‘Shifting Streams’: doce artistas cubanos unidos por el río Hudson

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De la serie ‘Luchadores’ (2019) de Nápoles Marty, parte de la exposición ‘Shifting Streams. Twelve Artists by the Hudson River’

El río Hudson, hacia el sur, en su –casi, casi– desembocadura, divide a la rancia isla de Manhattan, epítome de Nueva York, de su hermano pequeño, el estado de Nueva Jersey. Apenas un salto de río. En ese último tramo, en ese rumor de desembocadura –“donde el Hudson se emborracha con aceite” (Lorca)–, en la orilla correspondiente a Nueva Jersey, se produjo el atraque de una de las mayores comunidades de inmigrantes cubanos en Estados Unidos.

Nueva Jersey –específicamente las zonas llamadas West New York y Union City– es considerada el segundo mayor enclave de la diáspora cubana en el país norteño. Este “acontecimiento” se amplificó a partir de los noventa, en medio de una de las peores crisis económicas de Cuba que derivó, entre otras (muchas) consecuencias, en que un número considerable de artistas cubanos encontrara asiento en estas ciudades y decidiera edificar su obra desde ahí, con todas las obsecuencias del caso.

Hoy, ya sea en West New York o en Union City, viven, entre otros, los artistas visuales cubanos Jairo Alfonso, Douglas Argüelles, Kenia Arguiñao, Javier Caso, Sandra Cordero, Nápoles Marty, Geandy Pavón, William Pérez, Alain Pino, Danay Vigoa, Pedro Valerio y Vanessa Fernández.

Estos doce artistas fueron reunidos por la curadora cubana Meyken Barreto en Shifting Streams. Twelve Artists by the Hudson River, exposición inaugurada de manera virtual el pasado 7 de octubre, con el auspicio del Hostos Center for the Arts & Culture, junto al Bronx Council on the Arts. Hasta el venidero 9 de diciembre se podrá visitar el espacio expositivo en 3D que replica The Longwood Art Gallery.

Con el objetivo de “dar visibilidad –como indica la comisaria cubana– a una comunidad artística que se ha ido asentando en esta zona”, Shifting Streams… “reúne a una parte de los creadores cubanos que viven y trabajan en Nueva Jersey, específicamente en las ciudades que bordean al río Hudson por el lado oeste: Union City y West New York. Para esta muestra he seleccionado a doce artistas, pero, realmente, en esta área existe una comunidad creativa de origen cubano más amplia y no sólo de las artes visuales. He seleccionado a artistas que en algún momento de sus vidas han tenido que cambiar las cálidas olas marinas que rodean su isla originaria por las pacíficas y casi siempre gélidas corrientes del río Hudson. De modo que la figura del «agua», de las «corrientes de agua», ha funcionado como un elemento que alude al desplazamiento, a la resiliencia y que, en definitiva, unifica a este grupo de creadores.”

Cuando, a principios de enero de este año, Meyken comenzó a preparar Shifting Streams… no imaginó que, diez meses después, el mundo estuviera su(bsu)mido en una de las peores crisis pandémicas que recuerde la Humanidad. La crisis había comenzado a finales del diecinueve en un pueblo casi desconocido para Occidente: Wuhan. Occidente, con su soberbia habitual, en un principio juzgó (no olvidemos que la palabra griega krísis significa discriminación y disputa, pero también decisión, en el sentido de juicio o evaluación) mal las consecuencias del biovirus. Por sólo mencionar una de las consecuencias, casi un año después han muerto más de un millón de personas en todo el mundo. Pero en enero eso nadie lo podía prever. Meyken Barreto no lo podía prever.

No lo podía prever y planificaba inaugurar Shifting Streams… en el Hostos Center for the Arts & Culture a finales de año de manera tradicional: “Cuando se determinó la fecha de la exposición, en enero de este año, no sabíamos lo que se avecinaba con la crisis de la Covid-19 y, por supuesto, la idea era hacer una muestra en el espacio físico de la galería. Al principio del verano, dada la situación de no poder hacer el evento, le propuse al director de la galería esta idea de hacer una muestra virtual y fue aceptada. Esta es la primeara vez que se produce una experiencia de realidad virtual en el Hostos Center.”

Meyken continúa: “La pandemia ha obligado a repensar los formatos de exhibición, a sacar más provecho de las posibilidades que ofrece Internet, la realidad virtual, etc. Eso, como todo, tiene sus pros y sus contras. Por una parte, se pierde el contacto directo con las obras, una experiencia importante e insustituible. Por otro lado, se gana en visibilidad, pues una muestra como esta puede ser vista en el mundo entero.”

Para la selección de las obras, Barreto tuvo en cuenta la diversidad de discursos y estilos de los doce creadores, y seleccionó trabajos recientes de los artistas. En la muestra, especie de white cube virtual, no existen conexiones evidentes entre las obras, bidimensionales en su totalidad. Aquí los vínculos se establecen de manera oblicua. Ni siquiera el río Hudson, como signo maestro, entrelaza las obras. El río es el nimbo. El río se establece, aquí, como episteme de arrancada para establecer la red. Nunca al revés.

“Lo que une a este grupo de artistas es justamente su origen, ya que, como se puede apreciar en la muestra, tienen lenguajes, discursos e investigaciones muy diferentes. Llegaron y se asentaron en esta área en momentos muy diferentes de sus vidas y carreras. Algunos llegaron muy jóvenes, otros hicieron gran parte de sus carreras en Cuba y vinieron hace pocos años. Incluso hay varios que emigraron primero a otros países y finalmente terminaron en este lugar. Todos poseen experiencias muy diversas.”

Shifting Streams. Twelve Artists by the Hudson River está compuesta por dos “ejes” o “momentos” fundantes. Meyken Barreto señala que “el primero está relacionado con el ser humano, el cuerpo, el yo, las historias personales y los personajes históricos. El segundo momento lo dediqué a los espacios.”

William Pérez inaugura el primer “momento” con una obra perteneciente a la serie Caprichos de la conciencia (2019), donde crea un reino de alteridades imaginarias y eróticas. Eróticas no sólo en el sentido más llevadero, sino en el sentido de la carencia, de la necesidad, como enfatiza Anne Carson en Eros. Poéticas del deseo (Dioptrías, 2015). Son figuras (pavo real, bailarina, corazón) que sobrenadan en una necesidad oculta, mientras alcanzan el éxtasis a través de prácticas bondage.

Luchadores (2019), de Nápoles Marty, es un documento. Un documento en calidad de soporte que contiene información. Esto pudiera decirlo de toda creación artística; lo que no pudiera decir de toda creación artística es que es un documento agónico. (¿O sí?) La mayor agonía de Luchadores radica en su representación corpopolítica. En la imagen del cuerpo como texto biopolítico de poder. Ahí radica su agonía.

A Luchadores le siguen dos retratos de Alain Pino: Controlar los vectores e Informe desclasificado, ambos de 2017, “resultados de sus exploraciones en torno a la economía y sus símbolos”. Desde una figuración extrañada, Pino intertextualiza motivos extraídos de noticias, redes sociales, mercados financieros… para desestabilizar la representación que pudiera achacársele.

En este primer “eje” también encontramos las fotografías de Geandy Pavón, y concluye con dos piezas de Danay Vigoa. Pavón, quien por estos días también expone su serie Cuarentena: 40 días y 40 noches (2020) en las plataformas digitales del Museo de Arte de las Américas (AMA, por sus siglas en inglés), esta vez se retrotrae y recontextualiza su serie Vae Victis Vanitas (2015-2016), donde retrata a expresos políticos cubanos que residen básicamente en Nueva Jersey.

Guillermo, Evaristo y Silvia, Jorge y Aniceto y Armando Álvarez son los cuatro retratos del tunero Geandy Pavón que componen el mapa (me refiero a la noción de mapa en el sentido en el que Deleuze y Guattari lo analizan en Mil mesetas: el mapa como “asunto de performance”) abierto, desmontable, alterable, de un exilio político que llega hasta nuestros días. Concebida como exploración de vanitas, tipología que designa una categoría particular de naturaleza muerta, Geandy explora simbólicamente la brevedad, la reciedumbre de algunas vidas, y la vanidad que las acompaña.

Danay Vigoa, con Mente social y Redes sociales, ambas piezas de la serie Self (2020), creada durante el confinamiento debido a la Covid-19, explora su propia identidad y subvierte, desde la autorreferencialidad, la hegemonía del selfie en las sociedades contemporáneas: pantallas autoeróticas de visión. Sociedades del like, del me gusta, del wow! Sociedades donde el sujeto humano ya sólo se topa consigo mismo, donde se pulveriza la alteridad. Danay lo entiende, lo desmiente, y lo quiebra.

El segundo segmento Meyken Barreto lo dedicó al espacio. Es curioso que lo haya dedicado al espacio. No queda claro a qué espacios se refiere. ¿Espacios del lenguaje? ¿Espacios de posesión? ¿Espacios defendidos, vendidos, amados? ¿Espacios de hostilidad? ¿Espacios del combate? ¿Espacios de la intimidad? ¿Espacios vitales? ¿Poéticas del espacio? No tiene que quedar claro. Y como no queda claro prefiero quedarme con la noción de espacios sensibles, es decir, prefiero quedarme con Gastón Bachelard.

En este sentido, todas las piezas, tanto las del primer eje, como las del segundo, son espacios estéticos (entiéndase, espacios sensibles). Pero creo saber por dónde viene la idea de Barreto: quizá este segmento se refiere a los espacios conviviales; pero esta es sólo una suposición.

Encontramos, en este segundo segmento, cuatro fotografías de Javier Caso que forman parte de la serie Propiedad privada (2013–2014). Cuatro fotografías “robadas” de espacios domésticos donde Caso trabajaba como persona de mantenimiento. Todas las fotografías de esta serie se hicieron sin el consentimiento de los inquilinos o propietarios de las viviendas, hecho que, con gran acierto, trastoca las nociones de lo público, de lo privado, de lo íntimo, de lo seguro, de lo personal, de lo colectivo…

Douglas Argüelles, por su parte, presenta una pintura –Ruinas. #6 – África. Museo Metropolitano (2019)– inspirada en la archiconocida pieza de Malévich White on White, donde reproduce una vitrina de las Galerías Africanas del Met utilizando sólo diferentes tonos de blanco. En este eje también se incluyen las exploraciones de Vanessa Fernández, Pedro Valerino, Sandra Cordero y Jairo Alfonso, con investigaciones relacionadas, respectivamente, con la temporalidad, las propiedades intrínsecas de la materia pictórica, los ecosistemas y los dispositivos electrónicos.

La muestra concluye con una pieza de la serie Forgotten Dreams (2019), de Kenia Arguiñao. En la serie, Kenia registra los días cuyos sueños no puede recordar a la mañana siguiente. En la pieza que se muestra en Shifting Streams… se inscriben fechas desde 2010. No me equivoqué cuando dije que prefiero quedarme con Gastón Bachelard. La poética de la ensoñación –de Bachelard– es para Forgotten Dreams como el aljez a la escayola. En ese libro, Bachelard indica que la ensoñación es un fenómeno de tregua física que a menudo carece de memoria. Indica, también, que una ensoñación, a diferencia del sueño, no se cuenta. Para comunicarla hay que escribirla.

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