Si la ficción del poder desea tragar todo en una narrativa uniforme, Joana Pimenta y Adirley Queirós responden con películas que son campos de batalla entre ficciones dispares.
Se trata de una película sobre el sedimento espiritual de la dominación (en la conciencia y en el inconsciente) en un sujeto agredido por fuerzas que hereda, que comprende a medias.
En 'La felicidad', Paz Encina no reconstruye recuerdos, no rememora, sino que su ejercicio evocativo, cuyo epicentro es la relación de infancia con su hermano fallecido, se desplaza por los senderos de la especulación casi pura.
El crítico brasileño conversa sobre la legendaria muestra con más de 170 películas cubanas que, entre enero y abril de 1990, curó para el Centro Georges Pompidou de París.