Chuli Herrera: lo bello digital y el selfie en Galería Galiano

0
Un asitente a la exposición ‘Como yo puedo’, de Chuli Herrera, en Galería Galiano, toma fotos de las obras (FOTO Maité Fernández Barroso)

La retina digital transforma el mundo en una pantalla. En un día, aproximadamente noventa y tres millones de personas se hacen selfies, y un millón de ellas se publican en las redes sociales. El mundo contemporáneo es una pantalla autoerótica de visión. La interioridad de este mundo-pantalla es digital. Es lo que se conoce como lo bello digital –con Byung-Chul Han–. Un mundo-pantalla donde las personas sólo encuentran agrado en sí mismas.

El artista visual cubano Chuli Herrera (Camagüey, 1987) inauguró el pasado 19 de marzo, en Galería Galiano, la exposición Como yo puedo, donde explora, como marco referencial, el selfie en su dimensión de autorretrato digital que tiene como objetivo publicarse en las redes.

Chuli Herrera ha realizado una veintena de exposiciones, entre individuales y colectivas, en China, Estados Unidos, Francia, Italia, Colombia y Cuba. Entre ellas sobresalen Proyecto Cielo, con la que participó en la XII Bienal de La Habana, y obtuvo el Premio único del XXVIII Salón de las Artes Visuales Fidelio Ponce, de Camagüey, en el 2013, y Be One (2014), que se presentó en el Latin American and Caribbean Center de Beijing.

En 2018 Chuli Herrera comienza a cuestionar, y a subvertir, las redes virtuales que dominan la contemporaneidad. En la muestra #cronicassentimentales, a la vez que homenajeaba a artistas de la tradición como Rembrandt, Vincent van Gogh y Edvard Munch, utilizó elementos de las redes sociales, específicamente el hashtag, para incidir en su paisaje visual. Ahora, en Como yo puedo, mantiene el guiño a la tradición: El hombre del turbante rojo (1433), de Jan van Eyck, es enigmático porque muchos piensan que es el propio pintor autorretratado, pero lo es, además, porque en el borde superior del marco este colocó un paratexto: “Como yo puedo”.

En el catálogo entregado en Galería Galiano, Elvia Rosa Castro consigna:

“Este supuesto autorretrato de Van Eyck sería importante para la historia no sólo por ser el primero reconocido sino porque no pretendió copiar sus rasgos tal cual; huyó de esa identidad idéntica y por tanto falsa donde sí cayeron otros pintores. Él se trajo a presencia como Dios manda: de una manera alterada: el ego y su alter.”

Herrera, al titular su exposición Como yo puedo, no sólo radicaliza el gesto de Van Eyck mientras “altera” la imagen retratada, sino que pulveriza la identidad digital de la selfie, que es conmocionar la identidad autoerótica del presente. Aquí la conmoción, como experiencia genuinamente estética, se vuelve endémica. La conmoción es estremecimiento, en este caso utilizada como estrategia de enfrentamiento a lo pulido y liso de lo bello digital, que tiene como signo la complacencia. El autorretrato “es un procedimiento –indica Elvia Rosa Castro– eminentemente moderno, un golpe de autoridad del ego en el apogeo de la representación. Es el ensalzamiento de la autoría.”

Tal como hizo en su muestra #cronicassentimentales, Herrera explora las redes sociales, sobre todo Instagram, para encontrar autorretratos de personas que han visitado las casas o talleres de artistas que solían autorretratarse: Frida Kahlo, Salvador Dalí, Rembrandt, Oswaldo Guayasamín, Edvard Munch, Diego Rivera, Van Gogh, Albrecht Dürer. La selfie legitima la presencia. To take a selfie –‘hacerse un autorretrato’– es una práctica muy frecuente en museos, casas natales y talleres de artistas. La selfie, como una forma posfotográfica, es un instrumento tecnológico que satisface al tecnonarcisismo contemporáneo.

El universo de las selfies es un fenómeno que no ha dejado de crecer, al punto de que el término fue elegido, a principios del decenio, “palabra del año 2013” en la lista que anualmente compila el Diccionario de Oxford. La palabra pasó de ser un término específico de las redes sociales a convertirse en un fenómeno popular. Digo más, pasó a convertirse en un fenómeno ontológico de las sociedades contemporáneas. Sociedades del like, del me gusta, del wow! Sociedades en las que el sujeto humano ya sólo se topa consigo mismo. Sociedades que no toleran ninguna alteridad. Sociedades donde la temporalidad (to take a selfie) siempre está delante, sin futuro; es más, sin historia. Lo bello digital transforma el mundo en una pantalla sin historia, en una imagen autoerótica.

Chuli Herrera parece tenerlo claro cuando propone “una suerte de neopastiche” (Elvia) que oculta, en un malabarismo posconceptual, los referentes, los históricos y los actuales. Los difumina y desacredita sin autor(idad) aurático(a). Difumina al sujeto-autor en un espacio multidimensional en el que una variedad de textos (pictóricos, fotográficos, digitales, sociológicos), ninguno de los cuales es original, se mezclan y chocan, y devienen, con Barthes, una mera cámara de ecos.

Chuli Herrera dispuso una condición: las selfies seleccionadas debían ser tomadas frente a un espejo o de un cristal. En este criterio de selección la pantalla es, por lo menos, doble. Es inevitable la intertextualización. Herrera subvierte la textocentricidad modernista del autorretrato, e intenta posicionarse en lo no-idéntico. Posición que, a fin de cuentas, proscribe lo bello digital en el arte contemporáneo.

Colabora con nuestro trabajo
Somos una asociación civil de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural y artístico. En Rialta nos esforzamos por trabajar con el mayor rigor profesional en la gestión, procesamiento, edición y publicación de los contenidos y la información. Todos nuestros contenidos web son de acceso libre y gratuito. Cualquier contribución es muy valiosa para nuestro futuro.
¿Quieres (y puedes) apoyarnos? Da clic aquí.
¿Tienes otras ideas para ayudarnos? Escríbenos al correo rialta@rialta.org.
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments