Conversación con Rafael Zarza, Premio Nacional de Artes Plásticas 2020

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Rafael Zarza junto a una de sus pinturas

En 2020, el Premio Nacional de Artes Plástica fue concedido a Rafael Zarza, uno de los artistas visuales más prominentes entre los que emergieron en Cuba durante la segunda mitad del pasado siglo; una distinción que vino a reconocer definitivamente el relieve cultural de la obra consumada por este creador y sus aportes particulares a las artes visuales en Cuba. Cuando, en entrevista exclusiva para Rialta, le comenté sobre el alcance del galardón, Rafael Zarza contestó concisamente: “El Premio Nacional de Artes Plásticas 2020 representa para mí un nuevo reto, un reto conmigo mismo, porque la obra que debo hacer espero que sea más crítica, más cubana y más actual con estos difíciles tiempos”.

Precisamente, este creador se ha distinguido siempre por su capacidad para sostener un diálogo fecundo con la realidad social y política cubana, en sintonía con cada época en que se ha desarrollado su trabajo. Zarza se ha desplazado de los años sesenta a la contemporaneidad, enfrentando todas las tormentas históricas que han azotado el campo cultural de la isla; y como gran artista que es, estos vaivenes han representado un estímulo para la conformación de su estética personal. Con una impresionante sutileza comunicativa, los signos de su discurso se han alimentado de las contingencias de los tiempos en que le ha tocado vivir con una alta facultad de renovación.

Obra de Rafael Zarza (cortesía del artista)

Aunque su obra no ha sido jamás “ahistórica”, el estilo cimentado por Zarza durante todos estos años –y resuelto desde muy temprano en su carrera– apuesta por una dimensión alegórica que posibilita trascender las particularidades epocales y extiende su discurso a terrenos muchos más generales como la ética y la ideología.

Toda la creación de Zarza se ha caracterizado por una incisiva crítica social, de naturaleza estrictamente política. Al respecto me comentó: “soy muy crítico y deseo lo mejor para mi país, pero pienso que no puedo ser calificado como un pintor político, sino como artista de la época que me ha tocado vivir, ver y sentir en ella a la vez que afrontar y reflejar las décadas del sesenta, setenta, ochenta, noventa y este dos mil que ya transcurre de forma tan terrible. Desde luego un artista refleja todo esto”.

Rafael Zarza (cortesía del artista)

Si algo ha conseguido fijar la obra de Zarza a la tradición plástica cubana, es la figura de la “res” (el toro o el buey) como motivo iconográfico central de su poética. Constituye una proeza, dentro del devenir artístico cubano posterior a 1959, la destreza con que este autor ha sabido adaptar o reinventar este motivo en las diversas etapas por las que transitado su trabajo. Aunque el código visual de Zarza ha cambiado continuamente, al incorporar a su imaginario nuevas fuentes temáticos o referenciales, la “res” se mantiene como un detonante estético y conceptual inagotable. Y en gran medida, ahí radica la fuerza de su autoría y de su estilo… Todavía hoy, después de tantos años, al nivel de la elaboración expresiva, esta figura conserva un nivel de contemporaneidad y una potencia de sentido que explica la resolución artística de este creador.

Obra de Rafael Zarza (cortesía del artista)

Sobre cómo llega la figura de la res a su imaginario explica: “Nací en una casa de Marianao en el Reparto Almendares, frente a una carnicería. De niño me sentaba a mirar como traían los cuartos de reses y los depositaban en la carnicería. Los empleados que transportaban la carne se cubrían las ropas con paños manchados de sangre y todo esto me llamaba la atención y me impresionaba. Por otra parte, viví mucho tiempo en casa de mis abuelos. Allí, llegó esa imagen del toro a mi intelecto, porque en esa casa se hablaba de corridas de toros, toreros y había adoración por el mundo de los toros. Manolete y Silverio Pérez eran los toreros del momento. Manolete muere en 1947, yo tenía tres años. Silverio lidia un poco más de tiempo, pero ambos estuvieron en la Habana. Manolete de paso por otro país de América y Silverio, junto a Armillita, lidiaron en la última corrida que se efectuó en La Habana, en el stadium del Cerro en 1947.Todo esto influye y me lleva a realizar después de la academia de San Alejandro dibujos y collages con la imagen de la res, tintas que ya llevan la imagen del toro deshuesada y aparecen los esqueletos taurinos, figuras que adapto según sienta: si son personajes nefastos les hago retratos terribles y los convierto en bueyes, si son desnudos femeninos en vacas majas y si son toros, entonces van a combatir a muerte contra el caballo que lo acosa y el torero que lo engaña. De esta forma el toro se convierte en símbolo de libertad, rebeldía, y si muere lo hace luchando contra todo lo que intenta someterlo. Por otro lado, cuando asumo los bodegones, inserto las calaveras taurinas, bucráneos, algo filosófico, pues es la vida que se va inexorablemente”.

Obra de Rafael Zarza (cortesía del artista)

En medio de la efusividad artística con que vivimos la contemporaneidad, Zarza consigue ser todavía una voz transgresora desde la autenticidad de su imaginario estético y su repertorio plástico. Él es evidencia de las potencialidades expresivas y conceptuales de que gozan todavía hoy soportes como la pintura y el grabado, en los que, además, la construcción plástica de este autor tiene una base esencial en el dibujo. “Prefiero pintar, sobre cualquier soporte, papel, lienzo, madera, cartón de embalaje…”, apunta Zarza.

“En el grabado prefiero la litografía, que me permite dibujar como sobre una hoja de papel y lograr una mayor expresividad, pues puedo usar creyones, pincel seco y hasta el cabo de un viejo pincel afilado, con lo cual logro diversos valores. Después de impresa la estampa, comienzo a trabajar sobre la misma, añadiendo elementos pegados-collages, acrílicos y creyón. Esto hace que mis litografías se conviertan en obras únicas, diferentes y sean mucho más plásticas, porque desde hace muchos años he tratado de romper esa frontera que existe entre la litografía y la pintura como obra de arte”. Su experiencia creativa, que reporta disímiles posibilidades de construcción, incluye también el campo del diseño gráfico, el cual ha dejado una impronta decisiva en los mecanismos expresivos del resto de su obra: “del diseño en particular pienso que he aprendido a componer en un espacio cerrado, como en el cartel, y a saber utilizar textos y subtextos como parte de las obras”.

Rafael Zarza (cortesía del artista)

Uno de los aportes de Zarza al arte cubano se encuentra en su (re)funcionalización del legado expresionista, de la nueva figuración y del pop, a partir de un personalísimo enfoque de los códigos de tales movimientos desde la idiosincrasia y la cultura tradicional del cubano. En esa orgánica coalición entre la referencialidad de la técnica y la situación representada toma cuerpo la voz de este artista: “El imaginario popular cubano latente en mis obras, junto al expresionismo europeo y al pop-art norteamericano –el uso de etiquetas de cerveza, de latas de conserva o de productos lácteos y anuncios publicitarios de los años cincuenta–, me ha proporcionado una forma de decir lo que quiero y un camino para que el público entienda o piense lo que quiera sobre mis obras”.

Con respecto al imaginario popular cubano, en la trayectoria de Zarza hay una serie de recursos que vuelven una y otra vez a sus piezas como atributos propios del mundo al que alude: el humor y la sexualidad. “En muchos casos he asumido el tema de la sátira, la sexualidad o el erotismo, que generalmente son rechazados por determinado público porque se sienten agredidos por esas imágenes; quizás porque sienten que son golpeados por la fuerza de esa sexualidad, representada en el machismo y sus escenas de posesión, tan arraigada en la sociedad”. El erotismo y el humor (en la forma de la sátira, la parodia o el choteo) han alimentado su poética en tanto los ha incorporado a su sistema expresivo desde un singular abordaje estético que garantiza que estos elementos conserven un alto grado de subversión discursiva.

Rafael Zarza (cortesía del artista)

Otro aspecto que llama la atención de la creación de Zarza, desde sus inicios hasta hoy –estrechamente relacionado con lo anterior–, es la organicidad con que ha hecho converger en su visualidad, como índices de su poética, referencias de orígenes diversos: la tradición artística occidental, la cultura hispánica, los elementos africanos incorporados a la cultura cubana, el diseño publicitario prerrevolucionario… La asunción de tales referentes, en buena medida, ha posibilitado que su discurso no se vuelva retórico, que no se agote; él mismo opina que “la fusión de ambas tradiciones –la hispánica y la africana– se traduce en que mi obra se vuelva más contemporánea”.

Rafael Zarza (cortesía del artista)

El artista que es en la actualidad Zarza debe mucho, por supuesto, a su experiencia en el campo cultural cubano. Su paso por el Taller Experimental de Gráfica y por el Consejo Nacional de Cultura repercutieron tanto en su obra como en su condición intelectual. Sobre ese momento, recuerda: “A partir de 1965, comienzo a realizar litografías en el Taller Experimental de Gráfica en la Plaza de la Catedral. Me sedujo esa atmósfera de piedras litográficas que podían ser dibujadas como hojas de papel y ser impresas y reproducidas después, lo que me permitía participar en varias exposiciones colectivas con la misma estampa. Así logre exponer junto a artistas más experimentados en países latinoamericanos como México, Colombia y Venezuela, y ser invitado a exponer con el desaparecido grupo El Techo de la Ballena. Todo esto contribuyó a que, en 1968, obtuviera el premio Portinari de litografía de Casa de las Américas en la Habana. A su vez, dada la cercanía del entonces Consejo Nacional de Cultura con el Taller de Gráfica, pude hacer carteles y litografías en esa época. Ese fue un periodo negro en el cual no exponía ni litografías, ni pintura, sólo algún que otro cartel. Esto me forma como artista que se crece ante las incomprensiones de los funcionarios que hoy ya no están y espero no se repitan nunca más”.

Rafael Zarza (cortesía del artista)
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ÁNGEL PÉREZ
Ángel Pérez (San Germán, Holguín, Cuba, 1991). Licenciado en Historia del Arte. Artículos y ensayos suyos aparecen en libros, antologías y publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Compiló y prologó con Javier L. Mora, Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Editorial Casa Vacía. Richmond, Virginia, 2017) y con Jamila Medina, Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, Guatemala, 2019). Ha obtenido los Premio Caracol de crítica y ensayo cinematográficos de la UNEAC (2017 y 2019), el Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas (2019), además de la Beca de Creación Dador (2018) y el Premio Pinos Nuevos de Ensayo (2020), ambos otorgados por el Instituto Cubano del Libro. Es programador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Integra el staff de Rialta.
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