El ámbito editorial mexicano e hispanoamericano lamenta desde este lunes 17 de agosto la “suspensión” de actividades, y el cierre sucesivo de todas sus librerías y puntos de ventas, de Ediciones Era, uno de los sellos más emblemático de su país y del continente.
“Hoy, a 66 años de la publicación del primer libro de Ediciones Era, nos vemos en la necesidad de reconocer que el mercado del libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de las ventas de nuestros libros”, explica la entidad en un comunicado que conmocionó por igual a colegas, autores y lectores. “La red de librerías que existía antes de la pandemia y que garantizaba nuestra subsistencia desapareció, al grado de que las ventas se desplomaron hasta ser apenas del 25 por ciento de lo que eran antes”.
En redes sociales, muchos han recordado en las horas que siguieron al anuncio el rico catálogo de Era: José Revueltas, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Augusto Monterroso, Manjarrez, Pitol, Poniatowska, Malcom Lowry, Lezama Lima, Juan Gelman…, citaba, como ejemplos, el mexicano Jaime Martínez Ochoa; Julio Cortázar, David Huerta, Coral Bracho, Carlos Fuentes, Jorge Volvó, Fernando Benítez, Octavio Paz, Juan Rulfo, Efraín Huerta, Julian Herbert, Raúl Zurita…, repasaban otros asomados a la biblioteca de Era.
“Terrible y significativa noticia. Era, fundada en 1960 por Neus y Tomás Espresate, Vicente Rojo y José Azorín (de allí las siglas de su nombre) publicó títulos y autores emblemáticos durante décadas. La democracia en México de Pablo González Casanova, los primeros relatos de García Márquez, las novelas de Rosario Castellanos, los poemarios de David Huerta, Los días y los años de Luis González de Alba, Días de guardar y varios más de Monsiváis, La noche de García Ponce, Aura de Fuentes, La Noche de Tlatelolco de Poniatowska… La lista es extensísima. El cierre de la editorial es una tragedia cultural e intelectual”, deploraba, por su parte, el periodista y académico mexicano Raúl Trejo Delarbre, quien insistió: “En todo el mundo la industria editorial está en crisis. Pero en México, hoy, carecemos de una política pública de apoyo a la edición de libros y especialmente a las editoriales medianas y pequeñas. Una tragedia”.
Hacia el final de este lunes, los principales medios de prensa en México no salían del azoro al dar a conocer el naufragio de un sello independiente que llegó a constituir “una pieza fundamental de la literatura y la cultura mexicana” (El Sol).
Según ha trascendido, Ediciones Era intentó sortear los embates del mercado y de la pandemia con la venta de su sede en la colonia Roma, en Ciudad de México, y con remates de hasta 40 por ciento.

“Estos últimos seis años hemos peleado de mil maneras para mantener la editorial viva, pero los ingresos para lograrlo no han llegado”, aseguran sus responsables. “Con muchos esfuerzos pagamos varias deudas en las que incurrimos durante la pandemia, pero, aun así, las cantidades que debemos siguen creciendo”.
Para los apocalípticos, o bien los románticos del libro, resultará difícil no tomar la desaparición de Era como un signo terminal de estos tiempos en que la economía de la atención prospera algorítmicamente en los espacios virtuales, las inteligencias artificiales plantean una nueva frontera tecnológica y epistémica, y la industria editorial solo prospera, según las hojas de cálculos, en forma de conglomerados y en base a subterfugios mercadotécnicos.
“Les agradecemos todos los años de trabajo conjunto. El espacio que les han dado a nuestros libros y el interés en nuestro sello, nuestros autores y nuestros temas a lo largo de las décadas. Ha sido un privilegio contar con ustedes para la difusión de los libros de Ediciones Era”, se lee al final de esa breve nota de despedida de este lunes.

