Así como la filósofa, mis primeros meses en Morelia estaban plagados de añoranza. Zambrano en ese entonces empezó a acompañarme. Me ayudaba a pensar en esos cambios de aires como un quiebre temporal que irrumpe en algún momento de la vida.
No quiero ofrecer un Aristóteles escolar ni un Aristóteles de manual, sino un Aristóteles vivido: leído por alguien que sabe que se le consume el tiempo mientras aprende.
'Isla de corcho', de Roxana Sobrino Triana, supone la entrada en escena de una sensibilidad que, sin proponérselo, funda una rama lateral, casi subterránea, de la literatura cubana de la diáspora.