Frente al neobarroquismo, Mirta Aguirre esgrimía un barroco de Estado (las obras de Guillén y Carpentier), asimilable a la ideología del Partido Comunista de Cuba.
Lo más valioso y perdurable de la obra de Severo es lo literario, no lo teórico: los argumentos, los personajes, el estilo, su reciclaje de ideas y figuras.