Orwell no se cree ningún heroísmo, aunque lo practica, lo mismo cuando se incorpora a las filas del POUM en Cataluña que cuando rompe con el comunismo británico.
Ungar apenas fue alabado en vida y aún continúa siendo un desconocido, a pesar de que su literatura contiene más de un punto de contacto con Walser, Weiss o Kafka.
Tsvietáieva es una espectadora y una potencial víctima de la Revolución bolchevique, no una revolucionaria, pero intenta comprender y asimilarse al fenómeno.