‘El pasado mío’: una genealogía cimarrona del arte cubano afrodescendiente

Esta exposición inaugura un gesto ético, de reparación de prácticas invisibilizadas, y hace un llamado de atención sobre las desigualdades sistémicas que las cubanas y cubanos racializados vuelven a sufrir en el escenario de la crisis social.

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Desde las salas del Lowe Art Museum de Miami, la exposición El Pasado Mío/My Own Past: Afrodescendant Contributions to Cuban Art, abrió sus puertas en mayo para reponer la cartografía del arte afrodescendiente cubano, producción estética de un sector estructuralmente subalternizado y constituido en el otro social en Cuba. A través del arte, creadoras y creadores afrodescendiente han devenido agentes en la construcción de sus relatos e imaginarios, mostrando el lugar de resistencia que la muestra recupera. La propuesta constituye una reedición de la exhibida en la Ethelbert Cooper Gallery of African & African American Art, Universidad de Harvard, en el año 2022. Organizada y coordinada por el director del Afro-Latin American Research Institute, Alejandro de la Fuente,[1] en colaboración con Bárbaro Martínez-Ruiz y Cary A. García Yero, inaugura un gesto ético, de reparación de prácticas invisibilizadas y hace un llamado de atención sobre las desigualdades sistémicas que las cubanas y cubanos racializados vuelven a sufrir en el escenario de la crisis social.

La profundidad expresiva, la originalidad de las figuraciones elaboradas por sujetos periféricos y contrahegemónicos es reavivada por el conjunto de piezas reunidas ahora en Miami. Además de contar con obras decimonónicas, vanguardistas, contemporáneas de inestimable valor artístico y patrimonial, los movimientos poéticos permiten apreciar, desde bien cerca, el esfuerzo humano y creativo de artistas que consiguieron transgredir las lógicas de segregación y racialización del trabajo a través del arte.

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En las piezas que integran El pasado mío cada tono pictórico o relieve plástico alcanzado puede verse como subversión de la “instrumentalidad de la vida y el trabajo negros”.[2] La maestría técnica se advierte como un triunfo, una forma de lucha contra la exclusión y la inferiorización subontológica, ese mecanismo de dominación colonial nombrado por Nelson Maldonado.[3] El ejercicio del arte por los cuerpos no blancos cristalizó en tanto práctica de emancipación de sus capacidades intelectuales, expresivas, físicas frente a la ley racial que los subordinaba al orden de la necesidad y de la explotación.[4]

La exposición construye una propuesta de historización de los itinerarios estéticos de esos sectores expropiados de derechos y agencia en Cuba. El guion curatorial descorre los caminos de una aguda investigación que ha permitido desentrañar contextos sociales y problemáticas histórico-artísticas. En virtud de ello el proyecto multidisciplinar gesta un dispositivo de inmersión que conjuga no solo objetos artísticos sino también documentos, archivos históricos. Conecta los fragmentos de una narrativa que había sido mutilada, en un acto de vindicación de esas prácticas marginalizadas.

La ventana abierta hacia esa zona del arte cubano hace posible reconocer interpelaciones y búsquedas artísticas entrelazadas. Los trabajos de identidad, memorial y corporal surgen como modos de explorar orígenes imaginados, participación en un acervo existencial y simbólico violentado por la diáspora forzada.[5]

La iniciativa permite admirar en esas figuraciones híbridas archipelágicas un sensorium donde símbolos de raíz africana se entrecruzan con lenguajes de ultramar. Estas narrativas de la reinvención convirtieron los trozos de una cultura negada en una sensorialidad preñada, cargada. El arte fue un recurso para hacer resistir espiritualidades, tradiciones, matrices genésicas.

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Se recorre a través de la exposición ese peso de lo artístico en la recuperación de temporalidades y afectividades lateralizadas. La participación en una tradición no nombrada desemboca en la generación de una genealogía cimarrona; restauración de un linaje y una tradición propias que las autoras y los autores negros actualizan con sus piezas, como, por ejemplo, la reapropiación de un delirio, que se observa en el caso del artista Elio Rodríguez y el revival de La jungla de Wifredo Lam. Se trata aquí de un homenaje al ícono del arte afrocaribeño, inyección de texturas y dimensiones sensuales a la obra del artista y reconfiguración plástica de sus ritmos exuberantes.

Universos dejados por fuera de la representación plástica oficial han tomado cuerpo a lo largo de los relatos de este arte. Un modo de cuestionar asimetrías de poder, opresiones y desigualdades sociales que la exposición pone en relieve. Las obras afloran como contravisualidad, visualidad de lo eyectado del espacio social, lugares críticos que trasmiten la tensión vivida por los cuerpos y sujetos de la alteridad.

Conectar los fragmentos de esa narrativa antes inexistente es un acierto indiscutible de la propuesta. Desde las inmediaciones estéticas, las creadoras y creadores afrodescendientes cubanos han elaborado imaginarios propios, intervenciones políticas, generado cambios en la construcción de lo colectivo. Esas tramas artísticas son las que El pasado mío recoge como una forma de valorización, memoria y presencia.

Afrocubanismo: Highlights from the Ramón and Nercys Cernuda Collection, una muestra dedicada a explorar como las vanguardias de los treinta y cuarenta del pasado siglo repensaron a Cuba a partir de la cultura afrocubana, abre sus puertas en las salas contiguas del Lowe Art Museum de Miami. A diferencia de El pasado mío, los artistas incluidos en Afrocubanismo (con la sola excepción de Lam) eran todos racializados como blancos. Ambas iniciativas proponen una nueva mirada a las propuestas estéticas de las y los artistas afrocubanos, que emplaza la construcción higienizada y racista de lo nacional. Siembran un espacio de resistencia a la disolución de sus historias e imaginarios vívidos, transformativos, liberadores.


Notas:

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[1] Cfr. Alejandro de la Fuente y Cary A. García Yero: El pasado mío: contribuciones afrodescendientes al arte cubano, Editorial Iberoamericana Veuvert, Madrid, 2025.

[2] Achille Mbembe: “Mundo cero”, Teoría del color, UNAM, 2014, p. 37.

[3] Nelson Maldonado-Torres: “Sobre la colonialidad del ser: contribuciones al desarrollo de un concepto”, en Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel (eds.), El giro decolonial: reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global, Siglo del Hombre Editores, Bogotá 2007, pp. 127–167.

[4] Achille Mbembe: ob. cit., p. 37.

[5] Cécilia W. Francis : “Entre exil et pratiques mémorielles chez Leïla Sebbar: Une étude de Mes Algéries en France”, en Corinne Alexandre-Garner e Isabelle Keller-Privat (eds.), Migrations, exils, errances et écritures, Presses universitaires de Paris Nanterre, 2012.

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ELIZABETH POZO RUBIO
ELIZABETH POZO RUBIO
Elizabeth Pozo Rubio (Cuba). Es historiadora del arte, curadora e investigadora. Reside y desarrolla su práctica entre España y Angola. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana y maestrante en Estudios Latinoamericanos: Cultura y Gestión por la Universidad de Granada. Su trabajo de investigación y mediación cultural se especializa en las prácticas artísticas contemporáneas, los estudios decoloniales y las cartografías visuales del Sur Global, con especial énfasis en los vínculos estéticos y comunitarios entre África, el Caribe y América Latina. Ha comisariado exposiciones y fundado plataformas de difusión orientadas al arte emergente periférico.

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