La cinemateca de Uruguay presenta el ciclo Juan Carlos Tabío, in memoriam

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Juan Carlos Tabío

Con la proyección de Hasta cierto punto (1983), la cinemateca de Uruguay comenzó el día 2 de febrero un ciclo que rinde homenaje al cineasta cubano Juan Carlos Tabío, fallecido en La Habana el pasado 18 de enero. El programa diseñado por la cinemateca uruguaya incluye cinco películas en las que se pueden apreciar la versatilidad creativa de este importante realizador cubano, los rasgos representativos de su estilo autoral y sus ideas sobre la época que le tocó vivir.

Juan Carlos Tabío fue coguionista de Hasta cierto punto, película que dirigiera su amigo Tomás Gutiérrez Alea, Titón, con quien codirigió varios años después dos importantes filmes incluidos en este ciclo: Fresa y chocolate (1993) y Guantanamera (1995). Uno de los puntos fuertes de Hasta cierto punto se encuentra precisamente en su guion, el cual deja ver determinados elementos que Tabío desplegó en el resto de su obra. En primer lugar, la inmersión de la historia en una discusión sociológica que trasciende lo estrictamente fílmico.

Esa preocupación por pensar y explicar la sociedad cubana está en el centro dramático de otras dos películas escogidas por los programadores de la cinemateca uruguaya: Se permuta (1984) y Plaff! o Demasiado miedo a la vida (1987), dos comedias en las que el género, además de autosuficiente, deviene también un vehículo para enfocar su visión de la realidad. En estos dos filmes se tasa también otro rasgo esencial del estilo de Tabío: en ellas se deconstruye, parodia y manipula la gramática estándar de la comedia hasta sumir a este género en el singular entramado estético de su autoría.

Otro distintivo de Hasta cierto punto, apreciable en estos otros filmes de Tabío, es el desenvolvimiento –paralelo al enfoque de las problemáticas sociales– de una intensa historia de amor. En toda la filmografía de Tabío se despliegan apasionadas relaciones amorosas. Los relatos cinematográficos consumados por este director sobre su época los emprendió siempre en torno a los vínculos afectivos, los idilios y las pasiones entre algunos de sus personajes. Así sucede, por ejemplo, con los personajes de Yolandita y Pepe en Se permuta.

Ya en Se permuta, su ópera prima, Tabío delinea su principales preocupaciones estéticas e intelectuales. Pero es esencialmente en Plaff! o Demasiado miedo a la vida, una de las grandes obras de la cinematografía cubana, donde mejor se aprecia todo cuanto fue Tabío como cineasta. Esta excepcional película funde con total organicidad su sentido de la experimentación estética que viene dado por su capacidad artística para manejar los códigos de la comedia y pretextar el género para ensayar puntuales debates sobre la sociedad insular, y por su interés en explorar/evidenciar los mecanismos de representación del cine mismo a través del distanciamiento brechtiano. Si algo hace evidente el programa de este ciclo es la coherencia con que Tabío inducía en sus películas, en un anudamiento estético admirable, sentimiento –por medio de las intensas relaciones amorosas– y pensamiento –inducido a través de las estrategias de distanciamiento.

Quizás sea el éxito de Fresa y chocolate el mayor responsable de poner el nombre de Juan Carlos Tabío a circular internacionalmente. Con esta obra, junto a Titón, él se abrió a discutir –a partir del nacimiento de una amistad entre un homosexual y un joven militante comunista– la necesidad cívica de escuchar al otro y aceptar la diferencia… Es interesante cómo en Fresa y chocolate se imprime el sello de Tabío, además de en otros elementos, en la atmósfera que cuaja en el solar donde se encuentra el apartamento de Diego. La esperpéntica y popular atmósfera de ese espacio tiene similitudes con los ambientes domésticos diseñados por este creador en Se permuta y Plaff! o Demasiado miedo a la vida.

El ciclo, titulado Juan Carlos Tabío, in memoriam, cerrará el próximo sábado con la presentación de Guantanamera. Irónicamente, esta película, en la que se juntan un sagaz humor negro y el empleo de ciertas pautas del road-movie, advierte las tensiones intrínsecas al ciclo vida-muerte. A menos de un mes del deceso de este importante creador cinematográfico cubano, el actual homenaje permite volver a advertir los valores de su obra y el peso de su legado.

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ÁNGEL PÉREZ
Ángel Pérez (San Germán, Holguín, Cuba, 1991). Licenciado en Historia del Arte. Artículos y ensayos suyos aparecen en libros, antologías y publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Compiló y prologó con Javier L. Mora, Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Editorial Casa Vacía. Richmond, Virginia, 2017) y con Jamila Medina, Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, Guatemala, 2019). Ha obtenido los Premio Caracol de crítica y ensayo cinematográficos de la UNEAC (2017 y 2019), el Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas (2019), además de la Beca de Creación Dador (2018) y el Premio Pinos Nuevos de Ensayo (2020), ambos otorgados por el Instituto Cubano del Libro. Es programador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Integra el staff de Rialta.

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