Jacques Maritain en Cuba: de Miami a Pinar del Río

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Jorge A. Núñez Hernández y Tania Bruguera durante el conversatorio a propósito de ‘Jacques Maritain y el humanismo cristiano para Cuba’ (Neo Club Ediciones, 2018)

Si algo puede decirse de lo que hace relevante a INSTAR es su manera de procesar las propuestas (de cine, arte, filosofía, ciudadanía…) con las que va ejerciendo su artivismo. Creo que puedo decirlo con conocimiento de causa, y como quien se siente un poco en casa en la salita del instituto, ya sea asistiendo a una conferencia sobre el tratamiento de las individualidades en los procesos sociales, ya a un fin de semana largo de proyecciones de cine independiente, o a la presentación de un libro que pretende rescatar el humanismo cristiano para Cuba, como este del que se habló el pasado 28 de diciembre a las 4 de la tarde.

El pinareño Jorge A. Núñez Hernández, un microbiólogo convencido de la fe religiosa y de la necesidad de una restauración de la sociedad cubana venidera, conversó con el exiguo pero atento grupo presente en la sala sobre el volumen Jacques Maritain y el humanismo cristiano para Cuba, publicado por Neo Club Ediciones en 2018 y anteriormente presentado en Miami. Los capítulos plantean un acercamiento a la figura de este filósofo francés y a los vasos comunicantes de su pensar y el de José Martí. Por demás, se adentran en las relaciones de ciencia y fe, en el campo del marxismo y las ideologías, del humanismo cristiano y la democracia, así como en la pervivencia de la memoria y en el “anonimato cotidiano”.

El Instituto Jacques Maritain de Cuba (IJMC), surgió en 1982 en Miami, fundado por quien lo dirigió hasta su muerte en 2013, el escritor y activista político José Ignacio Rasco, conocido por algunos por su trabajo docente en el Colegio de Belén y en la Universidad de Villanueva, y por sus comparecencias radiales en la Universidad del Aire, antes de su salida al exilio donde además daría vida al Partido Demócrata Cristiano de Cuba.

El IJMC ya había publicado en Ediciones Universal muchas de las conferencias que se impartieron en sus predios, no sólo sobre Jacques Maritain, sino también sobre el hombre moderno ante la sociedad democrática, sobre la “infrahistoria” de la mujer cubana, sobre el “globalismo”, entre otros tantos temas. Según cuenta al introducirnos el libro la vicepresidenta del centro, la escritora Uva Aragón, los vínculos de Núñez Hernández con ellos se remontan a más de una década, cuando los contactó interesado en el pensamiento de Maritain.

Portada de ‘Jacques Maritain y el humanismo cristiano para Cuba’ (Neo Club Ediciones, 2018)

Los años de formación del autor en la filosofía de Maritain y en otros temas afines, y su participación en simposios internacionales al respecto corrieron apadrinados por el IJMC; y no en balde la sorpresa que recibieron sus miembros al conocer que sus labores habían tenido alguna repercusión en la Isla ha terminado coronada por el libro que INSTAR puso por estos días a nuestra consideración. Ya antes la predilección de Jorge A. Núñez se había hecho patente al fundar, en Pinar del Río, “una serie de tertulias, como las que en su época animaban Jacques Maritain y su esposa Raissa, para, entre otras actividades culturales, también hacer llegar el pensamiento de Maritain a sus coterráneos” –rememora Uva.

El instituto fundado por Rasco y el ir y venir de Núñez a por el filósofo de Humanismo integral, entre el Viejo y el Nuevo continentes, y entre su Pinar natal y la ciudad de Miami (donde estuvo residiendo por más de un año hasta fecha reciente), nos abren un resquicio para pensar en el destino de las tantas organizaciones cubanas que en el exilio siguen pensando el país –como lo hicieron antes de 1959 mucho clubes, liceos y hasta partidos– y como lo hacen desde la web páginas como Incubadora o editoriales “posnacionales” como Hypermedia o Casa Vacía.

Así, por ejemplo, en la actualidad, desde Miami y no pocas ciudades estadunidenses, actúan o actuaron algunas de nombres sonoros como Alianza Martiana, Brigada Antonio Maceo, Cuba Puentes, Liga de Defensa Cubano Americana, la Cofradía de la Caridad del Cobre, la Academia Poética de Miami, los Municipios de Cuba en el Exilio, la Junta Patriótica Cubana, el Centro Ollantay para las Artes, la Casa Bacardí, y tantas pero tantas instituciones y revistas culturales cubanas –de las que ha historiado Orlando Rodríguez Sardiñas en un texto muy bien informado–. En la larguísima nómina pueden hallarse cátedras y grupos de estudios en universidades, museos, fundaciones, galerías, centros culturales, bibliotecas, archivos de diverso tipo (como los de música cubana, de Díaz-Ayala o Gladys Palmera) y un casi insondable etcétera.

Independientemente de lo numerosos que son, no deja de llamar la atención la existencia de un grupo que quisiera pensar Cuba desde el entrelugar de la religión y la filosofía de un humanista como Jacques Maritain (1882-1973) –como lo hicieran también en su momento, sumando la poesía, Cintio Vitier y ciertas zonas del origenismo–, cuya labor se halla asociada a la obra de Santo Tomas de Aquino, de quien fue arduo seguidor –se dice que introducido por su esposa.

En efecto, como adelantaban las palabras de Uva, el matrimonio (en lo intelectual y en la práctica de la fe) con la filósofa contemplativa rusa-judía Raïssa Oumansoff (1883-1960), a quien Maritain conoció cuando ambos estudiaban en La Sorbona, debe ser considerado al pensar su biografía y su bibliografía. Alumnos de Henri Bergson y deslumbrados por León Bloy, los esposos se convirtieron al catolicismo después de haber barajado incluso el suicidio en una época que no los complacía, y cuando aún no había sobrevenido lo peor de las dos guerras mundiales. Así encauzados, se dedicaron a textos sobre filosofía, religión y poesía, y llegaron a escribir libros juntos, mientras compartían sus votos con Vera, la hermana de Raïssa, y su amistad y quehacer intelectual con los esposos Van Der Meer y con Hans Driesch, Gabriela Mistral, Jean Cocteau o Charles Péguy, por mencionar algunos de los que los rodearon en su época.

Pensado “de manera especial, aunque no exclusivamente, para los cubanos que viven en la Isla” y para “quienes pretenden colaborar con los más nobles ideales en la construcción de una sociedad futura en Cuba, con presupuestos democráticos, libertad y progreso, más allá del condicionamiento geográfico”, este libro de Jorge A. Núñez, que promueve la recuperación de otros modos de filosofar para la Isla, así como otras maneras de volver al individuo, propició un diálogo siempre lleno de curiosidad con los asistentes, entre ellos la artivista Tania Bruguera.

Más que agotarnos por caminos como la apuesta martiana por la trascendencia, la democracia o la verdad, surgieron cuestiones como los derechos de las identidades “subalternas” en un panorama cubano donde la iglesia –como otras instituciones sociales– pudiera recobrar espacio en las publicaciones y en las escuelas. Y otras sobre los antecedentes escritos (al parecer inexistentes o al menos no sistematizados) de un proyecto humanista inspirado en Maritain, en pro de la sociedad cubana. Respetuosa –si bien con distancia respecto a la fe o a cualquier instancia de poder– se desarrolló la conversación de Núñez con los presentes, quienes escucharon sus reflexiones sobre la vacuidad de las sociedades contemporáneas y su admiración por las hagiografías de quienes han dado su vida a la fe, mientras lo interrogaron sobre la relación de la iglesia contemporánea con los descubrimientos científicos que desplazan la verosimilitud de los textos bíblicos a niveles míticos y simbólicos.

Si en temas intrínsecos de la fe o la vida religiosa, la fluidez o la compenetración de los interlocutores y el autor no fue grande, en lo que sí existió consonancia –según considero– fue en lo fructífero de recobrar ciertos hilos, ciertas herencias, ya a través de la revisión de pensadores universales o del patio, o ya estudiando la labor de instituciones (culturales, eclesiásticas, cívicas…), centradas en la vida de las personas que las animaron más que en sus estructuras. Una sociedad sin olvido, sin totalizaciones; un espacio-tiempo diverso, de libertades de pensamiento y de acción; un proceso participativo, de personas con rostro; un país sin enajenación, a fin de cuentas, ni ideológica ni económica… Así fuimos nuevamente instados, en INSTAR, por las tentaciones de la utopía, por qué no, al borde del cruce hacia el 2020.

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JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
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