Manchester devuelve al público el frenético y visionario arte de Derek Jarman

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Derek Jarman. GETTY IMAGES.
Derek Jarman. GETTY IMAGES.

Conocido sobre todo como director de cine, o como descubridor de Tilda Swinton y Sean Bean, el multifacético aporte a la cultura británica de fines del siglo XX de Derek Jarman (1942-1994) es revisado en dos exposiciones que tienen lugar en Manchester y lo devuelven complejo y huidizo como su arte.

Exponente absoluto del momento posmoderno, Jarman fue tentado por todos los registros, se movió entre la alta y la baja cultura, el pop y el punk, abrazó los territorios de la música y el cine experimental, la danza, el drag, la poesía, el diseño de vanguardia, la moda, el videoclip, la fotografía, la performance, la dirección escénica, el teatro y, finalmente, el activismo público a favor de los derechos de la comunidad LGBT, hasta hacer público su contagio por VIH.

Parte de todo ello busca ser recogido en Protest!, exposición que exhibe la Manchester Art Gallery hasta el 10 de abril, mientras que la Galería John Hansard, de Southampton, muestra una selección complementaria más breve.

La primera acoge sobre todo la incursión de Jarman en la pintura con abstracciones, esculturas y collages, mayormente sobre lienzo, cuya compleja conciencia del espacio escénico hizo que fuera contratado como diseñador de escenografías para ballet y ópera.

Otra zona de la curaduría presenta la creación del artista como diseñador de mundos. De ahí que reúna bocetos de vestuario, collages, fotografías de películas y retratos de actores en el set de rodaje. Asimismo, incluye su incursión en la escena drag alternativa y filmaciones del concurso de belleza pansexual Alternative Miss World, en el que compitió desde 1972 hasta 1991 y ganó en 1975 encarnando a Miss Crêpe Suzette, reseña el medio británico i.

‘Shades of Dungeness’ (1991). AMANDA WILKINSON GALLERY.
‘Shades of Dungeness’ (1991). AMANDA WILKINSON GALLERY.

La curaduría de Protest! suma varias pinturas de mediados de la década de 1980, cuando Jarman estaba dirigiendo la que vendría a ser una de sus obras maestras, el filme Caravaggio (1986).

“Las exposiciones que intentan una visión general de la vida y el trabajo de Jarman se enfrentan a la dificultad de su creatividad. Hizo tanto, de tantas formas diferentes, siempre siguiendo su propio camino. La variedad de sus enfoques, y el transbordador entre la introspección y la indignación, y los cambios radicales en su ritmo y método durante los aproximadamente 40 años de su carrera, no facilitan la vida ni a sus curadores ni a los espectadores. Hay mucho que asimilar, hay tantas formas diferentes de mirar”, advierte The Guardian al presentar la exhibición de Manchester.

Para i, no obstante, la exposición es “inevitablemente, un sprint a través de una gran carrera, pero es fascinante volver a visitar a Jarman como artista, en lugar de centrarse en sus largometrajes. Gran parte de su trabajo todavía se siente audaz, incluso indignante. Incluso antes de su diagnóstico de VIH, trabajaba como si no tuviera nada que perder”. Murió con apenas 52 años, ciego y víctima de un padecimiento derivado del VIH.

De la exposición ‘Jarman el bricoleur’, ‘INRI’ (1988). AMANDA WILKINSON GALLERY.
De la exposición ‘Jarman el bricoleur’, ‘INRI’ (1988). AMANDA WILKINSON GALLERY.

Que Protest! se exhiba en la Manchester Art Gallery tiene además un significado particular para Jarman, dado que fue allí donde expuso su pintura tardía, bajo el título de Queer, en 1992.

Comisariada por Jon Savage y Fiona Corridan, la exposición respeta la sensación de desconcierto que provoca Jarman y su creación. Lo define bien la reseña de The Guardian: “La coherencia probablemente está sobrevalorada y, en cualquier caso, las vidas no se viven de esa manera. Jarman fue un artista reactivo más que programático, respondiendo a las cosas y situaciones que lo rodeaban y a las oportunidades y desafíos que presentaban, ya fuera una sensación de espacio en una pintura o un paisaje, una personalidad atractiva, la alondra, el ambiente festivo de sus sets de filmación o la llamarada de las aulagas que florecen cerca de la central nuclear de Dungeness”.

Nada de lo anterior, en cambio, está reñido con el rigor. Como cuando en su ópera prima, el título de culto Sebastiane (1976), decidió que los diálogos fueran totalmente en latín, y así impuso un durísimo clima de época que contrasta con la relectura homoerótica de la vida de los santos.

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