Ilustración de Alejandro Cañer

Falls Church, Virginia, 3 de abril, 1993

A Jaime Labastida,
director de la revista Plural

A corto plazo quiero dejar constancia de mi relación con Plural. En 1976, recién salida la revista Enlace, tengo en Ciudad de México una entrevista con Danubio Torres Fierro, en aquel entonces jefe de redacción de la revista Plural que dirigía Octavio Paz. En dicho encuentro intercambiamos publicaciones, ideas y relaciones comunes. Poco después, todas las publicaciones relacionadas con Excélsior cambiaron de objetivo y de directores. En el caso de Plural se pasó del agrupamiento neoconservador de Octavio Paz a la desafiante intolerancia antiimperialista de Jaime Labastida. En momento alguno, ni con Paz ni con Labastida, poetas y escritores cubanos en el exilio tuvieron fácil acceso a Plural.

Mas ahora, cuando Cuba, ajena a la literatura oficialista o a la ofensiva contrarrevolucionaria, necesita de más apoyo y comprensión, no político o económico, sino histórico e intelectual, es cuando su revista asume una actitud crítica hacia el régimen de La Habana. Crítica, aceptamos que basada en el pluralismo, se enfoca más en el discurso político y económico del postsocialismo y el modernismo que ofrece Vargas Llosa, que en la realidad humanista y literaria de una Isla de Cuba sola y sin amigos.

Es de imaginar y sufrir, que la Cuba revolucionaria, apoyada por la ex Unión Soviética, tuviera mayor cantidad de adeptos que los que hoy día tiene: abandonada y constreñida a sus propios recursos: posibles o no, negativos o no, con más de mil errores pero con un mensaje surgido no de la noche bolchevique, pero sí del bolivarismo y de la in- dependencia ideológica de la Revolución Mexicana.

Resultaba muy fácil ser amigo de la revolución cubana durante el llamado turismo intelectual. Resultaba muy fácil ser un protegido de la izquierda promoviendo la obra literaria y plástica que se producía en Cuba. Pero hoy esa misma Cuba, esa misma revolución, ese mismo régimen, se ha convertido en un paria internacional. Por lo tanto, su presencia literaria ha dejado de ser importante. Lo que ayer era una avanzada hoy es un impedimento. Cuando María Elena Cruz Varela era una formidable poeta (producto de la revolución) nadie la tenía en cuenta, pero solo bastó que se convirtiera en disidente, en presidiaria del régimen, para que fuera un símbolo contra el régimen que la encarcela. María Elena y su poesía merecen más que eso.

En cuanto a su gestión a cargo de la dirección de Plural, siempre consideré que podía resultar en un puente entre la literatura y el arte cubano que se producían dentro y fuera de la Isla. Pero no, la experiencia de los últimos años y la conducta por usted exhibida, no daba pie a tal conjetura. Es más, como fundador y codirector de la revista literaria Enlace, estuve de acuerdo con publicar una entrevista suya realizada por el profesor norteamericano Paul W. Borgeson, Jr. de la Universidad de Illinois. Entrevista que le costó a Enlace las más ácidas críticas de la intolerancia cultural del exilio cubano.

Mas ahora duele, que en vez de tener una publicación atenta al problema cubano, dispuesta a mantener un dialogo constructivo y a nivel intelectual, se deja arrastrar por los intereses políticos más mezquinos e innecesarios en la hora actual de Cuba.

Por tanto, de acuerdo a sus propias declaraciones en la polémica con la directiva de la UNEAC, y siguiendo el ofrecimiento de sus propias palabras en cuanto al pluralismo de Plural, le envío esta carta con el propósito de su publicación, y la inclusión de dos poemas que muy bien pudieran dar la clave de lo mucho que Cuba significa para todos nosotros.

Sin más por el momento, atento a su respuesta, lo saluda y estima,

Mauricio Fernández.

 

Equipaje de los dones

El que no está donde debiera estarse
alimenta de organismos ajenos. Urgencias
extranjeras obligan / así el mármol
antepasado posee:
fundaciones y pasión de isla
(demasiado para no tenerse en cuenta). No
estar, no es decir ausencia / nada más un
paseo en antiguas
creencias y el equipaje de los dones.

El que no está, viajante de farmacia ni
yerbero es (los remedios caseros quedan
en casa). La persona a
describirse, trashuma olores de un
archipiélago sin olvido. Es posible,
en rondas que hacen daño, la permanencia
que no le pertenece: es una constante de
compañías y traiciones evitadoras de
caminos conducentes.

El que no está donde debiera estar / tiene
cruces y clavos a cuenta
propia. A cuestas, el equipaje:
manzanilla estrellada, guano de murciélago,
un bocoy de miel y otro de
melao, resina de guagasi y paciencia,
mucha paciencia china, y el espíritu de
La primera en el tiempo.

El que no está, no puede; con el
pubis del Sol, las saudades de una rusa
blanca, inquisidores
embarcados en isla, fumas de un
conde(nable)…, no puede seducir cantos, ni
generales, ni la mala copia de
una enmienda.

Cartas son cartas

Cartas son cartas, hablan o
enmudecen (sobre la mesa o en correo).
Síntomas de imaginación y poder /
convencen en su doble oficio o
hacen memoria, de quienes crecen, a partir
de raíces comunes, de
encomiendas a compartir.

La mancha de un idioma compartido,
los primeros tiros sin rifles ni intenciones /
amigos, hermanos, compañeros (la fiebre,
vacaciones, una enamorada de verano,
la matinée), ¡quién carajo recuerda tanto! (Es
un vivir viviendo, viviéndose / es una breve
parada y se acabó.)

En pasado: éramos / lastimando siempre.
Éramos iguales, juntos, compinches.
Hermanados en la lluvia y la seca, en el
trabajo y la vagancia, en la ciénaga y el
pedregal, en abundancias y carencias.

Mas hoy, los llamados a concebir el
mañana / alcanzaron tres veces a Pedro;
porque su momento no pudo ser tiempo, y
sus brazos no más se alargaron: abriendo
verjas, derribaron muros, sintiéndose
dueños sin decir basta; y culpables o
inocentes / todos cumplieron.

Y en el instante cimero: se decide / no el
que está preparado, sino el sí de quien se
convierte en enemigo, en espejo contrario
de ese éramos, en promesa a compartir sin
las hazañas conseguidas. Y las cartas
hablan, como si el suceder careciera de
ingredientes y la cuota más dulce se hunde
en descuido.


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