En 'La doctrina del Sainte-Victoire', la muy distintiva, melancólica voz del narrador en primera persona nos indica que nos encontramos en pleno territorio Handke,.
¿Dios es amor?: ciertamente no para Jonathan Edwards, mucho más interesado en la omnipotencia, majestad y cólera divinas que en cualquier redención del género humano.
La espléndida novela 'Palacio de las moscas', de Walter Kappacher, se trata de una variación del subgénero que podríamos llamar “retrato del artista seriamente enfermo”.
El astuto campesino austríaco Thomas Bernhard, que fue atenazado durante cuarenta años por la tuberculosis, consiguió transmutar su infortunio en una deslumbrante carrera literaria.
Imre Kertész es por encima de todo un artista verbal de primer orden, un escritor tan lejos del sentimentalismo desenfrenado como de la ampulosa retórica.
De todas las enrevesadas y extrañas mitologías de las que Borges se ocupó, la así llamada religión gnóstica fue, acaso, su pasión más intensa y duradera.