Ismos del siglo XXI. Textos para entender el arte actual (Alianza forma, 2025), de las autoras Anna María Guasch y Julia Ramírez-Blanco, es una selección de escritos de un conjunto de especialistas que parten de interpretar las actuales circunstancias sociales y estéticas que vive el arte. Desde esta perspectiva, se despliegan valiosas reflexiones sobre las posibilidades que se abren al enfocar esas circunstancias desde la categoría de “ismos”, en sus diferentes variantes. El volumen comienza con una introducción general escrita por las autoras y está dividido en seis capítulos, encabezados con una presentación de cada tema, realizada por ellas.
En dicha introducción, las autoras comparan la categoría de “giros” con la de “ismos” buscando adecuar la teoría a las nuevas condiciones del arte relacionadas con cambios contextuales, con la necesidad, como ellas expresan, “de construir marcos teóricos coherentes”,[1] de brindar nuevas herramientas para erigir esos marcos y responder a la pregunta: ¿qué ha cambiado en el arte y la cultura para que sean necesarios estos “ismos” para comprender los procesos sociales y culturales que los rodean? Son tan diversos esos procesos, que ellas optan por la búsqueda de nuevos “ismos” que permitan crean fundamentos epistemológicos más cercanos a las dinámicas creativas del arte contemporáneo.
Archivismo, activismo, coleccionismo, cosmopolitismo, indigenismo y ecologismo son los “ismos” elegidos para entender el arte contemporáneo, pues, como sentencian las autoras, “están más cerca de lo ético que de lo estético y no contemplan el arte de forma autónoma, sino que se centran en crear sintonías y complicidades, testimoniales en ocasiones, con el entorno social del «mundo exterior al arte»”.[2]
Las categorías tradicionales continúan siendo el eslabón fundamental que sostiene al pensamiento estético, porque el arte autónomo ejerce su mandato sobre la dinámica central del arte: museos, galerías, eventos de arte como ferias y bienales, pero una serie de síntomas sociales y culturales demandan otras lógicas interpretativas para comprender, entre otros, los procesos vinculados con la identidad, los movimientos sociales y las mutaciones etnológicas. Por ello, la exploración y la instrumentación teórica de nuevos ismos es una labor delicada que exige análisis valorativos de la teoría, tanto del arte, como de la cultura.
Valga lo señalado por dichas especialistas, cuando al final de la introducción antes mencionada, apuntan: “los ejemplos que presentamos en este estudio tienen una voluntad transdisciplinar, relacional y expansiva que apunta al cosmismo: uniendo disciplinas académicas en lugar de separarlas, cruzando los conocimientos en lugar de tipificarlos y encerrarlos en cápsulas de saber/poder […] siendo conscientes de que la comunicación, el intercambio de saberes es mucho mejor que el propio saber en su solipsismo”.[3]
A partir de esta introducción se abre el caudal de conocimientos que este tema trae consigo, pues en el centro se encuentra la necesidad de darle entrada en el mundo del arte a las circunstancias sociales que le facilitan ampliar sus marcos de referencia e incorporar dinámicas que responden a las necesidades y condiciones socioculturales que rigen en el presente.
Las distintas interpretaciones que sustentan a cada ismo tratan de ir más allá de los análisis tradicionales, que daban cuenta de los desplazamientos del arte a partir de las categorías de tendencias, movimientos y corrientes. Tal propósito se despliega en varias direcciones como: la búsqueda de explicaciones que permitan entender la situación actual del arte regida por los ismos; la necesidad de descifrar los lazos de carácter interdisciplinar que los relacionan; el análisis del lugar que ocupan los nuevos procesos del arte regidos por el activismo, lo relacional y el arte socialmente comprometido, las prácticas comunitarias y de colaboración, pretendiendo superar las diferencias entre el arte y la vida.
Tales enfoques descansan en la urgencia de ampliar el marco de análisis a las culturas periféricas y a los procesos decoloniales, que poseen otras condiciones socioculturales en las que el arte popular y lo etnológico tienen un papel primordial. A su vez, varios textos se acercan a la necesidad de valorar la presencia de los sistemas de representación que se sustentan en lo estético, ante la vigencia de esas condiciones socioculturales. Como señala Claire Bishop en uno de los textos del libro: “podría decirse que este panorama mixto de trabajos de colaboración constituye la vanguardia actual: artistas que utilizan situaciones sociales para producir proyectos desmaterializados, antimercados y políticamente comprometidos”.[4]
En el presente, tanto a la teoría del arte como a la teoría cultural se le hace necesario abordar sociedades en las que los componentes etnológicos siguen siendo esenciales en su desarrollo y en sus comportamientos, así como los parámetros que rigen las prácticas comunitarias, las colaboracionistas y la de los colectivos artísticos.
Desde esta perspectiva, la disposición lógica de la categoría ismos descansa en el cruce de conocimientos, que, con sus particularidades, abre un abanico de variantes para comprender, como señalamos, lo estético y las relaciones socioculturales que se tejen alrededor del arte.
A lo largo de los diferentes textos de Ismos del siglo XXI se despliegan herramientas que van trazando valoraciones sobre las dificultades, aciertos e insuficiencias que los rodean. El cruce de conocimientos que se produce entre ellos, al acercarnos a lo que los particulariza, ayuda a esclarecer, entre otros aspectos, el rico caudal humano y cultural que genera el arte socialmente comprometido.
A principios de mayo de 2026, se produjo un seminario para comentar y valorar este libro en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona. Entre los ponentes, profesores e investigadores, se encontraban las autoras, además de Joaquín Barriendos, Nasheli Jiménez, Martí Perán, Isabel Valverde, Juan Vicente Aliaga y la que suscribe estas páginas.
Durante la presentación se produjo un debate sustancioso con la participación del público, caracterizado por el cruce de ideas e interpretaciones sobre el tema. Citemos el ejemplo de Barriendos, quien hizo énfasis en cómo estos ismos crean fundamentos epistemológicos coherentes, promoviendo cartografías que facilitan la comprensión de la dialéctica cultural del presente. Julia Ramírez-Blanco, por su parte, disertó sobre la importancia de comprender las vías y formas en las que los discursos artísticos están ligados a la historia de las ideas, a los vínculos del arte con el mundo exterior que lo rodea. Martí Perán insistió en cómo el arte ha sido redimido por los ismos, volviendo a lo estético. Los ismos, para Perán, activan las incógnitas para interpretar los límites del arte y su real ubicación ante una creación que surge de la acción social o relacional, moviendo el potencial de creativo desde una dimensión social.
De manera sintética, se puede hacer mención sobre lo que los caracteriza, sin obviar lo apuntado anteriormente, en cuanto a las relaciones multidisciplinares que movilizan y la complejidad de elementos que aglutinan.
El primer ismo que aborda el libro es el archivismo. En su introducción, Anna María Guasch destaca su valor desde el punto de vista del papel que desempeña el documento en el arte, y de los diversos caminos que toman las formas de coleccionarlo y “la proliferación progresiva de proyectos en la red”.[5]
En otra dirección, los análisis acerca del comunitarismo se detienen en las implicaciones que conlleva entender los procesos de creación desde el arte relacional, el arte público y el arte comunitario en su conjunto. Cuando el arte toma este camino se diversifica su propio significado. En el prólogo dedicado a este ismo, con relación a la estética relacional fundamentada por Nicholas Bourriaud, Julia precisa que “la etiqueta de relacional se popularizó, ensanchándose y siendo empleada para referirse a trabajos que buscan crear situaciones de discusión, encuentro y comunidad”.[6] Por su parte, en el análisis acerca del cosmopolitismo, Anna María se adentra en la genealogía del término y cómo el arte se sitúa entre lo global y lo local, en el amplio contexto de relaciones y variantes socio-estéticas que desde esos campos se producen. El indigenismo transita entre la definición de lo indígena y el lugar que ocupa dentro de los procesos artísticos del arte contemporáneo. El análisis sobre el ecologismo, finalmente, busca comprender los movimientos ecologistas del presente siglo y cómo han tenido presencia en exposiciones y eventos artísticos de diferentes tipos.
De entre estos nuevos ismos, elijo detenerme en el que considero más importante, el activismo, porque reúne la dinámica social del arte, presente en las prácticas comunitarias, de colaboración y los colectivos artísticos, generando experiencias basadas en un arte socialmente comprometido. Estas prácticas solicitan interpretaciones que se desplazan en dos direcciones: aquellas que continúan vinculadas con las funciones y valores estéticos, junto a otras que permiten comprender en qué consisten sus compromisos sociales y qué valores y propiedades se están facilitando por medio de la práctica y la inserción social del arte.
El activismo suele tomar caminos muy diversos, en cuanto a la medida y las vías por medio de las cuales el arte puede cambiar o influir en una comunidad, y esa misma diversidad lo nutre, planteando la necesidad de análisis teóricos que comprendan la creación en esas condiciones comunitarias y de activismo, “en las que la creatividad ocupa un lugar prominente”.[7]
Un ejemplo de ello puede encontrarse en el proyecto Desde una pragmática pedagógica, DUPP, que emprendió, en el año 1990 –en el contexto del arte cubano– el artista y profesor René Francisco Rodríguez. Dicho proyecto le permitió vincular su labor profesoral con experiencias del arte insertadas en lo social. Entre las obras realizadas dentro de esta experiencia resalta La casa nacional. En su statement se expone: “La casa nacional se llevó a cabo en el solar de un edificio situado en plena Habana Vieja –calle Obispo 455–. Lo primero, que, de ahí, cualquiera podía haber advertido, era la convivencia existencial que se produjo entre nosotros y sus vecinos, el diálogo comentador y revelador de sus valores menospreciados. Como si nos hubiésemos relegado a su «intrascendente destino», nosotros accedimos a la construcción de sus pedidos:restauración de objetos personales, remodelación del edificio, pinturas para puertas, números para identificar sus viviendas, mesas para comedor, cuadros de mártires para el salón común, cuadros con motivos religiosos y con descripciones históricas personales, mural para las informaciones del comité, tarja para identificar históricamente el edificio etc.”
Los estudiantes vivieron cerca de tres semanas en los pequeños apartamentos y debían durante ese tiempo cumplir con lo que demandaban sus habitantes: así sucedió que una anciana le solicitó a la estudiante asignada que le pintara un cuadro con la imagen de la virgen de la Caridad del Cobre. Sobresale en este proyecto cómo se vinculan las demandas que dan como resultado una obra de arte, como en el caso de la virgen citada, junto a otras que respondían a fines prácticos. En ambos casos, eran las relaciones establecidas, las peticiones de cada miembro del barrio, lo que conformaría la obra.
La acción terminó en una fiesta precedida por la pintura de la virgen, en ella se mostraron objetos que respondían a las demandas utilitarias, al lado de los de orden artístico, y se compartieron experiencias vividas por los vecinos y los estudiantes. Esta es una experiencia creativa que responde a demandas sociales, que se insertan en la comunidad y se vinculan con necesidades que podían ser económicas, culturales, religiosas o personales.
El activismo, por tanto, asocia funciones del arte que le dan una dimensión en la que conviven lo social y lo artístico, y debe ser comprendido desde esta capacidad dual, solo así puede argumentarse la presencia de lo artístico en acciones tan peculiares.
En una dirección cercana a esta experiencia, se halla el proyecto de arte útil, desarrollado por la artista Tania Bruguera, que combina la función estética con la ética, buscando la ampliación categorial de lo artístico al hablar de “autor por iniciador, obra de arte por caso de estudio, producción por implementación, público por activador”.[8]
A su vez, la vida urbana, los componentes etnológicos que la habitan, diversifican la necesidad de interpretaciones que respondan a sus peculiaridades. Tanto en algunos textos dedicados al activismo, como en otros sobre el comunitarismo, se detallan procesos en los que se integran lo estético con lo político, junto a otros componentes sociales, lo que permite comprender cómo se construye el valor estético desde las instancias y los procesos sociales. Las categorías tradicionales son insuficientes para argumentar sobre este tipo de creación, por ello la búsqueda de nuevos conceptos es parte importante de las modificaciones que enfrentan la teoría del arte, la estética y la teoría cultural.
Ante la solidez de los análisis de los textos que integran Ismos del siglo XXI. Textos para entender el arte actual, se abre la posibilidad de comprenderlos como un espacio de creación, en el que se complementen las funciones estéticas y las sociales, fusionadas en el espacio de la práctica comunitaria, que asume al artista como un hacedor. Ambas funciones pueden compartir un mismo escenario, regido por el encargo social o el arte socialmente comprometido, y ello significa un reto para la teoría del arte y la estética, un desafío estimulante, pues representa nuevas formas de construcción socio-estéticas que movilizan y redirigen estas disciplinas, más allá de los límites de sus fundamentos teóricos.
Notas:
[1] Anna María Guasch y Julia Ramírez-Blanco (eds.): Ismos del siglo XXI. Textos para entender el arte actual, Alianza forma, 2025, p. 17.
[2] Ídem.
[3] Ibídem, p. 19.
[4] Ibídem, p. 194.
[5] Ibídem, p. 182.
[6] Ídem.
[7] Ibídem, p. 189.
[8] Tania Bruguera: “El arte es un gesto. Parte I”, en “El arte que se conversa. Diálogos desde La Habana” (en proceso editorial).


