“No podía creer lo del premio”: Martica Minipunto gana el ZKB en Zúrich

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Imagen de la performance ‘No soy unicornio’, de Martica Minipunto, en Zúrich.
Imagen de la performance ‘No soy unicornio’, de Martica Minipunto, en Zúrich. Foto: Zürcher Theater Spektakel.

Martica Minipunto empuja los límites, alonga las teatralidades allí donde estén. En un libro, en un lago, en un campo de trigo con un cuerno que sobresale; un cuerno blanco sujetado a su cuerpo por una serie de correas. Martica Minipunto puede ser un cuerpo centrohabanero dándola toda en la calle Galiano, puede ser un lengüeteo, puede ser una hormiga sin manada, una hormiguita perdida en el Palacio de las Ursulinas, puede ser una fundadora, junto a otras fundadoras, todas de negro, en el Lyceum de El Vedado.

Martica acaba de ganar un premio en Suiza. Un gran premio.

Según el jurado de los premios ZKB, en el marco del festival Theater Spektakel en Suiza, la dramaturgia de No soy unicornio “es sencilla y a la vez de una claridad cautivadora”. Además, los dictaminadores están seguros de haber premiado a una creadora “de gran talento”. Esta pieza, en sus palabras, “es un testimonio de la vitalidad de las artes escénicas contemporáneas”.

Martha Luisa Hernández Cadenas (alias Martica Minipunto, Guantánamo, 1991) es poeta, teatróloga, editora independiente, gestora cultural y performer. Todas estas zonas de creación son infiltradas en su práctica por la indisciplina. Su pulsión indisciplinar hizo que, en 2019, iniciara una investigación que comenzó con la relectura de Unicorn (1970), de la artista alemana Rebeca Horn.

Imagen de la performance ‘No soy unicornio’, de Martica Minipunto, en Zúrich. Foto: Martha Luisa Hernández Cadenas / Facebook.
Imagen de la performance ‘No soy unicornio’, de Martica Minipunto, en Zúrich. Foto: Martha Luisa Hernández Cadenas / Facebook.

“La performance No soy unicornio es rica en poesía e imágenes concretas del contexto sociocultural de La Habana. La atención se centra en el personaje del unicornio, una criatura fabulosa fuera de lo normal, a través de la cual se invita al público a imaginar una realidad alternativa. A medida que la artista se desenvuelve e interactúa progresivamente con una selección de objetos de importancia tanto personal como colectiva, es brillante su desafío de nociones como la sexualidad, el género y la identidad”, señaló el acta del premio.

El dictamen destacó también el papel del equipo artístico de No soy unicornio por encontrar “una solución maravillosamente lúdica para la traducción en vivo” de la obra, lo cual “muestra que la artista está lista para presentar con confianza su trabajo transdisciplinario en diferentes contextos internacionales”.

No soy unicornio es un dispositivo que inició su devenir como conferencia performativa. El tejido escénico involucró a Joanna Montero en la realización audiovisual y a Celia Ledón en el diseño de vestuario. La conferencia tuvo en 2019 dos presentaciones en Cuba, en las ciudades de Matanzas y La Habana. En 2021 se presentó de manera telemática en Chile, como parte de la 28 edición del festival internacional Santiago a Mil.

En este gesto, Hernández Cadenas ensaya las multiplicidades de los cuerpos imperfectos a partir de una relación (mutante) entre el cuerpo y los objetos, el cuerpo y la máquina, el cuerpo y la farmacopornografía, el cuerpo y el fetiche, el cuerpo y la prótesis, el cuerpo y las dictaduras, el cuerpo y los tecnomachismos, el cuerpo y la feria, el cuerpo como una feria, el cuerpo y lo otro.

Martica configura una sensibilidad performativa que hace del cuerpo un paisaje. Ese paisaje es un cuerpo-unicornio. Quisimos saber sobre su conmoción y le enviamos algunas preguntas.

Martica, ¿otro premio?

Recibir este premio es un gran honor para mí. Recuerdo que Yohayna Hernández, quien participó en una edición anterior del festival y con quien compartí muchas preguntas y miedos desde Zúrich, me habló del premio en un chat privado. Yo enseguida le dije que no era algo en lo que siquiera había pensado. ¿Cómo iba a existir otro premio que no fuera presentar No soy unicornio en Zúrich?

¿Estás feliz?

Estoy muy feliz. Participé en un programa que reunió a artistas de distintas realidades, con trabajos muy inspiradores y de gran carga política y poética. Fue sumamente inspirador conocerlos. Me quedo con las palabras, con las reflexiones nada complacientes o románticas, con las críticas y deseos. La felicidad también es repasar todos esos vínculos que surgieron de estar ahí juntos.

¿Cómo fue recibirlo desde Centro Habana?

Agradezco infinitamente al jurado, sus palabras sobre la pieza fueron estremecedoras y muy generosas. Agradezco también a los curadores del Zurcher Theater Spektakel, en especial a Lea Loheb y Maria Rossler. Pude ver la ceremonia y sentir el calorcito de la entrega del premio porque Lea documentó ese momento para mí, así que Centro Habana era también un lago en Suiza, y la pantalla del móvil se convirtió en una ventana para sacar mi cuerno.

Imagen de la performance ‘No soy unicornio’, de Martica Minipunto, en Zúrich. Foto: Martha Luisa Hernández Cadenas / Facebook.
Imagen de la performance ‘No soy unicornio’, de Martica Minipunto, en Zúrich. Foto: Martha Luisa Hernández Cadenas / Facebook.

¿Qué recuerdos sobresalen ahora mismo?

Tengo los mejores recuerdos del maravilloso equipo técnico de la Rote Fabrik durante las presentaciones. Sin la complicidad y la creatividad de Joanna Montero, de seguro no hubiera sido posible una conexión tan profunda con la audiencia. Te cuento que decidimos hacer una suerte de improvisación cruzada, entre el spoken word y lo que ella podía capturar y traducir en vivo, y aquello resultó todo un riesgo que también nos implicaba en un juego con el discurso, con lo intraducible.

¿Pensaste en algo, en alguien?

Cuando supe la noticia pensé en mi familia, en mis amigos, en Cuba, en el ISA [Universidad de las Artes de Cuba], en el Laboratorio Escénico de Experimentación Social, en los espacios que compartimos, en el teatro y la poesía, en las “soledades en coexistencia”, en un salvavidas de unicornio que siempre estará ahí.

La última noche me tiré al lago con el salvavidas de la performance, fue un ritual que Joanna documentó y que cerró imaginaria y emocionalmente toda la incertidumbre de presentarme en el Zürcher Theater Spektakel. En ese momento pasaron muchas cosas por mi cabeza, todo lo duro que sucede en mi país para cualquier clase de unicornio, ese estado perpetuo de salir a flote, la sensación de estar exhausta y tener el pecho apretado por no saber nunca hacia dónde voy, hacia dónde vamos, y ahí sentir el vaivén del agua como aliviándome.

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