Una resonancia inquietante surge entre la propuesta de Curtis Yarvin, líder del movimiento neorreaccionario en Estados Unidos, y la forma en que el modelo carcelario de Bukele y la política antimigrante de Estados Unidos se alían.
En América Latina, la retórica del fascismo ha servido para que regímenes autoritarios identifiquen como tal a las luchas antiautoritarias o antitotalitarias que se producen en su interior, y naturalicen así la represión extrema a las que son sometidas.
Además de un fenómeno histórico y una forma de concebir la sociedad y el poder, el fascismo es también un término instrumentalizado como ofensa, una manera de ubicar al contrario en lo peor de la condición humana.
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