Tania Bruguera (a la izquierda y al centro) y el artista albanés Anri Sala (a la derecha y al centro) durante una conferencia impartida en la Cátedra en 2005

Pienso que en una obra que uno hace tiene que darlo todo, todo como si mañana te fueras a morir.
Tania Bruguera

Por la complejidad y amplitud de la creación artística de Tania Bruguera, por la forma en la que reflexiona sobre los conceptos de lo artístico, sus límites y pertinencia, cualquier referencia a su obra requiere meticulosidad y cuidado. Teniendo ello en cuenta, me detendré en uno de los campos en los que Bruguera ha desplegado su singular talento: la relación entre arte y pedagogía, relación en la que se encuentran: arte y activismo, pedagogía y política, amor y pasión. Pero para acercarnos a ese campo el punto de partida consiste en comprender las formas y las vías a través de las cuales la pedagogía se ha integrado a su creación.

La estética que distingue su labor se caracteriza por el procedimiento que une lo estético y lo ideológico, la misma comenzó cuando Tania era estudiante de la facultad de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte, a principio de los años noventa y se ha extendido hasta el presente, tanto en su proyecto INSTAR, en sus variantes para generar obras que conjuguen arte y activismo, y en los textos recién publicados.

El arte siempre está sujeto a un procedimiento generalmente técnico, por medio del cual el artista va adquiriendo destrezas, pero cuando genera una estética que se sustenta no sólo en valores formales, sino, a su vez, en conceptos ideológicos, entonces es mayor su complejidad.

Esa postura implica la búsqueda de posibilidades que permitan convertir la obra en un proceso, en el que apropiándose de la dimensión conceptual que brinda el arte contemporáneo para ampliar sus principios fundacionales, se desarrolle un tipo de pieza que una aprendizaje y experimentación. Se trata en la obra de Tania Bruguera de cómo el performance o las instalaciones de artefactos propios de las formas artísticas se transforman en procesos que se insertan en el tejido social, documentando acciones, respondiendo a demandas y peticiones, convirtiendo al creador en un activador de ese tejido tras el cual puede desvanecerse su autoría. Nos encontramos frente a una creadora que ha acudido a distintas experiencias artísticas, como las que brindó un movimiento artístico de la fuerza de Fluxus, hasta las de Tucumán Arde, un proyecto que promovió un arte que movilizaba el tejido social a partir de demandas sociales y políticas.

Desde esta perspectiva, valga apelar a sus propias palabras: “A mí me interesa no hacer artes visuales, la idea de la visualidad me interesa que esté más complicada y ahí hago de todo: performance, instalaciones, video, es como una obra total”.[1]

Esta perspectiva del arte como una totalidad se comprende si se desmenuza su estética como un sistema integral de valores, funciones y normas constructivas, que en su conjunto buscan la operatividad de la creación muy unida a lo sociocultural. Los rasgos generales de ese proceder se pudieran resumir como:

–En el centro de su creación se sitúa la relación entre estética y ética, arte y política.

–Se concibe el arte como una herramienta.

–El arte es una investigación no una producción.

–Se defiende el carácter subversivo de la obra.

–Dicha estética trata de responder a la pregunta: ¿dónde están los límites del arte que te ayuden a comprender qué es el arte?

 –La obra fluye como proceso.

–El carácter procesual de las obras puede significar que estas se transformen en otra cosa.

–Asumir el discurso artístico desde el interior del propio discurso.

–La Conducta como proyecto.

–La obra que utiliza la energía que emana de lo colectivo.

–Un arte contextual en el que el público es protagonista.

–La participación social en las obras.

–Crear espacios de colaboración que generen una relación entre arte y activismo.

–La pregunta sobre para qué destinatario está pensada la obra?

-La idea de dejarse llevar por el lugar donde se emplaza la obra, por lo que esto brinda.

–El papel diferente y las transformaciones que logra asumir la autoría en cada proyecto.

–El arte útil como metodología de trabajo.

Se trata pues de avizorar las circunstancias que rodean la obra, las posibilidades de su activación, las direcciones que tomará la participación del artista, junto al cuidado de determinar los límites en los que se vinculan los valores estéticos con estos factores.

El periódico Memorias de la posguerra (1993) puede ser un ejemplo de lo señalado, pues como ella afirma, es una obra resultado de una labor colectiva, muy cuidada en el aspecto editorial que incluyó una información inédita en las publicaciones de la época, pues aparecía un listado de más de 100 nombres de artistas que vivían en Cuba, junto a un número considerable de residentes en el exterior, contando con la colaboración de algunos de ellos. La calidad estética alcanzada fue resultado de la manera en la que se armonizaron diseño y textos. Se trata de una obra atractiva en lo editorial y transgresora por su contenido, que por ser un periódico incluyó entre sus propósitos darle vida a la comunicación social, cumpliendo con una de las formas desde las que Tania valora al arte: “Yo no pienso que el arte es una condición estable de las cosas, sino que es una condición que se activa .”[2]

La profesora Magaly Espinosa y el artista Antoni Muntadas junto a alumnos y la coordinadora en un evento de la Catedra | Rialta
La profesora Magaly Espinosa y el artista Antoni Muntadas (al centro), junto a alumnos y la coordinadora, en un evento de la Cátedra en 2006

Un aspecto importante de su estética es la clasificación del conjunto de su trabajo en obras de corto y largo plazo. La artista lo explica de la siguiente manera:

¿Qué significa proyecto a corto plazo? Los proyectos a corto plazo son proyectos que yo realizo entendiendo cuáles son las características de la institución Arte. Quiero explicarles algo, yo esto lo estoy diciendo de una manera muy clara, pero es algo sobre lo que me tomó tiempo darme cuenta […]. Son proyectos hechos para que se entiendan, para que se vivan, se experimenten en el plazo que hay en todo el arte, o dentro de una exposición que dura dos meses o un mes, o es algo que se hace en una hora, en una inauguración. Es decir, es una obra que está preparada para ser entendida, digerida y ser analizada con un impacto rápido. Es decir, a golpe de ojo y con todas las características que tiene el mundo del arte.

Los proyectos a largo plazo por el contrario son proyectos en los cuales yo trato de meterme en el tejido social. Son proyectos como el de Ana Mendieta que duró 10 años, son proyectos como el de la Cátedra Arte de Conducta, que duró 7 años, o como el Movimiento Inmigrante. Son proyectos donde yo estoy tratando, digamos hasta cierto punto, de mostrarme a mí misma si es cierto que el arte puede cambiar el mundo. Sale del presupuesto de si el arte puede cambiar el mundo. Los de a corto plazo entienden que hay otras características con las cuales estamos jugando.[3]

Entre una y otra actitud, uno y otro procedimiento, se han desplegado sus conceptos estéticos e ideológicos sobre el arte. Emparentados con la estética de Joseph Beuys y Hans Haacke, tienen la peculiaridad de responder a una maduración de su vida artística y a las condiciones y circunstancias desde las que ha interactuado con la cultura y la sociedad cubana, un modelo en el que la cultura popular es viva y el proyecto social conlleva un análisis particular. Entre otros aspectos, esta estética no consiste en detenerse en construcciones donde se prioriza el valor estético en un sentido tradicional, sino de un proceso constructivo de carácter social, antropológico, etnológico, en el que según las exigencias de la obra puede predominar lo etnoestético.

Entre los años 2003 y 2009, Tania Bruguera transformó un zaguán de alrededor de 20 metros cuadrados en aula, convirtiéndolo en un lugar de encuentro, charlas y conferencias, que iría a abrigar uno de los proyectos que ella nombra como de larga duración, la mencionada Cátedra Arte de Conducta, la cual estaba adscrita a la Facultad de Artes Plásticas del ISA, como un programa de corte pedagógico alternativo.

En ese programa estaban contenidas las bases organizativas y de carácter pedagógico que irían definiendo tanto las características que adquiría la pedagogía aplicada en el ámbito del arte a partir de las peculiaridades de lo artístico, como sus formas de funcionamiento. Veamos brevemente cada uno de sus componentes contenidos en el Programa de la Cátedra elaborado por Tania:[4]

–El curso constaba de dos años, dividido en 4 semestres, con un total de 680 horas de clases.

–La convocatoria se lanzaba en el mes de octubre, realizándose el examen de ingreso en el mes de diciembre. La elección del alumnado estaba a cargo de un Comité Internacional de Selección compuesto por artistas, críticos e historiadores del arte cubanos y extranjeros.

–La admisión consistía en una prueba de aptitud dividida en: 1) presentación de una carpeta de trabajo que podía contener fotos, vídeos, bocetos, etc. 2) muestra de una obra en vivo. 3) examen teórico y de cultura general, y, por último, 4) una entrevista, cuya duración en general era de 1 hora.

–A la convocatoria podían asistir todas las personas interesadas, sin límite de edad, egresados o estudiantes del ISA, de cualquiera de las especialidades que se cursaban en ese instituto, estudiantes de Historia del Arte o de otras especialidades de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de la Habana, así como personas que demostraran tener aptitudes artísticas. En la selección era un requisito determinante poseer estudios anteriores de arte o instrucción superior, pero se atendía muy especialmente la calidad imaginativa que poseía lo presentado a examen, sus posibilidades de salir del marco tradicional de lo artístico al penetrar otras esferas de la cultura y la vida contemporánea, desde una sensibilidad y postura reflexiva que haría posible al aspirante vencer la rapidez y agilidad con la que funcionan las clases y el marco referencial multidisciplinario del programa de estudios.

–Al finalizar los dos años de estudios, a los graduados universitarios se les entregaba un diploma con título de Posgrado en Arte de Conducta y a los que no cumplían con este requisito, un certificado de extensión universitaria en Arte de Conducta.

 –El trabajo docente de la Cátedra estaba formado por 5 áreas: el programa de estudios; la invitación a reconocidos artistas nacionales e internacionales para que expongan su obra y compartan sus experiencias con los alumnos; el intercambio académico con escuelas internacionales de arte; la realización de exposiciones en las que se resuma el trabajo docente; la creación de un archivo especializado.

El programa de estudios comprendía entonces: conferencias, talleres, intercambio entre escuelas, y presentaciones públicas de las obras, observando aspectos de la conducta y del contexto.

En los 7 años que estuvo en activo impartieron seminarios y conferencias, entre otros, los curadores y críticos de arte Gerardo Mosquera y Thierry de Duve, o artistas de la importancia de Stan Douglas, Thomas Hirschhorn, Anri Sala, Rogelio López Cuenca y Antoni Muntadas, además del colectivo de artistas español El Perro, que expuso los resultados de su trabajo, en la misma medida que intercambiaban opiniones sobre las obras de los alumnos de la Cátedra.[5]

El artista Lazaro Saavedra muestra su trabajo a los alumnos de la Catedra | Rialta
El artista Lázaro Saavedra muestra su trabajo a los alumnos de la Cátedra en 2007

Retomo una referencia que hice en una ocasión sobre lo expresado por mi colega, la crítica y curadora de arte Lupe Ávarez, cuando valoraba la pedagogía como un sacerdocio, pienso en ello, porque conocí muy de cerca la labor desplegada por Tania a lo largo de ese proyecto, gestionarlo y mantenerlo requirió de tolerancia y paciencia ante las dificultades de diferente índole que se le presentaron. La dinámica de este proyecto fue tan intensa que la llevó a comentar que en esos años fue difícil hacer otra obra porque la Cátedra ocupaba todo su tiempo.[6]

En su mayoría, los creadores que le dieron su aliento al espacio eran estudiantes que compartían sus estudios entre el ISA y la Cátedra, y aquellos igualmente meritorios que tenían otras procedencias. En varias ocasiones yo he hablado, un poco en broma, del “núcleo duro de la Cátedra” al referirme a los que consideraba que marcaban un ascenso en la calidad del arte cubano de la década, teniendo en cuenta que en el presente algunos de los artistas jóvenes más destacados del arte cubano son egresados de este proyecto. Como ya he señalado, Arte de Conducta no fue estrictamente un proyecto pedagógico con un modelo de enseñanza bien estructurado, sino que alcanzó a ser un lugar activo en el que se discutían y analizaban las obras producidas, se intercambiaban y estimulaban experiencias artísticas, desde vivencias propias, inserción en el contexto social, hasta discusiones directas con creadores, teóricos y críticos de arte de una sólida experiencia.

En la Cátedra disertaron matemáticos, arquitectos, sociólogos, que no se referían al arte, sino a conocimientos vinculados a sus especializaciones, que por diferentes circunstancias se emparentaban y habían sido invitados bajo reclamos surgidos en las discusiones de las obras artísticas. En estas discusiones, Tania era una guía que interactuaba con los heterogéneos creadores que la rodeaban, con sus intereses y sus demandas, atenta para que no se le escapara ningún síntoma de la vida cotidiana y la cultura.

Si tomamos el ejemplo de lo sucedido en el curso 2005-2007, se aprecia que esos años cursaron la Cátedra 24 artistas y se produjeron alrededor de 60 obras. Dado lo extensa y diversa que es la producción realizada durante los años de existencia de este proyecto, citaré algunas de las piezas más destacadas, por su originalidad, solución formal y de contenido, entre otros aspectos.

Conferencia en la Catedra del artista Thomas Hirschhorn | Rialta
Conferencia en la Cátedra del artista Thomas Hirschhorn en 2007

En el contexto del videoarte cubano, que tuvo su máximo crecimiento en la primera década de este siglo, se encuentran diversas obras que han situado esta forma creativa en un lugar destacado, tanto en lo estético como en lo ideológico: obras resultado de procesos de inserción social como: Yo no le tengo miedo a la eternidad y Reconstruyendo al héroe (2006), de Javier Castro; Falla de origen (2006), de Raychel Carrión; Vigilia (2005-2006) y Elaboración de cuarenta piezas rectangulares para construir un almacén (2008), de Adrián Mélis; Con tu propio sabor (2005-2006), de Grethel Rasúa; Contraseña VHS (2005-2006), del dúo de artistas Celia y Yunior; y Reporte de ilusiones (2003-2004), de Luis Gárciga y Miguel Moya. También algunas poezas de contenido social: 24 horas nacionales (2008), de Jesús Hernández-Güero; Cubiertas de deseos (2008), de Grethell Rasúa; y Bunker (2006), de Reinier Quer, junto a otras que privilegiaban procedimientos propios del videoarte como: Paisaje Fugaz, de Analía Amaya.

Algunas de estas obras funcionaban como performances que se registraban en video, así sucedió con el dúo de artistas Analía Amaya y Humberto Díaz en su obra Calentamiento (2005) y con El escándalo de lo real, de Susana P. Delahante (2007).

Artistas como Glaubert Ballestero, Jeanette Chávez, Humberto Díaz, Fidel García, Hamlet Lavastida, Reynier Leyva Novo, Duniesky Martín, Ana Olema, Levi E. Orta, Nuria Güell (artista catalana) y el colectivo Makinah, entre otros, formaron en este espacio gran parte de la base de su creación.

En más de una ocasión, Tania Bruguera organizó viajes con los alumnos de la Cátedra a diferentes lugares de la Isla, aprovechando condiciones naturales y sociales y aplicando su experiencia y sus conceptos artísticos los estimulaba a realizar sus obras en esos espacios. Ese intercambio formaba parte del proyecto y constituyó un ejemplo, entre otros, del carácter abierto del programa y de una pedagogía que se construía desde la experiencia misma.

Los procesos que adquieren dimensiones culturales presentan siempre una compleja dialéctica que lleva a la pregunta sobre: ¿por qué motivo en determinados momentos coinciden un conjunto de inteligencias, de fuerzas creativas que crean movimientos, tendencias, escuelas, marcando la época en la que surgen? Si pensamos en el proyecto de la Cátedra desde esta perspectiva, se pueden valorar condiciones disímiles tanto en relación con la base institucional que le proporción el ISA para poderse organizar como proyecto independiente, un lugar que acogió un modelo pedagógico de avanzada y, sobre todo, una promotora que poseía las cualidades vocacionales y artísticas de Tania, junto a un grupo de creadores portadores de un poderoso talento. Comentando sobre la misma, la curadora y crítica de arte Mailyn Machado ofrece algunas precisiones significativas: “La Cátedra se desarrolla como proyecto paralelo. Su vínculo con el ISA tiene un carácter más estratégico que de constitución […] es una “escuela” en sí misma, con un diseño disciplinar y claustro propios; abierto el primero, variable el segundo. Su sistema de admisión, matrícula y métodos evaluativos, son también específicos. El impacto que ha tenido en los últimos años la ha investido incluso de un estatus académico que, aunque simbólico, identifica y acredita a sus egresados”.[7]

Alumnos de la Catedra | Rialta
Alumnos de la Cátedra

Leer con detenimiento cada uno de los conceptos de Tania Bruguera sobre la creación artística permite apreciar la íntima relación que presentan con la forma en la fue concebida la Cátedra, y las vías elegidas para su funcionamiento, desde el examen para ingresar en ella, hasta la valoración de las obras que formaban parte de la exposición de graduación. Como para la artista la obra es resultado de un proceso, los que la cursaban se adiestraban en un concepto ampliado de arte, que daba cabida, como hemos señalado, a las complejas relaciones entre arte y política, ética y estética, arte y activismo. No concernía solamente a una estética interesada en el artefacto artistico, los valores formales y la obra aurática, y aprender sobre ello a veces puede llevar toda una vida.

En el año 2014, en el mismo espacio de su casa, en el que había funcionado muchos de los encuentros de la Cátedra, se produjeron dos conferencias, ofrecidas por Tania, en dos martes consecutivos, bajo el proyecto Conversando sobre arte contemporáneo, cada una tuvo una duración de más de tres horas. Los asistentes fueron principalmente alumnos de la Facultad de Artes Plásticas del ISA, a los que la institución había presionado para que no asistieran. Como el espacio era pequeño para tal cantidad de asistentes, la mayoría tuvo que permanecer todo el tiempo de pie.

En estos encuentros, Bruguera ofreció un extenso recuento de sus obras y sus experiencias en el mundo del arte, acercándonos a su pasión, a sus momentos de esfuerzos extremos y a las vivencias que emanan de ese bregar. En la segunda conferencia, dedicó una parte del tiempo a reflexionar sobre el significado y las experiencias extraídas de la Cátedra, desearía citar algunas de esas reflexiones:

Para mí eso es un logro pedagógico del proyecto. Cada cual hace su obra y lo que tienen en común es la recuperación que viene de los ochenta de que el arte es una investigación y no una producción y también la idea de interesarse por el aspecto social. Pero la forma y los temas eran muy diferentes.[8]

[…]

La Cátedra es una obra de carácter pedagógico. Para mí lo importante es que mis amigos actuales son la gente que salió de la academia. Las personas con las que discuto mis obras hoy en día pasaron por la Cátedra. Hemos creado un sistema de confianza y exigencia.

Entonces creo que sí, es mi obra, pero a la vez eso no importa. Es mi obra también en el sentido de que, como artista, en este tipo de obra a largo plazo lo que estoy haciendo es mirando un fenómeno y viendo cómo se puede hacer algo para llegar a otra cosa. Y a la misma vez no me importa. Y eso fue muy importante para la Cátedra. El momento en que la gente de la Cátedra fue madura por primera vez, se destetaron y mataron a la madre, fue cuando empezaron a exigir su propia identidad. Y eso me pareció un excelente ejercicio. De hecho, yo puse una vez un ejercicio donde ellos tenían que rebelarse contra mí, y lo hicieron.[9]

Para entender esta dialéctica entre pedagogía y arte, es necesaria cierta humildad de la primera para acercarse a la segunda, porque ambos son muy poderosos, sólo que todo lo que se adose al arte este lo engulle, pues estamos frente al dominio de lo sensible.

La Cátedra Arte de Conducta fue un proyecto singular en el que crecieron y maduraron obras, amistades, comprensiones e incomprensiones. Ver a Tania sonreír, enmudecer, dar consejos, sugerencias y cerrar una discusión con una afirmación concisa, fue un privilegio que tuvimos los que compartimos tantos detalles de lo que significa hacer arte.


Notas:

[1] Magaly Espinosa: “Conversando sobre arte contemporáneo. Primer encuentro con la artista Tania Bruguera en su casa de Tejadillo, Habana Vieja. La Habana. 19 de abril, 2014”, inédito.

[2] Ídem.

[3] Ídem.

[4] Tania Bruguera: “Versión resumida de la Fundamentación del Programa de la Cátedra Arte de Conducta”, ISA, La Habana, 2003.

[5] Entre las exposiciones organizadas en el seno de la Cátedra se pueden señalar: Centrífuga, 2004, curador Eugenio Valdés, Centro de Desarrollo de las Artes Visuales; Reescribible, 2006, curador Luis Gárciga, exhibida en la casa de Tania; Ni a favor ni en contra, todo lo contrario, 2007, curadora Mailyn Machado, Facultad de Artes y Letras, Universidad de la Habana. Se gestaron además más de cien eventos donde participó la Cátedra de alguna forma, entre los que sobresalieron las muestras Makarov (2004), en la que participaron 5 miembros de la Cátedra; Bueno, bonito y barato (2005), curada por Luis Gárciga con alumnos de la Cátedra (proyecto ganador de la Convocatoria abierta por la Embajada de España en Cuba/Agencia Española de Cooperación Internacional); Vista al frente (2006), curadores Jesús Hernández/Reynier Leyva Novo, alumnos de la Cátedra, en la IX Bienal de la Habana; y la exposición personal del alumno de la Cátedra, Hamlet Lavastida, en la casa de Tania, que fue mención de pintura en la citada convocatoria de la Embajada de España en Cuba.

[6] Ídem.

[7] Mailyn Machado: “El arte cubano: una isla en la red I: Reconstruyendo la historia”, inédito

[8] Magaly Espinosa: “Conversando sobre arte contemporáneo. Primer encuentro con la artista Tania Bruguera en su casa de Tejadillo, Habana Vieja. La Habana. 19 de abril, 2014”, inédito.

[9] Ídem.

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Magaly Espinosa (La Habana, 1947). Curadora y crítico de arte. Doctora en Ciencias Filosóficas en la especialidad de Estética en la Universidad de Kiév. Entre los años 1996 y 2014 fue presidenta de la Sección de Teoría y Crítica y de la Asociación de Artistas Plásticos de la UNEAC. Ha sido tutora, realizado oponencias y formado parte de tribunales de tesis de grado, maestría y doctorado en Cuba y Colombia. Ha impartido docencia en Universidades de Colombia, Ecuador, Brasil, España y Cuba. Ha escrito palabras para catálogos de exposiciones realizadas en España, Suiza y Cuba. Entre sus libros se encuentran Indagaciones. El nuevo arte cubano y su estética (Cauce, Pinar del Río, Cuba, 2004) y Antología de textos críticos: el nuevo arte cubano, coeditado junto a Kevin Power, (Perceval Press, Santa Mónica, España, 2002). Entre sus exposiciones comisariadas se encuentra la colectiva: Hoy desde los 80, Casa México, La Habana, noviembre-diciembre, 2016.

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