'El muerto', Lorenzo García Vega

Y siempre el basurero: en el espejo, en los sueños. De vuelta…, respirar apenas…, sueños horribles. Entonces, lo que puede aliviar a un bag boy es un Valium. Carrusel de miserias.

 

Mataron un gato en el Reparto Gran Canal. Apesta, tendido en la acera.

 

Domingo es hoy, pero mañana los buenos pájaros volarán sobre la blanquísima azotea del Publix. Y etc., etc.

 

Gaviotas en el parqueo del Publix. Pedacito de paisaje marciano (aunque este pedacito es sólo por un momento).

 

En esta sala de la casa del boy, donde se oye la musiquita del carrito de helados, y donde un unicornio negro parece estar dentro de un cuadro. Al oscurecer, hoy, una lagartija se escondió detrás del cuadro.

 

Viernes, fin de semana. Sólo 24 horas de trabajo en el Publix. Un amigo lo entera de una luz amarilla que está relacionada con las cefeidas. Eso es bueno saberlo.

 

Alucina, alucina su poco. Voz lejana de un hombre, en el altoparlante de un estadio. Lejana la voz, es de noche.

 

…una silla vacía… y estar perdidos, luchando contra fuerzas que se desconocen.

 

Bastante malos los sueños. Cenestesias muy desagradables (por no decir otra cosa). Pero el boy tiene que vivir con eso.

 

Un pedazo cónico. Un tubo incandescente. Música pesada, golpeando; eso a lo lejos.

 

Una segunda conciencia. “Esta segunda, y más fría conciencia se manifiesta en la capacidad cada vez más acusada para verse a sí mismo”. Ernst Jünger.

 

Estuco. ¿Por qué piensa en estuco? La música indirecta del Publix, ahora con una melodía sentimental de película de la década del 40. Se acaba, él, de ponerse su delantal de trabajo. Y el pobretón Snake Bar, con sus plásticos y su mostrador de lata mala. Luce más mediodía que nunca.

Demasiado tun…bate…tun. Trastorno. Es la cavernosa música dentro de un auto que recorre las calles del barrio donde vive. O sea, es esa música que tiene por objeto llegar a ensordecer a los jóvenes (los jóvenes imbéciles la escuchan en sus carros). Es por la noche, son las 11 y media de la noche; pisada de elefante, la música se difunde como la sonorización de una enorme cagada. ¡Qué horror! Pero ¿por qué esta música de los mongólicos jóvenes tiene relación con todo lo que se puede apuntar en este Diario? Extraño…, la música de los mongólicos de cierta manera se relaciona con todo; se relaciona con el carrito del Publix, se relaciona con las gaviotas de la Playa Albina; se relaciona con todo. Extraño… ¿Esto es el To go without?

Hay que permanecer impasible. El hombre del carrito debe permanecer impasible, No se puede perder la compostura cuando, en el mostrador de la Línea 8 aparece una monstruosa vieja rinoceronte, con una bata que le mete miedo al miedo. Tampoco, por supuesto, ningún bag boy se puede reír ante semejante espectáculo. Así que, lo mejor que puede hacer el hombre del carrito es hacerse el distraído y dejar, si puede, la Línea 8 donde está el rinoceronte hembra, para así ocuparse de la Línea 7, o de la Línea 6, donde no se sabe qué monstruos pueda haber.

 

No hay trabajo y punto. Hoy es día de asueto. Un bonito día grisáceo, como si estuviéramos en Londres. Alguien tiene puestos unos lentes descomunales. Hay una hermosa mata con flores color lila. Y a lo lejos –es el mediodía– se oye al elefante; la música electrónica, o lo que carajo sea, del auto de los jóvenes imbéciles.

 

Diagonal. En diagonal. Hierbitas en el parqueo de un restaurant. Parece que lo gris del tiempo ahuyenta a la gente. Unos viejos (dos parejas de viejos, exactamente) vienen y van por el parqueo. Pero él no ha dado ni cinco pasos, y ya se pone a soñar con un mundo donde la identidad estuviera totalmente abolida.

 

“Hay en nosotros un extraño impulso –nada fácil de describir– a dotar el proceso de la vida de un carácter de portaobjetos preparado para el microscopio”. Ernst Jünger.

 

Como en programa de computadora. Un personaje dice: “Él es un gaznápiro”. Pero como decir gaznápiro parece desvirtuar la cosa (aunque habría que explicar por qué la palabra gaznápiro puede desvirtuar un asunto), entonces se echa a perder el relato. Por lo que entonces, para cambiar la cosa, se toca una tecla y el personaje dice: “Él es un bobo”. Dice y todo empieza a funcionar bien. Sólo, pues, al cambiar gaznápiro por bobo.

 

Ayer, al mediodía, tres cajeras almorzando en la sala de espera. Apareció joven que trabaja en el Almacén y dijo: “Hay olor a pescado”. “Más bien es olor a bacalao”, contestó una cajera. Pero entonces otra cajera, una nica, le puso la tapa al pomo cuando dijo: “No, no es olor a pescado, sólo hueles a tres mujeres que estamos aquí”. Por lo que así, con esta contesta de la cajera nica donde el olor del sexo, se asomó el fantasma de Dulita, la niña de 11 años que suscitaba los relatos masturbatorios de Dalí.

 

Pedazos masturbatorios, mediodía…, pero es que hay una capa de memoria que puede cubrir. Estamos inconscientes de esa capa, pero esta puede existir.

¿Cómo? He aquí un ejemplo: muchas veces, cuando al mediodía anda por el parqueo, sobre su piel el hombre del carrito sorprende la capa viscosa, la capa de memoria, viscosa, por donde asoma en su memoria, con la misma consistencia de un film, la carreta llena de carne que, al mediodía, cruzaba las calles de Jagüey Grande, hace ya sesenta años. Pues bien, esta capa de memoria, también puede contener a Dulita, el fantasma masturbatorio.

 

Domingo, por tanto es día de asueto. Un pequeño zepelín en el cielo claro. Se cruza el puentecito que desemboca en un Hospital. El olor a desinfectante del Hospital, no hay duda que es la muerte. Aunque no rechaza ese borde de angustia, él se detiene. Sólo el amor podría…, pero…

Bum, bum en el autoestéreo. Va el auto por la calle. El también, caminando por la calle. Caminando desde su casa hasta el Publix y, curiosamente, en todo ese tramo no se deja de oír el canto de los pájaros. El Padre Las Casas decía que había una isla que se podía recorrer, de un extremo a otro, bajo la sombra de los árboles. El tramo que conduce al Publix… Pero es demasiado fuerte la música del autoestéreo.

 

Música clásica, bajo especie de jazz, quizá fue el rubro de la música indirecta. Pero, ¿cómo asegurarlo? La música estaba puesta tan bajita, que casi parecía una alucinación.

 

Ya en el Publix le han dado una casetica, y él está contento. Puede guardar el delantal, y la corbata que tiene que ponerse para trabajar con el carrito. También está contento con el candadito que se ha comprado para cerrar su casetica.

 

Recuerda el año 1936. Un daydream con la linterna que usaban los acomodadores de los cines de entonces.

 

Con un clínex se secó el sudor en el baño del Publix. Secarse el sudor es secarse el vacío. ¿Cómo…? También se secó una historia. ¿Qué historia fue?

 

Un violeta ayer, en un rincón del maletero en sombras. Anochecía, y él colocaba los mandados en el auto.

 

Oye a quien habla como engarbullando. Al que habla así. No puede evitarlo y, por eso, al hablar por teléfono, el interlocutor casi no lo escucha, y se queda escuchando sin escuchar, y es como si mascara vacío.

Una cajera habla de su legrado.

 

Sobre su experiencia con la nieve de New York, le escribió el amigo del bag boy. Después de leer esto, el bag boy durmió la siesta. Después salió a la calle, y en un solar yermo vio, volcado sobre la hierba, al carrito de un supermercado.

Cubierta de 'Cuaderno del Bag Boy', de Lorenzo García Vega, Casa Vacía, 2016.
Cubierta de ‘Cuaderno del Bag Boy’, de Lorenzo García Vega, Casa Vacía, 2016.

* Estos fragmentos pertenecen a la sección “Y siempre el basurero”, de Cuaderno del Bag Boy, de Lorenzo García Vega, publicado por la editorial Casa Vacía en 2016.

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LORENZO GARCÍA VEGA
Lorenzo García Vega nació en Jagüey Grande, Matanzas, en 1926 y falleció en Miami, en 2012. Sus últimos libros publicados son Erogando trizas donde gotas de lo vario pinto (La Palma, Madrid, 2011), El cristal que se desdobla (Diario) (Amargord Ediciones, Madrid, 2016) y Cuaderno del Bag Boy (Casa Vacía, Richmond, Virginia, 2016). “Lorenzo ha sido (o es) de los pocos escritores anti-mainstream que el archivo Cuba tiene. Un escritor inmaduro, en el sentido de Gombrowicz; edípico, socarrón, negativo, antipose.” (Carlos A. Aguilera)

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