A correr por los portales: seis años de la (ex)centricidad de Zenit Tattoo

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Vista interior de la sede del Proyecto Armonía el día del evento A correr por los Portales, de Zenit Tattoo

El estudio profesional de arte corporal Zenit Tattoo celebró su sexto año de creado el sábado 30 de noviembre con el festival A Correr por los Portales, en la sede del Proyecto Armonía (calle Márquez González entre Sitio y Maloja). El estudio, con sede permanente en Santa Fe, en el municipio Playa, se trasladó hasta Centro Habana para subvertir, en una “fuga cimarrona”, el anonimato de la periferia.

El anonimato, la periferia, la marginalidad, la (ex)centricidad, son zonas de cuestionamiento. Zenit Tattoo contraviene/erosiona la herencia en un país donde el tatuaje, en el imaginario colectivo, estuvo asociado con las prácticas de “contrabando” y con la recuperación de las voces marginadas. Voces abyectas. Voces liminales. Abismales. Voces desastrosas, con Byung-Chul Han: des astrum, que significa ‘sin estrella’. Para Chul Han el desastre significa la salvación.

Lo advierte Margarita Mateo Palmer en Ella escribía poscrítica, (cita de segunda potencia) mediación de la cita original en el documental De la piel y la memoria:

No se trata, en el caso del tatuaje insular, de la prueba que puede representar, desde el punto de vista del sacrificio del cuerpo, la inscripción dolorosa de la carne, sino también del valor que supone su asunción en un país donde ha sido ampliamente marginado.

A seis años de fundado (30 de noviembre del 2013) Zenit Tattoo demuestra que su permanencia en el panorama del arte-sistema cubano, en el sentido contemporáneo, en el sentido transformador, es una permanencia política. Es una permanencia política porque sus prácticas –antihegemónicas– se activan a partir de la insatisfacción, del desacuerdo, para subvertir valores en sociedad, no como concepto modelizador, sino como forma de pensar en el presente, y transformarlo. Se trata de una sensibilidad que crea nuevos vasos comunicantes y rechaza las expresiones simplificadoras de la realidad.

Zenit Tattoo se expande y reescribe el texto urbano con audaces colores y trazos inesperados, y proyecta su trabajo de creación a partir del estrecho vínculo con la comunidad, como afirma Alberto Ferrer Díaz, cofundador junto a Ana Lyem Lara del estudio:

El proyecto mantiene un sistema de relaciones muy estrecho con la comunidad. Zenit Tattoo no es sólo un estudio de tatuajes, sino que además promueve el grafiti, la música y la idea de no tener límites a la hora de hacer arte. Por eso invitamos al festival a los proyectos Color Café, Beyond Roots, Barber Street, a los artistas Evelyn Sosa, May Reguera, Rolando Cabrera, Devon Ruiz y Ramsés Hernández Batista, junto a las bandas Los Locos Tristes, Tracks, entre otras.

Llama la atención, dentro de la casa que acoge al Proyecto Armonía, el baño. Todos los artistas invitados “a correr por los portales” dejaron plasmada su firma manuscrita en las paredes del baño, no como la tradición impone: abajo, a la derecha. El baño como nicho de firmas. Palimpsesto de firmas. Repetición interminable de firmas. Reduplicación de firmas. Firmas sobre firmas. Infinitas superposiciones de firmas, que no son firmas de héroes.

Y allí, en ese círculo cerrado, zona franca–desacralizada–marginal, zona altamente imantada, se invierten las perspectivas. En medio de ese caos –la firma que se repite, la firma que se repite, la firma que se repite– nada, lo de siempre, el metarrelato, el ajiaco, la nación.

Recordemos: el tatuaje hoy, también en Cuba, es un fenómeno que se acerca cada vez más a una aceptación generalizada por la sociedad, una manifestación masificada y reivindicada, dolorosa. Esa inscripción no es posible sin herida, sin pérdida, dice Severo Sarduy en Escrito sobre un cuerpo.

Es lo que intenta decirme Devon Ruiz cuando le pregunto por sus fotografías:

No tengo academia, no me interesan las academias, yo sólo quiero aprender, y en las escuelas no enseñan. Fotografío a personas con dolor, y para eso no hay que ir a la universidad. Soy muy joven y aprendo a tatuar. Tatúo mis diseños, figuras femeninas sin rostros. Con metáforas de rostros. Con rostros quebrados. Rostros siniestros. Como esta figura –apunta hacia una pared que dice “AQUÍ NO SE PINTA”– que pinté a modo de grafiti junto a mi novio Osbel Sanabria.

Osbel Sanabria forma parte del equipo Zenit y nos acompaña, a Devon y a mí, en la conversación:

Yo casi soy fundador de Zenit Tattoo, llevo cuatro años en el estudio. Me especializo en el estilo old school, que se basa en diseños con unos contornos fuertes y muy marcados, negros, y una paleta de pigmentos muy minimalista, basada sobre todo en colores primarios, muy saturados. Suelen ser imágenes planas, sin sombreados y en planos bidimensionales. Desde Zenit Tattoo tratamos de reivindicar al tatuaje como marca que aviva el cuerpo.

Es asombroso, parece una simulación, Zenit Tattoo hace que regrese el cuerpo, el sacrificado de nuestra cultura, con la violencia de lo reprimido, a la escena de su exclusión. Zenit Tattoo ostenta, en estos seis años de creado, la marca visible de la transformación.

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