Lorenzo García Vega en Buenos Aires, probablemente 2002 (FOTO Reynaldo Jiménez / Vallejo y Co.)

2011

Julio 31

—A las seis y media de la mañana le digo a mi difunto amigo Mario Parajón, que acaba de morir quien hace muchos años que ha muerto, el intelectual cubano Jorge Mañach.

El féretro de Mañach, un féretro pequeñito, está descendiendo por una escalerita.

Mario se propone pronunciar una oración fúnebre, a la manera de Bossuet. Yo estoy vestido como un pelotero.

Entonces, Mario se burla de mi disfraz.

No estamos en un túnel, pero es como si estuviéramos en un túnel.

¿A qué construcción, de medio pelo, huele el lugar dónde estamos?

(¡Demasiados años han pasado, para que ahora venga el sueño con este absurdo minicuento!)

Yo no soy el viejo de 84 años que soy, sino un joven disfrazado de pelotero. Pero, lo que sorprende es la escalerita por donde desciende el féretro de Mañach. Olor a arena. A pesar de ser las 6 y media de la mañana, el sueño se traslada a un mediodía con cielo nublado. Pero ¿cómo es eso? Nada me hace sospechar que fuera de mi habitación esté lloviendo. Y yo nunca fui joven, ni nunca me interesó el juego de pelota.

—En la siesta, un sueño absurdo sobre una posible visita a Cuba. He pensado ir a Cuba, pero todo sucede mal. Todos son contratiempos, malentendidos.

Casi al despertar, la mala acogida de unos jóvenes aficionados a la literatura. Soy invitado a una conferencia, pero nadie asiste. Me pregunto por qué he sido invitado. Nadie se ocupa de mí. Es como si estuviera estupefacto.

Agosto 19

A las 9 de la mañana, sueño con la María Zambrano que yo hubiese querido que fuera, pero que tal vez no fuera. Me despido de ella, la abrazo con gran cariño.

tele y sueño

Nunca pude ser amigo de María. Sentí una lejanía, una sofisticación (una vez la llamé “la sacerdotisa de Orígenes”) / Hubiese querido ser amigo de María. Pero ¿quién era María? / María, en el Sueño, me muestra un gran cariño. / Pero…, en el físico de ella, el Sueño se descubre como un muñeco de cera. ¡Un color de muñeco de cera! / No rechazo. Es extraño, pero no rechazo. Ese color, blancuzco, de la cera. Ese aire de muñeco que no sé cómo expresar. / Pero, a pesar de todo es como si sintiera nostalgia por una amiga que nunca fue mi amiga. / Pero ¿por qué ese aire de muñeco de cera?, ¿esto tiene explicación? / Todo esto, repito, sucede a las 9 de la mañana.

Septiembre 7

Vuelvo, esta noche, a la casa de huéspedes (para estudiantes universitarios) que frecuenté en mi juventud.

De noche.

La dueña de esa casa es la misma que yo conocí en aquel tiempo. Así que no ha sucedido nada. Hay, creo –¿lo creo o es así?– una aburrida fiesta. Alguien dice: “¡Cuídate!”

Dentro de lo negro de la noche, hay un oscuro amarillo. No creo estar sintiendo nada. Me parece, más bien, que aunque me parece estar escribiendo, lo que me está pasando es soñar que estoy escribiendo.

¿Una noche vieja puede contener un baúl? No sé, como tampoco sé por qué siento que hay un baúl en una noche vieja (quizás esto se deba al antibiótico que estoy tomando).

¿Puede existir una noche muerta?

¿Qué puede ser una noche muerta?

Hoy recibo una tarjeta, donde Ida Vitale me dice esto: “Y mañana no va a ser otro día / Ni una noche distinta / Para los aprendices que no aprenden”.

Septiembre 29

Debido a la artritis, no logro dormir. Entonces me tomo unas pastillas y me duermo. Pero sin alcanzar la paz. O sea, durmiendo, pero sin que esté durmiendo (?). Es el miedo.

La casa se ha llenado de miedo. La casa se ha vuelto hexagonal. Tiene otro comedor, distinto. Yo apago la luz, debido al miedo (es como si tuviera que atravesar una puerta de cristales). De pronto, se oyen gritos espantosos. Gritos de terror. Un auto está pasando. Un auto lleno de gritos espantosos.

Alguien –no sé si dentro, o si fuera, del auto– es el responsable de los gritos.

Mantengo la luz apagada. Hasta que (no lo sé bien) comprendo que pueda estar soñando.

Me despierto. Enciendo la luz. Siento el alivio de no estar en el comedor donde creía estar. Siento el alivio de haberme despertado, pues ha sido como si me hubiese metido dentro de una pesadilla.

Ya no siento miedo. Pero me siento batuqueado, como si me hubiese escapado de…

El ruido del aire acondicionado. Lo voy a quitar. Voy a quitar el aire acondicionado, pues es como si él fuese el residuo del miedo que he sentido. ¡El residuo!

¿Uno puede haber caído dentro de la materia? ¿Era eso lo que sentían los gnósticos?

Y ahora –son las 4 de la mañana–, pienso en los jesuitas, en el miedo que pude sentir cuando hacía los ejercicios espirituales. ¿Sentí miedo, o es que estoy haciendo literatura?

¿Estoy metido en el mismo destino? ¿Qué fui cuando estaba con los jesuitas? ¿Por qué, ahora, todavía medio dormido, pienso en eso?

Tengo 84 años, me digo. Esto es como el memento mori.

2012

Enero 6

¿Qué hace aquí Juan Marinello, quien fue presidente del partido comunista cubano? Son las 3 de la mañana.

Verdaderamente, no sé qué hace aquí Juan Marinello. No sé quién pudo traerlo.

A Marinello siempre lo vi, vestido con un impecable traje de dril cien, y una tía de Luisa, la bibliotecaria que fue una presa política, siempre decía cuando lo veía pasar por la acera, frente a su casa: “Por ahí va el Anticristo”.

O sea, que a estas alturas, el Sueño me ha traído al Anticristo vestido de dril cien.

Enero 7

Soy joven, y voy a la Feria. Es una Feria en Caracas. Pero, todo me sale mal, muy mal. Estoy mal vestido. No me devuelven lo que me tienen que devolver.

¿Mi madre está en alguna parte?

Me levanto, pensando en la muerte.

Siento angustia. Siento un miedo insoportable. Venezuela siempre, es el lugar donde todo me sale mal. No tengo por qué volver a pensar en eso.

Enero 8

Mi madre. Mi madre. Mi madre.

La familia. La familia. La familia.

¡El horror!

En el sueño, todo esto. ¿Para qué decir nada?

Enero 9

4 de la mañana. Es como si en el Sueño se “colaran” trozos de películas, denunciadoras del régimen cubano: atropello, vejaciones, presos políticos, etc.

O sea, rollos de película, en el sueño.

Yo no soy político. Yo no quiero denunciar nada. Yo no quiero decir que hubo atropellos. Pero, por unos minutos, aparece un documental lleno de denuncias.

Poca cosa. ¿Es poca cosa? Parece que han pasado unos minutos. Y parece que, al pasar unos minutos, me despierto. Me despierto, me levanto: voy a orinar. Sobre todo, espero no seguir soñando con la política. Yo no quiero saber de eso.

Repito: rollos de películas: documentales denunciando al régimen. Había unos viejos corriendo. Había unos policías dando palos. ¿De dónde salía esto? ¿Qué cosa era esto?

Sigo repitiendo. Cuando me levanté, fui a tomar agua fría. Agua bien fría. Tenía un poco de artritis.

En fin, es como si el Sueño fuese un aparato de radio. Un aparato de radio donde hubiese mucha estática. Escenas, también, donde la policía reprime a la gente. Pero, yo no tengo por qué soñar con eso.

No, no tengo por qué soñar con eso. A mí no me gusta lo político.

Enero 11

Angustia. No puedo salir de la angustia. No logro salir del sueño.

Esto es una angustia intolerable. Esto no tiene solución.

¡Ese horrible merendero! Con Marta estoy metido en un horrible merendero.

¿Qué pasa con el bus? ¿De regreso? Pero, no llega. No acabo de saber.

Y la música fea, la comida fea, la suciedad. Nada de lo que se sirve en esa fonda, sirve para nada.

Veo que Marta cae al suelo.

Hay una destartalada ambulancia.

Marta ha perdido el conocimiento. Quizás le ha sobrevenido un infarto.

Pues, este lugar donde estoy, es como la síntesis de todos los lugares feos, de todos los lugares cubanos, donde he estado.

Todo sucio.

El lugar, sigo repitiendo, en la Cuba de antes, es el feo y sórdido trópico de antes. Unido, esto, con el pánico que estoy padeciendo en estos días.

Telón de fondo del feo pasado de antes, unido con el terrible miedo que me asusta ahora.

La ambulancia como un cacharro sucio. Un cacharro sucio que se está cayendo.

Pero no es una pesadilla, no. No, esto no tiene las características de una pesadilla. Esto, más bien, es la destilación de un realismo.

Antes tuve como un flash onírico. Un flash que emergía desde una disolución.

Un flash, por supuesto, unido al miedo y a la angustia.

Todo por la mañana. Logré despertarme a las 11 de la mañana.

Me despertaba, me dormía.

El telón de fondo que…

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