Fernando Iwasaki, en mi memoria, es un epistológrafo pausado, sereno, cadencioso, como de otra época, y tan, pero tan divertido, que te orinas de la risa.
La literatura peruana tiene sus maestros indiscutibles (Vallejo, Arguedas, José Watanabe), sus artesanos competentes (el muy sobreestimado Vargas Llosa), sus poetas malditos (Abraham Valdelomar);...