El MNBA era el único lugar en la isla que tenía los aparatos de humidización que se necesitaban para la protección de las piezas, a pesar de que no funcionaban todo el tiempo. Por lo tanto, dividimos las responsabilidades para con la colección. La tarea de hacer viajar las obras estuvo a cargo del CNAP, cuyo presidente en aquel momento era Rubén del Valle, quien hizo un muy buen trabajo en este sentido. La protección y conservación se planteó a cargo del MNBA.

Además de esto, creamos un comité de verificación para dar parte constante sobre el estado de las obras. Inicialmente, este comité fue integrado por el presidente del CNAP, el director del MNBA, Luis Miret, Roberto Diago, el coleccionista francés radicado en La Habana Jean Marc Ville y yo. Posteriormente, Lázaro Saavedra ocupó el puesto de Diago y cuando Rubén fue destituido del CNAP, la verificación se hacía con el resto de los integrantes más René González.

Sin embargo, hace aproximadamente siete años que no se realiza ninguna verificación. Existen informes del propio Saavedra señalando el deterioro de algunas de las piezas y la presencia de manchas de humedad. A lo que uno de los especialistas del MNBA, cuyo nombre desconozco, respondió diciendo que las manchas de humedad no eran graves pues se encontraban en los márgenes y no en el centro de las obras.

Gilbert Brownstone
Gilbert Brownstone

¿El Gobierno de Cuba, en su más alta esfera, estuvo relacionado con la donación? ¿Ofreció alguna moneda de cambio? ¿Existieron arras confirmatorias?

Las únicas personas involucradas fueron las que ya comenté. Y no hubo ninguna moneda de cambio. Para mí la donación fue justamente eso: donar, ceder las obras, sin esperar nada de vuelta.

Hasta hoy, ¿qué noticias ha tenido de la colección?

Hace siete años aproximadamente que no tengo noticias de forma oficial sobre el estado de la colección. Aunque en abril de 2019, el artista Wilfredo Prieto, por iniciativa personal, obtuvo un préstamo del MNBA. Lo hizo a petición mía para exponer una selección de las obras de la colección en la galería municipal de Zaza del Medio, en Sancti Spíritus, en una exposición colectiva titulada Nada más universal que lo local, la cual reunió, además, obras de Glenda León, René Francisco, Rachel Valdés, entre otros artistas cubanos. Fue la única vez que la colección salió del MNBA después de 2011.

¿Ha podido visitarla en algún momento?

Después de las exposiciones que hicimos en el MNBA y en el Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo Lam, con Rubén del Valle fui a todas las provincias acompañando la colección, salvo a la Isla de la Juventud. Incluso, a algunas provincias como Holguín fuimos dos veces. Desde la última revisión, hace unos siete años, no la he visitado más.

¿Sabe si se ha vuelto a exhibir?

Para la ocasión de la muestra en Sancti Spiritus, en 2019, y también algunas de ellas fueron mostradas en el Memorial José Martí bajo la tutela de Gerardo Hernández.

¿Está al tanto de las condiciones en que se conservan las obras?

En lo absoluto. El último reporte oficial lo tengo de la visita de verificación que hicimos René González, Lázaro Saavedra, Jorge Fernández y yo. En aquella visita se suponía que la directora del CNAP también nos acompañara, pues el Consejo es el encargado de velar por la conservación de la colección, pero no fue así. No me han enviado ningún informe de verificación a posteriori.

¿Tiene comunicación con la curadora al frente de la colección?

No existe tal comunicación porque, hasta donde sé, no hay ningún curador responsable de la colección. Si lo hay, desconozco sobre su persona.

El 24 de agosto de 2021, en el Boletín Semanal del MNBA, Margarita González Lorente, curadora de la Colección de Arte Contemporáneo Internacional de esa institución, afirmó que usted “continúa realizando acciones para mantener los intercambios culturales con nuestro país y sus instituciones”. ¿En qué medida esto es cierto? En estos momentos, ¿qué tipo de relación usted sostiene con el tejido institucional del arte cubano?

Conozco a Margarita González Lorente desde hace mucho tiempo. Tengo una confianza total con ella. Sin embargo, no es cierto que aún sostengo tratos con las instituciones culturales oficiales en Cuba. Mi trato es con los artistas cubanos principalmente, con los que han expuesto en la sede de la Fundación Brownstone en París y los que no, y con algunos curadores como Jorge Fernández y la propia Margarita. Con todos tengo relaciones valiosas que han perdurado hasta el día de hoy.

No tengo ninguna relación oficial ni con el MINCULT ni con el CNAP. Mis relaciones son con artistas y curadores que forman parte de mi círculo social desde hace veinte años. De hecho, en 2015 debía renovar mi residencia temporal cubana. En aquel entonces dependía de la aprobación del MINCULT y el propio plantel ministerial rechazó la renovación de mi residencia. Nunca existió ninguna explicación –ni oficial ni extraoficial– que argumentara la razón por la cual mi residencia fue denegada. Aunque creo que este tipo de arbitrariedad es común en Cuba.

Esta es una de las pruebas que testifican que al día de hoy no sostengo ninguna comunicación con el MINCULT. Así mismo con el CNAP, a pesar de que, cuando el Consejo decidió comprar la obra maestra –según mi criterio– de José Ángel Toirac, la mitad del pago de la obra fue ejecutado por la Fundación Brownstone. Me hizo muy feliz el hecho de que esa obra permaneciera en Cuba y no en una colección extranjera privada.

González Lorente dice, además, que siguiendo la lógica que usted propuso, la colección ha sido vista en varias provincias de Cuba y en otros proyectos curatoriales presentados en el MNBA. Hechos sobre los cuales usted no ha tenido conocimiento, ¿verdad?

Exactamente.

Gilbert, ¿se ha desilusionado con el camino que ha tomado –esta es una manera de decir– la donación?

Hace años que lucho, a mi modo “no oficial”, para que las obras de la donación puedan circular y ser mostradas. Sé, gracias a algunos amigos, que existe la promesa por parte del MINCULT de que las obras serán expuestas nuevamente. Pero oficialmente no he recibido ninguna notificación de ello, ni desde el MINCULT ni desde el CNAP. Mi posición frente al camino que ha tomado la colección no importa mucho. Lo verdaderamente importante es que el MINCULT y las instituciones culturales cubanas le den el provecho y significación que realmente tienen estas piezas.

Ha dicho que al no mostrar la colección “han privado al pueblo cubano de algo que les pertenece”. ¿Puede extenderse un poco más en esta idea?

Como decía al principio, la razón principal que me llevó a hacer esta donación fue la promoción de un ideal de cultura democratizada; una cultura “con todos y para el bien de todos”. Sin embargo, la fuerte burocracia presente en la isla ha impedido que esto sea posible, y, por el contrario, tienen todas esas obras estancadas. Resulta “paradójico” ver los discursos de Miguel Díaz-Canel cuando dice que la “burocracia está matando al país”, pero, ¿de qué burocracia habla exactamente…?

También ha dicho que el mayor responsable del “estancamiento” de la colección es el CNAP. ¿Por qué?

Porque el CNAP es quien tiene la responsabilidad nacional de promover estas acciones –la de trasladar la colección sobre todo–, y si no lo ha hecho no es el Ministerio de Economía o de Industrias los que deben velar por el camino de una colección de arte. Quien debe velar por esto es el propio CNAP.

Debemos dejar en claro que, aunque la colección fue depositada en el MNBA, no pertenece a ninguna institución. Sí al pueblo de Cuba, como constantemente aclara. ¿Es así?

Así es.

Gilbert, ¿cuál es su postura frente a los últimos acontecimientos que han tenido lugar en Cuba? Dígase 27N11J.

Sobre los acontecimientos que han tenido lugar en Cuba en los últimos meses opino que es difícil brindar declaraciones sin haber estado presente en ninguno de estos sucesos. Por supuesto que sigo todo lo que está pasando a través de Internet y me mantengo informado gracias a los amigos que están en Cuba, pero mi criterio nunca será tan válido como el de quien los ha vivido en carne y hueso. No obstante, me atrevo a ofrecer algunas opiniones.

En primer lugar, considero inexcusable que un Ministro de Cultura o cualquier representante del Gobierno cubano se manifieste de forma violenta frente al pueblo. Si eso sucediese en Francia, el Ministro es sustituido al momento, sin cuestionamientos. Actitudes como esas son inaceptables en cualquier sistema democrático.

El 11J y el 15N, por su parte, no son más que genuinos intentos del pueblo cubano en la búsqueda del derecho a la libre expresión y la posibilidad de manifestarse pacíficamente, causas que apoyo de manera rotunda y que creo necesarias en períodos de transición y de cambio, como el que sucede en Cuba en estos momentos.

¿Cómo valora las actuales circunstancias en las que un grupo de artistas cubanos se ha desplazado hacia zonas de insubordinación con respecto al Poder en Cuba?

Opino que esta pregunta conlleva a otra interrogante, que al mismo tiempo es una de las grandes interrogantes de la historia del arte: ¿cuál es el papel del artista en la sociedad? Desde mi punto de vista, veo al artista como un provocador, un ser pensante que se cuestiona su realidad, y que, por ende, está en constante diálogo con la verdad (si es que podemos hablar de una sola verdad o de una sola realidad).

Entonces, recursos como la censura –que no es exclusiva de Cuba sino, más bien, propia a casi todos los sistemas políticos– le sirven al artista para definirse y tomar partido frente a lo que “está bien” o “está mal”. Sin embargo, y según lo veo, la censura cultural y política a la que se ha llegado en Cuba es prácticamente absurda.

No puedes pretender que todo un pueblo, el cual posee una educación superior, no reaccione a las limitaciones y necesidades que existen en la isla, políticas, pero sobre todo económicas y sociales.

Hace algunos años [2017] José Angel Toirac participó en la exposición El fin del gran relato, curada por el artista Henry Eric Hernández en Galería Taller Gorría. Para esa muestra Toirac propuso una serie de dibujos con el título Alma Pater, una serie que gira en torno al amor paternal y que se compone de dibujos de determinados personajes políticos cargando a niños en brazos. Entre tales personajes se encontraban el Che, Fidel, Martí, Batista y Machado. Pero la obra original fue censurada. Le pidieron a Toirac que escogiera exhibir los dibujos que representaban sólo uno de los dos bandos: o el de “los buenos” o el de “los malos”, pero no ambos al unísono.

Creo que este ejemplo funciona como una metáfora perfecta de lo que está pasando. El Gobierno cubano ha provocado tal punto de polarización que se exime a cualquier individuo del derecho de reclamar justicia, libertad de expresión y mejoras económicas, sin que este sea estigmatizado como “el malo”. Ante tal contexto, el papel de la cultura y de los artistas cubanos será fundamental y determinante, siempre y cuando sea a favor de la justicia y el bienestar ciudadano.

Desde su Fundación continúa acompañando a varios creadores cubanos. ¿Para usted qué es lo principal en esta relación? ¿Por qué sigue apostando por el arte cubano?

En 2019 publiqué mi libro El arte en Cuba (Ediciones Blume), editado en español, inglés y francés, con prólogo de Graziella Pogolotti. Es un compendio de entrevistas a 35 artistas contemporáneos cubanos que para mí forman parte significativa de la escena cultural de la isla. En el momento de su creación, todos los artistas vivían en Cuba. De hecho, esta fue una de las prerrogativas que tuve en cuenta para hacerlo: que todos los entrevistados residieran y trabajaran dentro del país.

Si quisiéramos hacer un libro de esta índole el día de hoy, tres años más tarde, sería completamente imposible por la migración tan fuerte de artistas que se está dando, sobre todo a Madrid. Valga decir que este libro no se vende ni comercializa en Cuba, por razones que desconozco, además. Sólo lo tienen los artistas que aparecen en él.

Hoy más que nunca me siento en la responsabilidad de mostrar artistas cubanos en la sede de la Fundación en París. En dos años y medio hemos mostrado la obra de siete artistas cubanos, y la lista de nombres es infinita.

Muy a menudo me preguntan por qué amo tanto a Cuba. Y la verdad es que sí, amo profundamente a Cuba y su gente. Cuba ha sido esa isla donde, después de mi retirada de los museos en Francia y otras partes el mundo, he encontrado la oportunidad de seguir involucrado y motivado con el arte contemporáneo, que es, en definitivas, lo que más disfruto. Hasta siempre mi amor al arte, mi amor a Cuba.


* Esta entrevista contó con la colaboración, en la edición y corrección de estilo, de Dayneris Brito, quien se desempeña como asesora de la Colección de Arte Cubano de la Fundación Brownstone.

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Edgar Ariel Leyva González (Holguín, Cuba, 1994). Periodista, investigador y crítico de arte. Máster en Estudios Teóricos de la Danza (2020) en la Universidad de las Artes de Cuba (ISA) y Licenciado en Periodismo (2018) en la Universidad de Holguín. Es egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Actualmente investiga sobre la configuración de la estética poscrítica en Cuba. Forma parte del Staff de Rialta.

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