‘Light, Sound & Color’: una intervención de Alejandra González

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Durante la intervención ‘Light, Sound & Color’, de Alejandra González, en la Guanábana Mecánica

En el Vedado habanero, la Guanábana Mecánica acogió el pasado 15 de diciembre la obra-performance-intervención Light, Sound & Color, de la artista visual Alejandra González.

Alejandra González es una artista muy joven que se resiste a la idea de definirse sólo como fotógrafa, aunque esta ha sido la plataforma para graficar su discurso dentro del arte cubano. Dentro de su catálogo artístico se incluyen expos como Cámara lenta (2016), junto al fotógrafo sueco Rodrigo Rivas, y Rejum (abril, 2019). Cuenta, además, con instalaciones del tipo Los límites del cuerpo y el espacio, realizada en la Bienal de La Habana 2019, precisamente, en el proyecto Detrás del muro.

La mayoría de los trabajos de Alejandra se mantienen unidos en tiempo y forma por abordar la temática de la representación a partir de desnudos del cuerpo femenino en pos de su naturalización. Sobre esto, en una entrevista que brindara Alejandra a la revista Vistar explica: “Trabajo mucho con el cuerpo femenino, el tema del feminismo y el desnudo intentan dialogar con mi intención de darle una posición a la mujer en la sociedad a nivel corporal. Me interesa romper las barreras del prejuicio del desnudo, de las censuras.”

Para esta ocasión Alejandra quiso dar una versión otra de su faceta artística. El proyecto Light, Sound & Color propone una idea, no sólo novedosa en cuanto a lo acostumbrado por esta artista, sino para lo que tradicionalmente puede incluirse dentro del campo de las artes visuales o la música propiamente.

Light, Sound & Color es un work in progress que tuvo su primera aparición en la Guanábana Mecánica. La curaduría está a cargo del crítico de arte Jorge Peré a quien debemos múltiples exposiciones en el circuito del arte habanero. Además, contó con la colaboración del pianista Yoyi Lagarza que se mantuvo durante toda la obra tocando sobre la base de una mezcla electrónica.

Yoyi Lagarza

Este proyecto tiene como temática que el espectador se convierte en la propia obra de arte. Juega con la idea de lo efímero: la intervención sólo duró 30 minutos. El público llegó a la nave de la Guanábana Mecánica y pudo vivir la experiencia de dos formas: acostado o de pie. Mientras Yoyi tocaba el piano con el fondo de cadencia electrónica, tanto en el techo como en las paredes, se proyectaban luces (verdes, rojas y azules) que giraban alrededor del espacio.

En entrevista exclusiva a Rialta, Alejandra González comenta sobre lo que persigue con esta pieza: “Normalmente uno llega a ver arte, digamos que, con un pie forzado; es decir, hay todo una curaduría a partir de un concepto que va a estar reflejado en algún soporte. Pero si estás en un espacio en donde lo que pasa son sonidos y luces, y tienes la posibilidad de relajarte con eso (acostarte en el piso), pues vas a tener tu propia versión sobre lo que pasó ahí. Cada uno de los espectadores vivió una obra diferente.”

Y es que Light, Sound & Color funcionó como una especie de puente para conectar realidades con lo más íntimo de las personas que estuvieron allí. Un viaje interior a partir del recurso de la música y lo hipnótico de las luces sobre cuerpos tendidos en el suelo sintiendo de formas distintas, pero con lo común de una causa.

La selección del espacio fue vital para el resultado de la obra misma. Acerca de esto, Peré nos cuenta: “La nave de la Guanábana Mecánica era el centro de todo, ese lugar era antiguamente el Patio de María y tiene toda una carga simbólica. Alejandra entendió ese espacio y después decidió que ese era el sitio idóneo para mostrar la primera parte del proyecto. El hecho de visitarlo en diversos momentos y comenzar a tener experiencias ahí hizo que entendiéramos la magia que nos podía brindar la locación, y de ahí que hayamos realizado esta intervención.”

En enero del próximo año se realizará la segunda sesión de este proyecto, siguiendo la misma línea de la fusión entre música y luces, pero con una diferencia: los asistentes tendrán que experimentar la obra flotando sobre el agua de una piscina. Sin dudas, una experiencia que pone a dialogar el universo interior de cada uno con el principio de ser parte, en este proceso, de la obra de arte en sí misma.

Cuando a partir del arte se logra contar con recursos como la música, los colores, la espiritualidad, lo efímero y, mejor aún, cuando se pueden combinar en una fórmula inexacta e infinita ocurre algo único (mas, dichosamente, no irrepetible) como es Light, Sound & Color. Una oportunidad para volar sin despegar cuerpos del suelo, llegar a lo más profundo de nosotros mismos y convertirnos, dentro de ese viaje, en arte.

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